Dormir ocho horas y levantarse cansado: cuándo el problema no es la cantidad de sueño
Cumplir con las horas recomendadas no garantiza despertarse descansado. Un sueño fragmentado, los ronquidos, la apnea, determinados hábitos e incluso algunos problemas de salud pueden hacer que una persona pase muchas horas en la cama y aun así comience el día agotada. Qué señales conviene observar.

Por Redacción
La explicación puede estar en una diferencia fundamental: dormir una determinada cantidad de horas no significa necesariamente dormir bien.
Ocho horas en la cama. El despertador suena. En teoría, alcanzó el tiempo para descansar. Sin embargo, levantarse cuesta, aparece la sensación de no haber dormido lo suficiente y, en algunos casos, el cansancio acompaña durante buena parte de la mañana o incluso durante todo el día.
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La explicación puede estar en una diferencia fundamental: dormir una determinada cantidad de horas no significa necesariamente dormir bien.
El descanso depende tanto de la duración como de la calidad y continuidad del sueño. Durante la noche, el organismo atraviesa diferentes etapas que se suceden en ciclos. Cuando ese proceso se interrumpe repetidamente, es posible acumular varias horas de sueño y aun así no obtener un descanso reparador.
Por eso, cuando despertarse agotado se convierte en algo frecuente, mirar solamente el reloj puede dejar afuera una parte importante del problema.
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Para un adulto, dormir alrededor de siete a nueve horas por noche suele considerarse una referencia general. Pero las necesidades individuales varían y la duración es apenas uno de los componentes de un sueño saludable.
Importa también que el descanso tenga continuidad.
Una persona puede acostarse a las 23 y levantarse a las 7, pero haber tenido numerosos despertares o microdespertares durante la noche. Algunos pueden ser tan breves que ni siquiera quedan registrados en la memoria al día siguiente.
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El resultado puede ser paradójico: el reloj dice ocho horas, pero el cuerpo siente otra cosa.
Una de las causas que merece atención cuando existe cansancio persistente durante el día es la apnea obstructiva del sueño.
Este trastorno provoca interrupciones repetidas de la respiración mientras la persona duerme. Cuando ocurre, el cerebro debe reaccionar para restablecer el flujo de aire y el sueño puede fragmentarse una y otra vez.
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Quien la padece muchas veces no recuerda haberse despertado durante la noche.
Los ronquidos fuertes, las pausas en la respiración observadas por otra persona, despertarse con sensación de ahogo, tener dolor de cabeza por la mañana o experimentar una marcada somnolencia durante el día son algunas señales que justifican una consulta médica.
No toda persona que ronca tiene apnea del sueño. Pero cuando el ronquido es intenso y se combina con cansancio diurno u otros síntomas, conviene no normalizarlo.
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Tomar alcohol por la noche puede generar inicialmente somnolencia y hacer que algunas personas sientan que se duermen con mayor facilidad.
Eso no significa necesariamente que vayan a descansar mejor.
El alcohol puede alterar la arquitectura normal del sueño y favorecer un descanso más fragmentado, especialmente a medida que avanza la noche.
Algo parecido sucede con determinados hábitos que interfieren con el descanso: consumir cafeína demasiado cerca de la noche, mantener horarios muy irregulares o utilizar dispositivos hasta último momento puede dificultar que el organismo encuentre una rutina estable.
No se trata de convertir la noche en una sucesión de reglas imposibles, sino de observar si determinados comportamientos coinciden repetidamente con un peor descanso.
El cuerpo posee un sistema interno que organiza numerosos procesos a lo largo de aproximadamente 24 horas: el ritmo circadiano.
La luz es una de las principales señales que utiliza ese reloj biológico para sincronizarse.
Por eso, dormir suficientes horas pero hacerlo constantemente en horarios muy variables puede afectar la sensación de descanso en algunas personas.
Mantener horarios relativamente regulares para acostarse y levantarse, exponerse a la luz natural durante el día y reducir la luz intensa durante la noche puede ayudar a sostener esa sincronización.
Otro punto importante es no atribuir automáticamente todo el agotamiento al sueño.
Una persona puede dormir correctamente y sentirse cansada por razones que no tienen su origen en la noche.
Anemia, alteraciones de la tiroides, determinadas deficiencias nutricionales, infecciones, algunos medicamentos y diferentes enfermedades pueden manifestarse, entre otros síntomas, con cansancio o falta de energía.
También existen diferencias entre sentirse cansado y tener sueño.
La fatiga suele describirse como falta de energía, agotamiento o dificultad para realizar actividades. La somnolencia, en cambio, implica una tendencia concreta a quedarse dormido. Aunque pueden presentarse juntas, no necesariamente significan lo mismo ni tienen las mismas causas.
Tener una mala noche ocasionalmente es parte de la vida. El problema aparece cuando despertarse sin energía se vuelve habitual.
Conviene consultar especialmente cuando el cansancio persiste durante semanas, interfiere con el trabajo o las actividades cotidianas, existe una necesidad irresistible de dormir durante el día o aparecen ronquidos intensos y pausas respiratorias durante la noche.
También merece atención quedarse dormido involuntariamente mientras se trabaja, se conversa, se mira televisión o, especialmente, mientras se conduce.
En esos casos, sumar una hora más de cama puede no solucionar el problema. Primero es necesario entender qué está impidiendo que el descanso sea reparador.
Cuando el cansancio aparece cada mañana, puede ser útil observar durante algunos días aspectos muy simples: a qué hora nos acostamos, cuánto tardamos en dormirnos, cuántas veces nos despertamos, si roncamos, qué consumimos durante las últimas horas del día y cómo nos sentimos durante la jornada siguiente.
Ese registro no reemplaza una evaluación médica, pero puede aportar información valiosa.
Dormir bien no consiste únicamente en acumular horas.
Si una persona duerme siete, ocho o incluso nueve horas de manera habitual y sigue levantándose agotada, quizás la pregunta ya no sea cuánto está durmiendo, sino qué está ocurriendo mientras duerme.
Temas
Ocho horas en la cama. El despertador suena. En teoría, alcanzó el tiempo para descansar. Sin embargo, levantarse cuesta, aparece la sensación de no haber dormido lo suficiente y, en algunos casos, el cansancio acompaña durante buena parte de la mañana o incluso durante todo el día.
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Fuente: Río Negro
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