Del recuerdo de la pandemia a la claustrofobia, la película que todos ven en Netflix
Se estrenó hace una semana y rápidamente se convirtió en éxito. ¿Quiénes son más peligrosos, los monstruos de afuera o los que uno lleva adentro?

Parece increíble que hayan pasado más de seis años desde que el mundo aprendió, de manera abrupta, a vivir aislado. Las puertas cerradas, el enemigo invisible al otro lado de las paredes, la incertidumbre, el aislamiento y esa extraña sensación de que el tiempo se había detenido. Al principio, el encierro podía parecer un descanso forzado. Después llegaron el agotamiento, la ansiedad, la convivencia permanente y la necesidad de enfrentarse con aquello que, en la rutina cotidiana, quedaba convenientemente oculto.
Ese recuerdo todavía está demasiado cerca como para no reconocerlo en "La última casa", el thriller de terror y ciencia ficción que llegó a Netflix hace exactamente una semana y rápidamente escaló entre los contenidos más vistos de la plataforma.
La película sigue a una familia común: Jason Delgado (Wagner Moura), un ingeniero; su esposa Ann (Greta Lee); y sus dos hijos, Graham y Ruth. Una mañana, su rutina se interrumpe cuando descubren que no pueden salir de su casa. Las puertas y ventanas permanecen inexplicablemente selladas por una fuerza desconocida y ni siquiera pueden romperlas. Lo mismo ocurre con las viviendas de los alrededores. No hay señal de teléfono ni Internet y, mientras el mundo exterior comienza a transformarse, la familia queda obligada a "sobrevivir" (un término que se repite varias veces a lo largo de la trama) detrás de esas paredes.
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Las tormentas, los diluvios y la aparición de criaturas extrañas terminan de confirmar que algo ha cambiado allí afuera. Pero "La última casa" encuentra su verdadero conflicto mucho antes de mostrar a sus monstruos: en la convivencia forzada de sus protagonistas.
Porque el encierro, como ya aprendimos, no solamente modifica las rutinas. También amplifica los miedos, las frustraciones y las características menos amables de quienes quedan atrapados dentro de él. A medida que pasan los días, los meses y los años, la supervivencia deja de ser únicamente una cuestión de conseguir alimento, protegerse o encontrar una salida. También significa intentar conservar algo parecido a la normalidad cuando el mundo conocido dejó de existir.
Y allí aparece la pregunta que sostiene la película: ¿dónde está realmente el peligro?
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El director francés, acompañado por el brasileño (conocido por su interpretación de Pablo Escobar en la serie Narcos) y la estadounidense de origen coreano Greta Lee, construye un thriller apocalíptico que combina casi todos los lugares conocidos del cine de supervivencia: el encierro, la amenaza exterior, la escasez, la paranoia, la familia sometida a presión y, finalmente, el enfrentamiento con criaturas que parecen provenir de otro mundo.
El problema, y también parte del atractivo, es que "La última casa" no intenta reinventar esas fórmulas. Las combina. La película transita primero por la claustrofobia y el desconcierto. La casa, que debería funcionar como refugio, rápidamente se convierte en una prisión. Después llega la etapa de supervivencia, donde la desesperación obliga a sus protagonistas a agudizar el ingenio y encontrar nuevas formas de habitar ese espacio. Finalmente, el relato abandona buena parte de esa tensión contenida para entregarse al vértigo, la acción y el enfrentamiento con las criaturas.
Ese cambio de registro es, al mismo tiempo, una de sus virtudes y una de sus debilidades. La primera parte consigue aprovechar muy bien la sensación de encierro porque coloca al espectador en un terreno reconocible: el miedo a aquello que no puede verse y la imposibilidad de escapar. Allí es donde la película consigue su mayor potencia, porque el monstruo puede ser tanto una amenaza física como una representación de los temores que se acumulan dentro de la familia.
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Cuando finalmente llega el momento de mostrar aquello que estaba afuera, el misterio pierde parte de su fuerza. El relato se vuelve más convencional y comienza a apoyarse en recursos que el género ya utilizó muchas veces.


Sin embargo, hay algo que permanece: la idea de que una amenaza externa puede terminar revelando lo que una familia llevaba años escondiendo.
Quizás por eso "La última casa" resulta particularmente reconocible en este momento. No porque reproduzca exactamente la experiencia de la pandemia, sino porque recupera una sensación que todavía permanece en la memoria colectiva: la de mirar hacia afuera y tener miedo de lo que ocurre allí, mientras adentro también comienza una batalla. Y en ese sentido, sus monstruos más interesantes no son necesariamente los que esperan detrás de las paredes.
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Fuente: Tiempo de San Juan
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