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Del tabaco a la frutilla: la reconversión de la familia Alegre en Bella Vista

En el paraje Desmochado, la actividad agrícola tiene una historia de constante adaptación. Lo que hoy se conoce como un establecimiento de producción de frutillas de referencia en Corrientes, comenzó décadas atrás con el esfuerzo de una familia que supo diversificar sus tareas para salir adelante. En un repaso de los orígenes que marcaron el […]

Por Leandro De Mora3 min de lectura
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Del tabaco a la frutilla: la reconversión de la familia Alegre en Bella Vista
Del tabaco a la frutilla: la reconversión de la familia Alegre en Bella Vista · Foto: Primera Edición

En el paraje Desmochado, la actividad agrícola tiene una historia de constante adaptación. Lo que hoy se conoce como un establecimiento de producción de frutillas de referencia en Corrientes, comenzó décadas atrás con el esfuerzo de una familia que supo diversificar sus tareas para salir adelante.

En un repaso de los orígenes que marcaron el rumbo de la empresa familiar Frutilla La Elisa, Walter Alegre, uno de los responsables, recordó los comienzos de este emprendimiento: "Nuestro abuelo trabajaba de encargado en una estancia, pero siempre tuvo la agricultura en la sangre. Volvía de su trabajo y hacía desde su huerta una producción un poco más grande; pasó por el tomate y el morrón. Con la llegada de mi papá se acentuó ese cambio, porque él dejó de ser empleado y se dedicó siempre a producir".

A lo largo de los años, el establecimiento transitó por distintos rubros agrícolas y ganaderos. "Mi papá formalizó su familia y pasó a la actividad arrocera junto a su cuñado. Producían acá en la zona sin dejar el tabaco y la horticultura, mientras que la ganadería era el respaldo o la caja de ahorro de la familia. Con el tiempo dejamos el arroz. Yo en mi etapa más joven trabajé en el tabaco; llegamos a hacer hasta 40 hectáreas de tabaco rubio Virginia tecnificado, con riego por goteo y secaderos en estufa. Pero al pasar los años no funcionó", recordó Alegre.

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A finales de la década de los 80 y principios de los 90, la frutilla empezó a ganar terreno en el campo. Sin embargo, la superposición de tareas obligó a tomar una decisión estratégica. "Nos dimos cuenta de que el tomate, el morrón y la frutilla eran casi imposibles de trabajar juntos porque se superponían en la época de cosecha. Vimos el negocio más por el lado de la frutilla y tomamos la decisión de cambiar plenamente a este cultivo como actividad principal", explicó.

Actualmente, Frutilla La Elisa vuelca la totalidad de su producción al mercado en fresco, abasteciendo a Buenos Aires, Mar del Plata, Córdoba, Neuquén y Mendoza. Para competir en estas plazas exigentes, la empresa implementó un sistema de cosecha directa que minimiza la manipulación del producto.

"Hicimos un cambio rotundo con la cosecha directa: la fruta se toca una sola vez y va directo al envase que viaja a los mercados. Pasa por las cámaras de frío para bajar la temperatura a cero grados y de ahí a los camiones térmicos. Tradicionalmente, el cosechador volcaba la fruta en un balde, después en una caja, se llevaba al galpón, se volcaba en una mesa para clasificar y recién se envasaba. Eso dañaba la fruta de forma impresionante y provocaba pérdidas importantes", detalló Alegre.

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En la actualidad, el emprendimiento genera un volumen significativo de empleo local durante los meses de zafra. "En estas 25 hectáreas, para llegar con los tiempos necesarios y que la fruta no se sobremadure, necesitamos entre 200 y 250 personas. La recolección es totalmente manual, no hay otra posibilidad", señaló el productor, quien además destacó la incorporación de la cuarta generación familiar, hoy abocada también al desarrollo de una cabaña ganadera de la raza Braford.

Detrás del rendimiento de las plantaciones hay un esquema agronómico diseñado para mantener la calidad del suelo sin necesidad de mudar los lotes año a año.Fernando Maidana, asesor técnico de Frutilla La Elisa, explicó cómo superaron las limitaciones del terreno:

"El sistema productivo en la provincia consistía en rotar los lotes por cuestiones fitosanitarias, porque los suelos no daban más. Lo que logramos hace casi diez años es armar una estructura de riego y lomos fijos. Hoy se manejan 25 hectáreas de frutilla sobre frutilla, aplicando cada año un aporte de materia orgánica en forma de compost y complementando con aplicaciones foliares orgánicas. El 70% de los insumos que consume el cultivo es orgánico".

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Finalmente, Maidana destacó que "toda la fruta que no va al mercado en fresco se deriva a la industria procesadora para dulces y pulpas, por lo que nada se desperdicia".

Fuente: Primera Edición

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