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De vender cinco semitas a amasar 50 kilos de harina por día y la búsqueda de mantener viva una tradición: Alejandra y el horno de barro que conquistó San Martín

Elegida para representar su departamento en la Fiesta Nacional del Sol, Alejandra Velázquez está al frente de Ca.Le.Ma. Panificación Integral, un proyecto familiar que nació hace ocho años en medio de una difícil situación económica. El emprendimiento lleva el nombre de sus tres…

Por Redacción Tiempo de San Juan7 min de lectura
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De vender cinco semitas a amasar 50 kilos de harina por día y la búsqueda de mantener viva una tradición: Alejandra y el horno de barro que conquistó San Martín
De vender cinco semitas a amasar 50 kilos de harina por día y la búsqueda de mantener viva una tradición: Alejandra y el horno de barro que conquistó San Martín · Foto: Tiempo de San Juan

Todo comenzó con cinco semitas y una pregunta que Alejandra Velázquez no sabía cómo responder: de qué manera podía generar más ingresos para sostener a su familia. Ocho años después, aquella pequeña producción se convirtió en un emprendimiento que llegó a elaborar hasta 700 semitas por día y que actualmente trabaja con 50 kilos de harina, amasados completamente a mano. Esa historia de esfuerzo, tradición y perseverancia la llevó a convertirse en la representante de San Martín para ser la Emprendedora del Sol 2026, en el marco de la Fiesta Nacional del Sol.

Alejandra llegó a los estudios de Estamos a Tiempo, el programa magazine de Tiempo Streaming, para contar cómo nació Ca.Le.Ma. Panificación Integral, su emprendimiento familiar de panificados artesanales que funciona en Dos Acequias, en el barrio Bellavista.

Aunque lleva más de dos décadas vinculada al mundo emprendedor, trabajando con pintura, madera y tejido, fue una situación difícil la que la impulsó a incursionar en la gastronomía. "Hace ocho años tuvimos una pasadita ahí por un problema de salud con mi marido y teníamos que ingresar algo a la casa, porque tenía chicos que estaban estudiando en la facultad, ya se estaban recibiendo", recordó. En ese contexto, decidió probar suerte con una receta tradicional: las semitas caseras. Lo que no imaginaba era que aquella decisión terminaría transformando la economía familiar.

La historia del emprendimiento tiene una anécdota que Alejandra todavía recuerda con claridad. Una noche, preocupada por la necesidad de generar ingresos, le pidió al entonces novio de su hija, que trabajaba en una bodega, que le comprara cinco semitas para llevarlas y ofrecerlas entre sus compañeros. No se las regaló. Se las vendió, porque cada peso contaba en aquel momento.

Al día siguiente, alrededor de las nueve de la mañana, recibió una llamada que marcaría el comienzo de una nueva etapa: le estaban pidiendo 50 semitas. La respuesta fue inmediata. Alejandra y su marido comenzaron a comprar más harina, chicharrón y los ingredientes necesarios para aumentar la producción. Pero los pedidos siguieron creciendo. "Al otro día hicimos más de 50 y salió mi marido a llevarlas. Y no, eran pocas. Entonces empezamos todos los días agregando 20 semitas más, 20 más, 20 más", relató.

El crecimiento fue tan importante que llegaron a producir entre 600 y 700 semitas diarias, que distribuían en bodegas como Peñaflor y La Quebrada. Con el tiempo, el boca a boca les abrió nuevas puertas y comenzaron a sumar clientes en distintos puntos del departamento. Después llegaron el pan casero, las facturas, los pedidos para escuelas, celebraciones y comercios. La distribución se extendió por localidades como Valle de Pie de Palo, La Puntilla, San Isidro y Dos Acequias.

La rutina de Alejandra y su marido comienza cuando buena parte de San Juan todavía duerme. A las 4:30 de la madrugada se levantan para preparar la harina y comenzar con el amasado. Actualmente trabajan con unos 50 kilos de harina y hay un detalle que hace todavía más exigente la tarea: no tienen amasadora ni maquinaria para elaborar los panificados.

"Nosotros todo lo hacemos a puño. Mi marido es el que me ayuda a amasar y yo empiezo a armar lo que es el pan, las semitas y, si tenemos pedidos, las facturas", explicó.

El otro protagonista de Ca.Le.Ma. es el horno de barro, una herramienta que Alejandra se niega a reemplazar porque considera que allí está buena parte de la identidad de sus productos. Aunque le han sugerido incorporar otros sistemas de cocción, asegura que el sabor no es el mismo.

"Nosotros vamos a seguir con el horno de barro. Cambia el gusto, cambia el sabor, cambia mucho el sabor", sostuvo.

Esa conexión con la tradición quedó demostrada cuando, durante enero y febrero, las fuertes lluvias provocaron la caída del horno. Para reconstruirlo, Alejandra organizó una rifa y recibió una respuesta que la sorprendió. Los vecinos comenzaron a comprar números, pero no solamente por la posibilidad de ganar un premio: querían que el horno estuviera listo cuanto antes para volver a comprar sus panificados. "Me decían que tratara de terminarlo rápido porque necesitaban el pan", recordó. Aquella reacción fue una muestra del vínculo que el emprendimiento había construido con la comunidad.

Detrás del nombre del emprendimiento también hay una historia familiar. Ca.Le.Ma. surge de los nombres de sus tres hijos: Carla, Leandro y Marisol, quienes, de distintas maneras, forman parte del proyecto.

Marisol, la mayor, es docente y aprendió el oficio de la panificación junto a su madre. Además de colaborar cuando hace falta, también ayuda a calcular precios y organizar las cuentas. Leandro es mecánico y, aunque actualmente trabaja lejos de la familia, también forma parte de la historia que dio origen al emprendimiento. Carla, de 20 años, se ocupa de una tarea fundamental para el crecimiento del negocio: la comunicación. Es quien diseña las etiquetas, prepara la folletería, administra las redes sociales y recibe los pedidos.

Mientras tanto, Alejandra y su marido siguen siendo quienes ponen las manos en la masa todos los días.

Además, el emprendimiento ofrece dulces artesanales elaborados con distintas frutas y tabletas de alcayota, productos que también comercializa por encargo.

Después de ocho años de amasar a mano, Alejandra tiene un objetivo concreto: comprar una amasadora que les permita aliviar el esfuerzo físico que implica trabajar diariamente con semejante cantidad de harina. De hecho, contó que el primer premio obtenido a través de la Municipalidad de San Martín ya tiene un destino definido.

"Nosotros el primer premio que ganamos desde la Municipalidad ya está destinado a la máquina. Vamos a destinarlo a la amasadora, que nos ayuda por lo menos a batir la masa", explicó.

La incorporación de maquinaria representaría un cambio importante en la rutina de la familia, aunque hay algo que no está dispuesta a modificar: el horno de barro. Para Alejandra, modernizar una parte del proceso no significa abandonar las tradiciones que hicieron crecer su emprendimiento.

La elección como Emprendedora del Sol 2026 llegó de una manera inesperada. Alejandra contó que no fue ella quien decidió inscribirse, sino sus hijas, que confiaron en su historia incluso antes de que ella imaginara la posibilidad de representar al departamento.

"Yo le decía a mi hija: '¿Quién irá a ser de San Martín ahora?'. 'Vos vas a ser', me dice", recordó. Cuando recibió la noticia de que había sido seleccionada, comenzó una experiencia completamente nueva para ella.

Sin embargo, lejos de considerar el reconocimiento como un logro exclusivamente personal, Alejandra entiende que detrás de su participación hay muchas otras mujeres que, como ella, encuentran en sus emprendimientos una forma de trabajar y sostener a sus familias. "Representar a San Martín es como representar a cada una de las emprendedoras, porque tenemos muchas en San Martín", expresó.

Y agregó: "Yo siempre digo que las llevo a todas juntas, porque las conozco, porque llevo años con emprendedores de San Martín y siempre estamos en las ferias, siempre nos estamos ayudando unos a otros".

Lo que comenzó como una alternativa para atravesar una dificultad económica se convirtió en una actividad que involucra a toda su familia y que hoy tiene clientes que buscan especialmente sus productos. "A mí me satisface cuando muchos me dicen: 'No, yo prefiero el pan suyo, vamos, llevemos el pan'", contó. Ahora, con la Fiesta Nacional del Sol 2026 por delante, tendrá la oportunidad de llevar sus semitas, panes y otras elaboraciones a un público mucho más amplio.

Desde su casa en el barrio Bellavista, en Dos Acequias, Alejandra continuará levantándose de madrugada, preparando la masa junto a su marido y encendiendo ese horno de barro que los vecinos ayudaron a reconstruir.

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Fuente: Tiempo de San Juan

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