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"Demostrar que yo puedo": el innovador método de una ONG mendocina para ganarle a la exclusión

PlanBee transforma el error en arte y la diversidad funcional en autonomía laboral. La clave: pone en valor las diferencias individuales para sumar inclusión.

Por Verónica De Vita7 min de lectura
"Demostrar que yo puedo": el innovador método de una ONG mendocina para ganarle a la exclusión
"Demostrar que yo puedo": el innovador método de una ONG mendocina para ganarle a la exclusión · Foto: Los Andes

PlanBee transforma el error en arte y la diversidad funcional en autonomía laboral. La clave: pone en valor las diferencias individuales para sumar inclusión.

Diversidad e inclusión: la ONG mendocina que pone en valor las diferencias y usa el error como aprendizaje. Foto: Ramiro Gómez

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Hay un proceso de cambio, que de a poco gana terreno en el imaginario social: entender la neurodivergencia y que las diferencias pueden ser virtudes que enriquezcan para la inclusión. La diversidad, suma. Es la esencia de PlanBee, una ONG o asociación civil que funciona como un espacio de entrenamiento e inserción laboral para personas con diversidad funcional intelectual (término que la organización utiliza para referirse a ladiscapacidad).

"Hay un mito urbano que circula entre los apicultores y los poetas: dice que la abeja, por su estructura anatómica y su aerodinámica, no debería poder volar -explican- Su cuerpo es demasiado pesado y sus alas demasiado pequeñas. Sin embargo, como el insecto desconoce las leyes de la física que lo condenan, vuela igual".

Diversidad e inclusión: la ONG mendocina que pone en valor las diferencias y usa el error como aprendizaje. Foto: Ramiro Gómez

De ese concepto —y de la certeza de que el trabajo siempre es colectivo— nació el nombre de PlanBee, "El mundo debe ser pensado para ser habitado por todas las personas", repite como un mantra Cecilia De Spirito, diseñadora industrial especializada en gráfica, docente y una de las fundadoras y coordinadoras del espacio.

"Lo que hacemos es un entrenamiento laboral, con la excusa de crear estos objetos, ellos aprenden diversas cosas que hacen a la vida laboral", detalló Cecilia a Los Andes. En términos prácticos, allí les enseñan a hacer los objetos, ellos los producen y luego se busca comercializarlos para que reciban un beneficio.

"Lo intentamos para que tengan una inserción social porque la mayor necesidad que tienen es la de ser vistos", destaca.

El proyecto se materializa gracias a un equipo interdisciplinario de profesionales y a un grupo de jóvenes que aprenden a mirarse a sí mismos desde sus fortalezas y no desde sus faltas.

Guadalupe Merlo, de 28 años, es una de las participantes. Ha trabajado en varios lugares, como secretaria con su mamá y como ayudante de cocina, pero en PlanBee es donde se siente verdaderamente cómoda y dijo que le gusta cada cosa que hacen. "Me gustaría ir desarrollándome día a día, aprender a coser y pintar", compartió. Y agregó: "Poder demostrarle a la gente que yo puedo y que aprendo todos los días un poco".

Diversidad e inclusión: la ONG mendocina que pone en valor las diferencias y usa el error como aprendizaje. Foto: Ramiro Gómez

PlanBee propone una metodología disruptiva que De Spirito denomina diseño estratégico o design thinking. Mientras el mercado empresarial busca optimizar costos reduciendo procesos y automatizando tareas para prescindir de las personas, en esta asociación la lógica es exactamente la inversa.

"Es una mirada totalmente contraria a la industria", explica Cecilia. "Acá pensamos un producto en base a distintas variables y nos preguntamos: ¿A cuántas personas más podemos sumar en este proceso? Es como el cuento del huevito: este lo compró, este lo cocinó, este le puso sal", relata.

Y prosigue: "Si diseñamos una panera, pensamos en que la estructura la haga uno de los chicos, pero que también lleve stickers y etiquetas para que otra persona, que quizás tiene la motricidad fina más complicada, pueda aportar su parte. El diseño estratégico observa los patrones, los analiza y adapta el objeto para que en él intervenga el trabajo de seis o siete personas. Así se mueve la rueda", describe.

Según destacan desde la organización, este enfoque no solo genera oportunidades de empleo, sino que cambia radicalmente la relación con el error. "Resignificamos el error como algo positivo", reflexiona la diseñadora. "Los chicos que asisten aquí han vivido bajo el estigma de cometer errores de manera constante, simplemente porque en la sociedad en la que vivimos todo está normalizado para que las cosas se hagan de una sola forma: cómo hablan, cómo se mueven, cómo aprendieron en la escuela. Acá les mostramos que si algo no salió de una manera, se hace de otra. No hay un error, hay un proceso distinto", subraya.

Diversidad e inclusión: la ONG mendocina que pone en valor las diferencias y usa el error como aprendizaje. Foto: Ramiro Gómez

El resultado es no solo la valoración de las habilidades propias que hacen únicos a los individuos, sino además, productos con identidad propia. "Pasan a ser casi una obra de arte", dice con una sonrisa.

Uno de los desafíos más complejos que enfrenta el equipo es deconstruir la lógica asistencialista con la que muchas veces se educa a las personas con diversidad funcional.

"Desde nuestro lugar, buscamos que ellos comprendan que lo que hacen tiene un valor de mercado, un sentido y que pueden ganar su dinero", explica De Spirito, agregando que implementaron un sistema de venta directa para que se vean incentivados por la dinámica comercial y se genere autonomía. Y, de a poco, va funcionando.

Pablo Giménez (29) los acompaña desde el primer día, hace 4 años. Va con su hermano Martín. Habían tenido una experiencia previa trabajando en un restaurante, pero les costó cumplir con las demandas y consideró que fue difícil pasar del colegio al mundo laboral. "Pensé que no era tan difícil, pero lo era, ya desde el primer día lo arruinamos", dijo con humor.

"Pasar acá fue una experiencia linda porque no encontrábamos trabajo, y acá cambió mucho mi mirada sobre el mundo laboral, aunque sí es un desafío, también me ha motivado y me ha ayudado a mejorar, tanto dentro como fuera del trabajo", destacó.

Pablo contó que empezó a hacer llaveros y luego aprendió a manejar máquinas de coser. "Aprender a darle forma a algo que no tiene forma es de lo más bonito que he aprendido", aceptó. Dijo que ahí encontró un lugar para él, donde aprendió que si comete errores, puede volver a intentar.

A Meli Arangio, de 35 años, en la organización la definen como una "todo terreno", porque ha aprendido a hacer de todo. Contó que le gusta mucho ir a las ferias a vender los productos. "Me gusta que venga la gente y venderle, me pone feliz", describió. Dijo que sueña con que logren tener un local.

Quienes ponen manos a la obra son jóvenes adultos de entre 18 y 35 años. Hay dos grupos: uno de ellos conformado por 5 personas en la etapa de producción y otro, a modo de prueba piloto, del que participan 6 jóvenes en el área de entrenamiento.

El entrenamiento, que dura un año, no busca cumplir con programas académicos rígidos, sino desarrollar competencias sociolaborales básicas. "Nos basamos en la formación por competencias: evaluar qué tan capaz sos para resolver algo, qué te cuesta más y en qué te destacás", señala Cecilia. En este trayecto, los chicos incorporan hábitos clave como la puntualidad, la higiene, la presentación, el manejo del teléfono celular y la tolerancia a la frustración.

Aprender a reconocer las limitaciones propias es parte del crecimiento. Cecilia da como ejemplo: "Hay uno de los chicos que entiende todas las consignas a la perfección y es súper prolijo, pero por una dificultad en sus manos le cuesta mucho cortar. Entonces, él no corta, pero arma las parrillas combinando colores de forma brillante. Por otro lado, una de las chicas corta espectacular, pero se demora porque duda dónde poner las cosas. Ahí tenés la pareja perfecta: una corta y el otro arma. Otro de los jóvenes, que está dentro del espectro autista y por su condición necesita la repetición, troquela los moldes y coloca los broches con una velocidad y precisión fantásticas, una tarea que a cualquiera de nosotros nos hartaría al tercer día", describe el proceso.

El equipo ya piensa en crear un modelo de gestión estandarizado y replicable para que este espacio pueda abrirse en otras provincias. Para el Día del Padre, que fue el domingo pasado, crearon regalos pensando en correrse de la producción masiva y ofrecer algo de producción sostenible y local. Sets materos personalizados, vasos térmicos de oficina y delantales de cocina son parte de lo que hacen con su marca personal.

PlanBee se encuentra en plena etapa de crecimiento e invitan a sumarse. Por un lado, invitan a participar a familias y personas con diversidad funcional intelectual (mayores de 18 años) que busquen un espacio real de formación técnica, social y laboral.

Por otro, apuntan a obtener apoyo, de empresas y organizaciones que quieran iniciar un camino de inclusión laboral genuino y de particulares, comercios e instituciones interesados en comprar sus productos. Por último, PlanBee también tiene abierta la puerta para voluntarios que deseen aportar conocimientos profesionales a los talleres. Puede encontrarse su usario en Instagram.

Fuente: Los Andes

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