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Dos vecinos, una vieja rivalidad y una ejecución a balazos en Villa La Puñalada

Niceto Tello y Benito Contreras no se llevaban bien. Una tarde de diciembre de 1968 se cruzaron borrachos y se desafiaron, pero uno terminó asesinado a tiros.

Por Walter Vilca5 min de lectura
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Dos vecinos, una vieja rivalidad y una ejecución a balazos en Villa La Puñalada
Dos vecinos, una vieja rivalidad y una ejecución a balazos en Villa La Puñalada · Foto: Tiempo de San Juan

Pero el testimonio más creíble quizás fue el de Oscar Vargas, que solamente tenía un vaso de vino encima y quien aseguró que Contreras empezó la discusión: "Yo soy el más guapo del grupo". También relató que Tello no se quedó callado y respondió: "Mentís, el más hombre soy yo". Ese cruce verbal entre dos vecinos daría pie a una discusión sin sentido que una tarde de 1968 acabó en un desalmado asesinato en una esquina de la popular Villa La Puñalada, frente al Cementerio de la Ciudad Capital.

A decir verdad, ambos mantenían una vieja rivalidad que ninguno ocultó cuando se vieron las caras en ese encuentro casual en la esquina de las calles Pedro Cortinez y Mercante, la tarde del 8 de diciembre de 1968. Los dos estaban borrachos. Benito Contreras estaba en compañía de su cuñado y otros amigos que habían hecho una ronda mientras compartían unos vasos de vino.

Tello venía de una larga jornada. Él mismo confesó que andaba bebiendo desde la mañana. Había salido de su casa en la calle Cereceto a las 9 de la mañana y se sentó a tomar un vino en un bar de la galería de calle General Acha, cerca de Libertador. "Como para completar el desayuno, como de costumbre", declaró. Al mediodía se trasladó en su motocicleta hasta la zona de la Terminal de Ómnibus y, junto con un amigo de nombre Javier Montiveros, continuaron brindando con cervezas en una cantina de los alrededores. Más tarde pasaron por otro negocio de Concepción. Ni ellos se acuerdaban cuántos porrones vaciaron.

Eran minutos después de las 19 de ese caluroso domingo de diciembre, cuando Tello y Montiveros aparecieron en moto por Villa La Puñalada. Ahí se encontraron con el grupo de amigos y vecinos que bebían en la puerta de Adam Riveros, sobre calle Pedro de Cortinez, a metros de Mercante. Jorge Estrada, uno de los que estaba ahí, declaró que Tello y Contreras no se miraron con buenos ojos.

"Me he parado porque te he visto a vos. Porque si no hubieses estado vos, no me paro", expresó Tello dirigiéndose a Fructuoso Domínguez, otro de los que participaba de la ronda. La frase fue una clara indirecta a Contreras, que acusó recibo y contestó, todo desafiante. Montiveros, que no quería problemas, se marchó solo. Ahí, los otros hombres presentes escucharon ese cruce verbal entre Tello y Contreras sobre quién era más guapo.

Domínguez también relató en la causa que Tello dijo: "Che, muchachos, yo me voy. Yo he venido a saludar y Contreras me está provocando". En cambio, Adam Riveros relató en la causa que Contreras estaba tranquilo y Tello originó el conflicto. "Qué te pasa a vos, que me provocás. Ya me la vas a pagar. A mí no me vas a joder", habría dicho, según este testigo.

Niceto Tello arrancó su moto y se marchó con cara de enojo. Una de las versiones era que Contreras olió que este volvería a buscar revancha y que a lo mejor regresaba armado. Para que no lo tomara por sorpresa, mandó a uno de los chicos de su familia a buscar un cuchillo. Por si venía "calzado", pensó.

Tal como sospechaban, Tello no iba a dejar todo ahí. A los 15 minutos apareció de nuevo fingiendo que estaba todo bien. Pero apenas se acercó al grupo, habló todo prepotente a Contreras y este también le respondió con insultos. Los dos se llamaron a pelear y caminaron alrededor de 10 metros para alejarse del resto, como preparándose para tomarse a trompadas.

Existen versiones encontradas. Los que quisieron favorecer a Tello aseguraron que Contreras sacó el cuchillo. Los que quisieron hundirlo, por el contrario, juraron que no vieron ningún arma blanca y que solo vieron cuando el primero de ellos sacó el arma y disparó alevosamente a Contreras.

De lo que hay certeza es que Niceto Tello gatilló el revólver calibre 22 y le pegó un tiro en el pecho a Benito Contreras, que cayó en medio de la calle. Segundos más tarde, lo remató con otro disparo por la espalda. Fue una ejecución en el piso. Y al primero que amagó con correr a auxiliarlo, lo encañonó y lo amenazó con pegarle otro balazo. "No se metan. Van a cagar todos con el yarco Tello", largó, todo altanero.

Los relatos dicen que Niceto Tello escapó arriba de su moto y se fue a su casa. Lo primero que hizo fue lanzar el revólver arriba del techo del gallinero. Buscó una muda de ropa y mandó a su esposa a comprar tres cervezas. Tratando de no mostrar preocupación, luego se sentó a beber uno a uno esos vasos espumantes mientras esperaba a la Policía.

Los parientes y amigos de Benito Contreras, hasta tanto, ya habían trasladado a este a la guardia del Hospital Guillermo Rawson. Los ruegos no alcanzaron. Apenas entró al servicio de urgencia, los médicos constataron su deceso como consecuencia de los dos disparos. Al rato nomás, los policías de la Comisaría 2da rodearon la casa de Tello y lo apresaron. Su esposa sacó el arma de arriba del gallinero y se la entregó a los uniformados.

No había dudas de la autoría del asesinato. Seis personas habían presenciado el ataque a balazos sobre la calle Pedro de Cortinez. Desde el principio, Tello fue acusado del delito de homicidio simple, aunque, durante el juicio realizado en 1970, su abogado defensor insistió en que su accionar debía entenderse como un acto de legítima defensa y, por tanto, debían absolverlo.

El juez de la causa desestimó la postura de la defensa y el 13 de abril de 1970 condenó a Niceto Benito Tello, de 48 años en ese entonces, a la pena de 12 años de prisión. Lo declaró culpable de dar dos balazos a su vecino.

Fuentes: sentencia de fecha 13 de abril de 1970 del Poder Judicial de San Juan, artículos periodísticos de los matutinos Tribuna y Diario de Cuyo, y hemeroteca de la Biblioteca Franklin.

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Fuente: Tiempo de San Juan

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