"Dios llama a quien quiere… y en el momento que quiere"
Mientras gran parte de los jóvenes proyecta su futuro en torno a estudios universitarios, trabajo o la formación de una familia,

Mientras gran parte de los jóvenes proyecta su futuro en torno a estudios universitarios, trabajo o la formación de una familia, otros deciden recorrer un camino diferente: prepararse para el sacerdocio. En el Seminario Diocesano Santo Cura de Ars de Posadas, actualmente 25 jóvenes transitan una etapa de formación espiritual, académica y comunitaria que puede extenderse durante ocho años y quizás un poco más.
PRIMERA EDICIÓN visitó el seminario, ubicado sobre la avenida Alem, donde aspirantes de distintas edades que comparten jornadas de estudio, oración, celebraciones litúrgicas y acompañamiento espiritual. La formación está dividida en distintas etapas que incluyen discernimiento vocacional, estudios de filosofía y teología, con el objetivo de prepararlos para el ministerio sacerdotal.
Al escuchar sus experiencias, aclaran que este llamado en el camino de la fe no tiene una edad determinada ni a una única forma de manifestarse. Para algunos surge en la infancia, mientras que para otros llegó después de haber transitado una carrera universitaria, proyectos laborales o incluso planes de vida completamente distintos.
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Ese fue el caso de Martín Molina, de 32 años, quien cursa el tercer ciclo de formación y relató que su inquietud comenzó en la adolescencia, aunque durante mucho tiempo no imaginó que terminaría ingresando al seminario. Recordó que a los 14 años sentía una conexión especial por la Iglesia y los grupos juveniles, pero aclaró que "quería servir en la Iglesia, me parecía algo que me hacía bien, pero como sacerdote no me veía".
Con el paso de los años se alejó de la vida eclesial, estudió el profesorado de inglés y logró construir un proyecto personal y profesional. Sin embargo, explicó que pese a que "todo iba bien, lo académico, la oferta laboral y las posibilidades de trabajo", sentía que existía un vacío difícil de explicar, ya que "teniéndolo todo, llegaba al final del día y no tenía nada" y percibía que "algo me falta muy en lo profundo".
El acompañamiento del sacerdote José Luis Fernández fue determinante para iniciar un proceso, que se extendió durante varios años. Tras acercarse al seminario y conocer la vida cotidiana de la institución, aseguró que comenzó a descubrir que "tal vez este era mi lugar en el mundo".
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En esta decisión, Molina reconoció que para su familia fue un momento complejo porque habían realizado un gran esfuerzo para sostener sus estudios en Posadas (son de Bernardo de Irigoyen) y esperaban otro futuro para él. Según recordó, sus padres pensaban en "los nietos", en cómo iba a quedar su carrera y en las dificultades económicas que podría afrontar, por lo que también ellos debieron atravesar su propio proceso de adaptación a la nueva realidad.
Remarcó que la vocación puede aparecer en cualquier etapa de la vida y destacó que "Dios llama a quien quiere, de la forma que quiere y en el momento que quiere", aunque aclaró que ese llamado no necesariamente conduce al sacerdocio. También aseguró que aprendió a vivir el presente y a confiar en que "por más que yo tenga un proyecto, en las manos de Dios él tiene un proyecto mejor incluso para mí".
Una experiencia diferente, aunque atravesada por la misma convicción, es la de Joel Pérez, de 22 años, oriundo de Resistencia, Chaco, quien asegura que desde muy pequeño soñaba con ser sacerdote. "Siempre quise hacerme cura de muy chiquito", contó, al recordar que asistir a misa junto a su familia y observar a los sacerdotes en el altar despertó una inquietud vocacional que nunca desapareció.
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Pérez relató que incluso durante su infancia jugaba a celebrar misa, algo que llamaba la atención de familiares y conocidos. Mientras muchos creían que aquella idea desaparecería con los años, él asegura que ocurrió exactamente lo contrario, ya que "a medida que pasaba el tiempo" comenzó a buscar información sobre cómo ingresar al seminario y qué pasos debía seguir para concretar ese deseo.
El encuentro con el actual rector del seminario, el padre Gervasio Silva, terminó siendo decisivo para concretar su ingreso a la institución. Hoy, después de cinco años de formación, asegura que en la convivencia diaria "la vida de seminario te lleva a ser hermano del otro", una experiencia que implica aprender a convivir con distintas personalidades y realidades.
A quienes sienten inquietudes vocacionales, aconsejó no tener miedo. Consideró que en una sociedad donde predominan otras propuestas y modelos de vida, es importante animarse a explorar esa posibilidad. Por eso sostiene que quienes experimenten ese llamado deben acercarse a sus sacerdotes y recordar que "Jesús abre camino donde no hay" y que será él quien los irá guiando y confirmando en ese proceso.
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Entre los ingresantes más recientes se encuentra Lionel Godoy, de 18 años, quien comenzó su formación este año luego de participar durante varios años en encuentros vocacionales. Explicó que conoció el seminario hace dos años cuando sentía que "Dios me estaba llamando cada vez más", una inquietud que fue creciendo hasta convertirse en una decisión concreta.
Godoy destacó el acompañamiento de su familia durante todo el proceso. Proveniente de un hogar católico y con experiencia como monaguillo desde niño, señaló que sus padres fueron fundamentales para su crecimiento en la fe y que, cuando comunicó su decisión, "mi familia se puso re feliz cuando se enteró de esta noticia". Aunque algunos le preguntaban por qué ingresar tan joven, asegura que sentía que "Dios ya me necesitaba ahora".
En estos primeros meses de formación, el joven seminarista valoró especialmente la vida comunitaria. Afirmó que compartir el día a día con otros jóvenes le permite crecer humana y espiritualmente, y describió la experiencia como un espacio donde predominan "las risas, las alegrías, los chistes y la hermandad".
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Mientras continúa adaptándose a las exigencias académicas y espirituales del seminario, aseguró que cada día confirma un poco más la decisión que tomó y que este camino le permite responder al llamado que siente desde hace varios años, convencido de que "cada vez estoy acertando más en la decisión que Dios me está llamando".
Fuente: Primera Edición
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