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Desconectar como autocuidado

El exceso de información y, a veces, con noticias falsas durante la pandemia, ocasionó impactos en la salud mental. En esta nota, derivada de una ...

Por Redaccion Avances9 min de lectura
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Desconectar como autocuidado
Desconectar como autocuidado · Foto: La Arena

El exceso de información y, a veces, con noticias falsas durante la pandemia, ocasionó impactos en la salud mental. En esta nota, derivada de una investigación desarrollada desde la Licenciatura en Comunicación de la UNLPam, se revelan qué estrategias utilizó el estudiantado durante el confinamiento social.

Florencia A. Dihel *, Paula M. Pedelaborde ** y Andrea M. D'Atri ***

La irrupción de la pandemia de COVID-19 a comienzos del año 2020 no solo implicó una emergencia epidemiológica y un trastocamiento radical de los hábitos cotidianos a escala global, sino que reconfiguró de manera profunda las dinámicas de circulación, recepción y consumo de información. En un escenario dominado por la incertidumbre, el virus SARS-CoV-2 convirtió a las noticias en un bien de primera necesidad para la población. Asimismo, transformó las informaciones mediáticas en un factor determinante de estrés social. Comprender de qué manera los jóvenes universitarios procesaron esa avalancha informativa constituyó un insumo fundamental para analizar los efectos subjetivos, simbólicos y psicosociales del aislamiento social, preventivo y obligatorio (ASPO).

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Bajo este encuadre, mediante una investigación desarrollada en la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de La Pampa (UNLPam) en la sede Santa Rosa, se indagó sobre las representaciones sociales de los estudiantes avanzados. Se preguntó qué hicieron los estudiantes frente a la circulación de la información durante el primer año de la crisis sanitaria.

¿Cómo descifrar el sentido?

Para descifrar los modos en que el estudiantado significó la gran cantidad de información emitida desde la emergencia de la pandemia, el trabajo articuló tres corrientes teóricas de la comunicación y la psicología social.

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En primer lugar, la teoría de la codificación/decodificación del norteamericano Stuart Hall (2004), que postula que el proceso comunicacional no es un circuito lineal e inofensivo. Los mensajes construidos por los emisores no son recibidos de forma pasiva ni idéntica por las audiencias; por el contrario, la decodificación es una práctica activa que genera interpretaciones divergentes con profundas consecuencias emocionales y cognitivas.

En segundo lugar, se trabajó mediante la denominada ecología de los medios (Scolari, 2015), que concibe a las tecnologías de la comunicación no como meras herramientas de transmisión, sino como "ambientes" o ecosistemas dinámicos que moldean la percepción humana, alteran la experiencia del espacio-tiempo y reestructuran las relaciones interpersonales.

En tercer lugar, el análisis se efectuó bajo la categoría de análisis de las representaciones sociales (Moscovici, 1979; Abric, 2001), entendidas como sistemas organizados de opiniones, saberes y valores que las personas elaboran colectivamente para familiarizar lo insólito y orientar sus conductas en el entorno.

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Según Abric, estas representaciones se configuran en el cruce entre el contexto discursivo (la narrativa que imponen los medios) y el contexto social (las condiciones concretas de existencia, en este caso, el confinamiento pandémico).

En cuanto a la estrategia metodológica, la investigación combinó la aplicación de una encuesta autoadministrada a 64 estudiantes avanzados de la Licenciatura y el Profesorado en Geografía, el Profesorado en Historia y las carreras de Letras y de Comunicación de la UNLPam, con la realización de un focus group o grupo focal presencial que permitió profundizar en los matices discursivos y las vivencias cualitativas.

El circuito del consumo.

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Los datos cuantitativos de la encuesta revelaron una centralidad absoluta de las noticias durante el 2020: el 100% de la muestra estudiada afirmó haberse informado sobre el COVID-19, registrando un 40,6% un nivel alto de consumo y, un 32,8%, un consumo bastante elevado. Respecto a los canales elegidos, el 87,5% de los universitarios dijo que había priorizado a las redes sociales (Instagram, Facebook, X) como la principal vía de entrada a la información sobre lo que ocurría con la pandemia.

En menor medida, pero con alta prevalencia, figuraron los sitios web de diarios (64,1%), la televisión tradicional (60,9%) y las conferencias de prensa o reportes epidemiológicos oficiales (59,4%).

En el plano geográfico de la emisión, existió un claro predominio de la agenda nacional ya que el 96,9% de los jóvenes recurrió a medios de cobertura nacional, identificando a la televisión pública y las cadenas oficiales como emisores de referencia. No obstante, este interés coexistió con un notable seguimiento de la prensa local y provincial, sobre todo de diarios de amplia trayectoria pampeana como La Arena (62,5%) y Diario Textual (59,4%).

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Sin embargo, estar informado no fue sinónimo de credibilidad. En un ecosistema hiperconectado, la sombra de la desinformación impulsó prácticas de hipervigilancia.

Por ejemplo, el 81,3% de los encuestados manifestó verificar activamente las noticias comparando distintas fuentes. Al indagar sobre los motivos de este chequeo, un 73,6% de los jóvenes señalaron que proliferaban noticias falsas (fake news).

Asimismo, un 52,8% manifestó que había un exceso abrumador de datos contrapuestos o contradictorios, y un 41,5% manifestó que desconfiaba de la intencionalidad editorial de las empresas periodísticas.

Estrés, miedo, pánico.

El impacto del bombardeo noticioso sobre la subjetividad juvenil arrojó indicadores preocupantes en la dimensión afectiva. Durante el período analizado, predominaron estados anímicos ligados al malestar: el 51,6% refirió haberse sentido estresado, el 45,3% ansioso o angustiado y el 28,1%, asustado.

El dato más revelador surge de la relación directa entre agenda periodística y alteración emocional: el 71,9% del estudiantado confirmó que el consumo continuado de información sobre el SARS-CoV-2 le disparó emociones intensamente negativas, tales como miedo, pánico, paranoia o incertidumbre.

En el grupo focal, el estudiantado describió cómo los titulares sensacionalistas, la exhibición constante de contagios y fallecimientos y, los lenguajes bélicos utilizados por los medios construyeron una narrativa del terror que culpabilizaba y criminalizaba la figura del enfermo.

Frente a este ambiente percibido como hostil y traumatizante, la comunidad universitaria articuló una respuesta activa de autoprotección. Como consecuencia, el 62,5% de las y los encuestados decidió evitar o suspender intencionalmente el consumo de noticias. Este "apagón mediático" voluntario funcionó como una estrategia de defensa para resguardar la salud mental. Las razones principales expresadas para desconectarse fueron: la afectación directa del estado de ánimo (52,4%), la sensación de impotencia al no poder modificar la realidad observada (45,2%) y la pérdida total de fe en la utilidad o veracidad de las informaciones emitidas (42,9%).

Rechazo y autoprotección.

El análisis integral de las representaciones sociales gestadas en el ámbito académico evidenció dos polos contrapuestos: El polo de la negatividad y la angustia y el polo de la protección y la pausa. En el primer caso, la negatividad y angustia se configuró alrededor de la recepción noticiosa y la mediatización de la crisis. Las noticias fueron representadas como un elemento exógeno productor de estrés. También, como un factor de saturación cognitiva y como el causante del desequilibrio emocional, lo cual amplificaba la incertidumbre sobre el futuro personal y académico. Aun después de la pandemia, los casos de estudiantes que sufren estados de ansiedad y pánico son observables en el ámbito académico.

Respecto al polo de la protección y la pausa, durante la pandemia se estructuró en torno al espacio privado de la vivienda y la convivencia afectiva. Dado que el 75% de los estudiantes encuestados atravesó el confinamiento junto a su grupo familiar, el hogar emergió en el discurso estudiantil no como un lugar de encierro negativo, sino como un refugio de contención. Mientras el mundo exterior mediado producía angustia, la vida doméstica permitía rescatar valores como la tranquilidad, la desaceleración del tiempo urbano y la consolidación de los vínculos afectivos.

El escape emocional.

Durante el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO), la digitalización forzada convirtió a las pantallas en la principal ventana al mundo. En este contexto, el entorno virtual asumió una doble dimensión: sirvió como canal para informarse sobre decretos y cifras sanitarias, pero también como una vía de escape emocional donde la mensajería, el humor y el contenido audiovisual sostuvieron la sociabilidad y el afecto a distancia.

A pesar de la intensa hiperconectividad requerida para trabajar, estudiar y socializar -el estudio reveló que los estudiantes universitarios llegaron a cursar 6 o más materias simultáneamente-, la investigación reveló la aparición de un "apagón mediático". Pero, lejos de significar una desconexión total de los dispositivos o un acto de apatía, este fenómeno consistió en un filtro selectivo: se mantuvieron encendidas las pantallas para el aprendizaje y el entretenimiento, pero se apagó de manera exclusiva el canal de noticias sobre la pandemia.

Este rechazo al flujo noticioso fue la respuesta activa de los jóvenes ante la infodemia, la desconfianza en los contenidos periodísticos y la ansiedad generada por la cobertura sensacionalista.

En última instancia, la desconexión informativa estratégica operó como una herramienta de autocuidado y preservación emocional, permitiendo a los estudiantes frenar la angustia y el miedo colectivo frente a la pandemia, proteger su salud mental y afrontar las exigencias de la vida cotidiana.

(Este artículo sintetiza parte del trabajo final integrador de la Licenciatura en Comunicación de Agustina Dihel, dirigido por las profesoras Paula Pedelaborde y Andrea M. D'Atri. El estudio completo puede leerse en: https://koha.unlpam.edu.ar)

* Licenciada en Comunicación Social (FCS-UNLPam)

**Especialista y Licenciada en Comunicación Social (FCH-UNLPam)

***Dra. en Ciencias Sociales (FCH-UNLPam)

Ante la abundancia, la resistencia

El término infodemia, formalizado por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) durante 2020, describe la sobreabundancia de información -tanto exacta como falsa- que se propaga durante una emergencia sanitaria dificultando que la población encuentre pautas claras de cuidado. En el universo universitario estudiado, la infodemia no produjo una aceptación pasiva, sino que activó un juicio crítico impulsado por las herramientas analíticas propias de la formación académica. Al detectar que las coberturas apelaban al sensacionalismo y la ansiedad colectiva, los estudiantes apelaron al chequeo cruzado y a la búsqueda de datos científicos específicos. Sin embargo, cuando la saturación superó el límite tolerable, la desconexión total actuó como la principal herramienta de resistencia psíquica y pedagógica, permitiendo sostener la concentración en las exigencias de la educación virtual.

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Fuente: La Arena

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