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De una chacra en Colonia Aurora a investigar el Parkinson

Cristina Weber, nacida en una chacra de Colonia Aurora, realiza un doctorado con beca del CONICET e investiga biomarcadores para...

Por Gabriela Loreiro5 min de lectura
De una chacra en Colonia Aurora a investigar el Parkinson
De una chacra en Colonia Aurora a investigar el Parkinson · Foto: Primera Edición

Cristina Weber (27) sabe lo que significa abrirse camino a fuerza de esfuerzo. Nació y creció en una chacra de Colonia Aurora, en el interior profundo de Misiones, en una familia numerosa dedicada al trabajo rural. Hoy, a cientos de kilómetros de su tierra natal, desarrolla una investigación científica que podría contribuir a la detección temprana de enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson.

Actualmente reside en Mendoza, donde realiza su doctorado con una beca del CONICET. "Hoy estoy trabajando en la búsqueda de biomarcadores para un diagnóstico temprano de enfermedades neurodegenerativas", explicó en diálogo con PRIMERA EDICIÓN.

Su investigación se enfoca particularmente en el Parkinson, una enfermedad que afecta progresivamente al sistema nervioso y que, en muchos casos, es diagnosticada cuando el daño neuronal ya está avanzado.

"El diagnóstico actual es clínico y suele llegar tarde. Yo apunto a que sea un diagnóstico temprano para que las terapias existentes sean más efectivas", señaló.

La científica trabaja con proteínas asociadas a estas patologías y con estructuras microscópicas denominadas vesículas extracelulares, que tienen la capacidad de atravesar la barrera hematoencefálica. Su hipótesis es que estas partículas pueden contener información valiosa para detectar la enfermedad mediante una simple muestra de sangre.

La investigación ya atravesó etapas de laboratorio, análisis bioinformáticos, cultivos celulares y modelos experimentales. Ahora se prepara para avanzar con muestras de pacientes. "Lo que buscamos es detectar biomarcadores en sangre. No estamos hablando de una cura, sino de una herramienta para detectar la enfermedad mucho antes", aclaró.

Además, uno de sus proyectos a futuro es impulsar la creación de un biobanco especializado en este tipo de patologías, una iniciativa poco desarrollada en Argentina.

Cristina nació en una familia de ocho hermanos y creció trabajando en la chacra junto a sus padres. "Somos ocho hermanos. Yo soy la sexta. Ninguno de mis hermanos fue a la secundaria", recordó. Su padre no sabe leer ni escribir. Tampoco utiliza teléfono celular. La realidad familiar estaba marcada por el trabajo rural y las necesidades cotidianas. "Cuando quiero hablar con él tengo que hacerlo a través del teléfono de alguno de mis hermanos", contó.

Para asistir a la escuela primaria debía caminar varios kilómetros por caminos rurales. "Con mis hermanos y mis primos hacíamos siete u ocho kilómetros de ida y otros tantos de vuelta. Había arroyos y cuando crecían directamente no podíamos ir a la escuela".

En aquellos años hubo una persona que resultó fundamental para cambiar el rumbo de su vida: su abuela materna. "Yo pasaba mucho tiempo con ella y siempre me decía que tenía que estudiar. Ella quería que fuera maestra".

Tras finalizar la primaria logró ingresar al nivel secundario, algo poco habitual en su entorno. "Fue toda una pelea de cambio de pensamiento con mis padres porque no estaban acostumbrados a eso". La oportunidad llegó con la apertura del Instituto de Enseñanza Agropecuaria N° 9. "Yo fui literalmente la primera alumna en inscribirse y la primera en recibirse como técnica en Producción Agropecuaria".

Durante esos años recibió el acompañamiento de la Asociación Conciencia, que le otorgó una beca destinada a jóvenes de zonas rurales con buen desempeño académico. "Esa ayuda fue fundamental. Me acompañaron prácticamente durante toda la secundaria".

Al terminar la escuela técnica pensó en ingresar a Gendarmería Nacional. Le parecía una salida laboral posible para alguien de su realidad. Sin embargo, docentes y tutores insistieron en que tenía potencial para continuar estudiando. "Yo pensaba que esa era mi oportunidad. Pero me dijeron que podía ir por más".

Eligió estudiar Bioquímica en la Universidad Nacional de Misiones (UNaM) cuando ni siquiera conocía Posadas. "Nunca había ido sola a la capital. Me acompañaron para inscribirme porque no sabía cómo moverme en una ciudad tan grande". En la universidad comenzó a vincularse con grupos de investigación, ayudantías y programas de becas. "Tuve becas de todo tipo, todo eso me permitió seguir estudiando", señaló.

Fue también allí donde descubrió su vocación científica. Una de sus profesoras, la doctora Beatriz Jordá se convirtió en una figura clave durante su formación. "Fue una de las personas que más me impulsó a investigar". Su desempeño académico la llevó posteriormente a obtener una beca en el Instituto Balseiro, uno de los centros científicos más prestigiosos del país. "Cuando me aceptaron no lo podía creer. Pensé que había algún error y escribí para confirmar que realmente había quedado seleccionada".

La experiencia marcó un antes y un después. "El Balseiro me cambió la vida. Ahí conocí tecnologías y equipamientos que nunca había visto", destacó. Recibió propuestas para quedarse trabajando allí, aunque decidió continuar su formación doctoral.

Cuando se le pregunta qué mensaje le gustaría dejar, la respuesta llega sin dudar: "Soy una defensora de la educación pública". Para Weber, la Universidad Nacional de Misiones fue mucho más que una institución académica.

Representó la posibilidad concreta de cambiar su vida. "Todo lo que pueda hacer para defender la universidad pública lo voy a hacer porque fue la oportunidad que tuve. Estudiar no es una obligación. Estudiar es una oportunidad y un derecho", manifestó.

Su historia es también la historia de la educación pública, de las oportunidades que pueden transformar vidas y de una joven que se animó a desafiar los límites que parecían marcados por el lugar donde nació.

A pesar de la distancia, Cristina mantiene un fuerte vínculo con su familia y con Colonia Aurora. Cada vez que regresa a Misiones vuelve a encontrarse con la realidad que la vio crecer. "Es un poco chocante porque me recuerda todo lo que viví, pero también me hace recordar lo fuerte que fui para llegar hasta acá", indicó.

Sus padres y hermanos continúan trabajando en la producción rural. "Viven de la chacra. Siguen cosechando maíz, mamón, tabaco. Yo veo el sacrificio que hacen y a veces me duele que no hayan tenido las mismas oportunidades que yo", lamentó.

Lejos de renegar de sus orígenes, los reivindica. "Soy chacrera misionera, del fenotipo 'posta'", dijo entre risas. Y agregó: "Eso también es lo que quiero transmitir. Que los chicos de la chacra sepan que pueden buscar otras oportunidades sin olvidar de dónde vienen".

Fuente: Primera Edición

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