Dejó el cigarrillo, fue tercera del mundo y ahora busca despedirse del Ironman en San Juan
Florencia Díaz Philippi contó en Tiempo Streaming cómo transformó su vida, el precio que pagó por llegar a la elite y los gustos que quiere darse luego de la competencia.

Hace menos de diez años, María Florencia Díaz Philippi trabajaba en una oficina bancaria, usaba tacos, fumaba 20 cigarrillos diarios y jamás se imaginaba practicando deporte de alto rendimiento. Hoy, a los 46 años, tiene un tercer puesto mundial de Ironman y se prepara para recorrer 226 kilómetros en San Juan.
Será su última gran competencia, una despedida que llega después de cumplir sus sueños, pero también de descubrir cuánto tuvo que sacrificar para alcanzarlos.
La triatleta sanjuanina, radicada en España, repasó su transformación durante una entrevista en Estamos a Tiempo, el programa de Tiempo Streaming. Allí reveló que afrontará el Ironman San Juan de este domingo 1 de noviembre pese a una lesión en una pierna.
"Yo trabajaba en oficina, con tacos, no me ponía zapatillas, no entraba en un gimnasio, nada, nada", recordó. Su alimentación tampoco era saludable y fumaba alrededor de 20 cigarrillos por día.
Todo comenzó a cambiar cuando se mudó a España con su marido. En la sierra madrileña descubrió un pequeño club de triatlón y encontró una actividad que terminaría transformándose en su pasión.
"Si a alguien le decía que iba a hacer triatlón, obviamente que le agarraba un ataque de risa, nadie se lo imaginaba", confesó.
Florencia comenzó a correr en 2016 y se acercó al triatlón alrededor de los 39 años. Su evolución fue tan rápida como inesperada.
Uno de los primeros que confió en sus posibilidades fue el entrenador sanjuanino Pedro León. Cuando acudió a él, todavía tenía muy poca experiencia con la bicicleta, pero ya sabía qué quería conseguir.
"Yo quiero ser un Ironman", le anunció. Y agregó una frase que resume su personalidad: "Yo cuando me pongo un objetivo, lo cumplo".
En 2021, mientras se preparaba para competir en España, fue atropellada por un automóvil cuando entrenaba en bicicleta. El accidente destruyó su rodado, pero consiguió recuperarse y participar de la prueba.
Ganó su categoría en el Ironman de Vitoria-Gasteiz y clasificó al Mundial de Hawái. Aquella experiencia terminó de convencerla de que podía llegar mucho más lejos.
Durante 2024 llegó a competir en el circuito profesional internacional. Sin embargo, su gran objetivo todavía estaba pendiente: conseguir un podio mundial.
Lo alcanzó en octubre de 2025, cuando terminó tercera en la categoría femenina de 45 a 49 años del Campeonato Mundial Ironman de Kona, Hawái, con un tiempo de 10 horas, 18 minutos y 33 segundos.
Había recorrido 3,8 kilómetros nadando, 180 en bicicleta y 42,2 corriendo. Era la culminación de un sueño que parecía imposible cuando comenzó a practicar deporte.
El pasado 4 de octubre, Florencia volvió a demostrar su vigencia deportiva al ganar la clasificación general femenina del Ironman 70.3 de Buenos Aires, superando a competidoras de todas las edades. Completó los 113 kilómetros —1,9 de natación, 90 de ciclismo y 21,1 de pedestrismo— en 4 horas, 40 minutos y 16 segundos.
La victoria tuvo un significado especial porque llegó después de una interrupción en sus entrenamientos, luego de competir en la maratón de Buenos Aires. "Me presenté igual con un miedo, como si fuese la primera vez que me presentaba a un triatlón", recordó. Al cruzar la meta, la emoción fue incontenible: "No me lo podía creer. La verdad que estaba súper, súper emocionada".
Pero detrás del éxito hubo sacrificios que Florencia hoy contempla de otra manera.
"Estuve dos años más o menos preparando la prueba con la que conseguí el podio en Kona. Prácticamente no hice nada", reconoció.
Su vida se había reducido a entrenar, descansar y alimentarse adecuadamente. La preparación exigía una dedicación casi exclusiva y durante ese período tampoco pudo regresar a San Juan.
El reencuentro con familiares y amigas, después de dos años de ausencia, terminó de hacerle comprender cuánto había resignado.
"Los veía a mis amigas después de dos años y digo: todo lo que me he perdido. Veo a los niños tan grandes, los hijos tan grandes, mis sobrinos tan grandes", relató.
Había conseguido aquello por lo que tanto había trabajado, pero ya no estaba dispuesta a continuar sacrificando momentos importantes de su vida.
"Ya cumplí todas las metas que tenía. Hay cosas que ya no estoy dispuesta a ceder", afirmó.
El podio en Hawái podría haber sido su despedida. Sin embargo, saber que San Juan recibiría por primera vez un Ironman de distancia completa modificó sus planes.
"Me daba como no sé qué no estar. No sé por qué tengo esa sensación de que hay que estar, hay que apoyar", explicó.
El domingo, Florencia afrontará el Ironman San Juan: 3,8 kilómetros de natación en Punta Negra, 180 de ciclismo y una maratón de 42,2 kilómetros.
No llegará en plenitud física. Arrastra una molestia en una pierna y, aunque los estudios no detectaron ninguna rotura, desconoce cómo responderá su cuerpo durante la exigente competencia.
"En principio tengo lo que hay para competir, vamos a ver si me aguanta", admitió.
Su preparación también estuvo condicionada por un problema de salud de su marido, uno de sus principales apoyos a lo largo de su trayectoria.
A pesar de las dificultades, tiene decidido presentarse en la largada.
"Hasta último momento no voy a saber, me voy a presentar. De ahí lo que salga. Yo voy a salir a por todo", aseguró.
La despedida de las grandes distancias también tiene un costado más cotidiano. Después de años de entrenamientos rigurosos, alimentación planificada y descansos condicionados por las competencias, Florencia quiere recuperar la lista de los "permitidos".
Durante la entrevista, entre bromas, surgió la posibilidad de celebrar el final del Ironman con vino, un asado, semitas y una buena siesta.
Lejos de rechazar la propuesta, la triatleta respondió entre risas: "Efectivamente. En ese orden, así tal cual".
Después aclaró que piensa tomarse al menos dos semanas de descanso, sin la obligación de organizar su día alrededor de los entrenamientos.
"Lo que decís de la semita te juro que va a ser así literal. Traigan semita", pidió, divertida.
La escena resume buena parte del sentido de su despedida. No se trata solamente de abandonar competencias de 226 kilómetros, sino de recuperar tiempo para disfrutar de su familia, sus amistades y aquellos placeres que durante años quedaron subordinados al deporte.
Aunque el domingo podría despedirse de las grandes distancias, Florencia dejó en claro que no piensa regresar a la vida sedentaria.
"El deporte es lo mío, definitivamente lo mío. Eso no lo voy a dejar", sostuvo.
Su futuro podría incluir carreras más cortas y otras actividades físicas. Sin embargo, también apareció un proyecto que sorprendió durante la entrevista.
Cuando le preguntaron qué le gustaría hacer después del Ironman, respondió con absoluta naturalidad:
"Ahora quiero tocar el violín".
Entre risas, imaginó que una próxima entrevista podría tenerla como protagonista de una historia completamente diferente.
"Igual la próxima entrevista es la Florencia violinista. ¿Quién te dice?", soltó protegida en una sonrisa.
Después de transformar su vida, alcanzar un podio mundial y cumplir aquel sueño que parecía imposible, Florencia Díaz Philippi se prepara para cerrar una etapa. Esta vez, su próximo desafío no tendrá 226 kilómetros ni exigirá horas interminables de entrenamiento. Se imagina aprendiendo a tocar el violín, con tiempo para disfrutar de los suyos y, por qué no, hacer una pausa que incluya semita.
Fuente: Tiempo de San Juan
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