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Eduardo Salas alcanzó los 7.134 metros del Lenin Peak

En su historial, Salas subió a las diez montañas más altas de América y los once volcanes más altos del planeta.

Por El Ancasti3 min de lectura
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Eduardo Salas alcanzó los  7.134 metros  del Lenin Peak
Eduardo Salas alcanzó los 7.134 metros del Lenin Peak · Foto: El Ancasti

En su historial, Salas subió a las diez montañas más altas de América y los once volcanes más altos del planeta.

Tras casi dos décadas en la alta montaña, el andinista catamarqueño Eduardo Salas sumó una nueva cumbre internacional a una trayectoria que incluye el ascenso a las diez montañas más altas de América y los once volcanes más altos del planeta. El Lenin Peak representa ahora un nuevo desafío superado en su trayectoria.

El 15 de agosto, el montañista catamarqueño y guía de montaña alcanzó los 7.134 metros del Lenin Peak, una de las grandes cumbres de la cordillera del Pamir, en Kirguistán, Asia Central. La cumbre fue el resultado de una expedición exigente que combinó aclimatación, tránsito glaciar, escalada en hielo y capacidad para tomar decisiones frente a las condiciones cambiantes de la montaña.

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La expedición comenzó con un proceso de aclimatación de aproximadamente 15 días con el ascenso al Razdelnaya peak (6.148 mts), y un primer intento a la cumbre principal que debió ser suspendido. Durante varios días, las nevadas persistentes modificaron las condiciones de la ruta de ascenso y aumentaron el riesgo de avalanchas en algunos de sus sectores. Frente a ese escenario, el grupo que se había iniciado originalmente decidió no continuar y posponer el objetivo. La espera se convirtió en parte de la estrategia.

Con el transcurso de los días, las condiciones climáticas y del terreno glaciar mejoraron sustancialmente y se abrió una nueva oportunidad. Eduardo decidió entonces volver a intentar la cumbre en condiciones más seguras, pero esta vez acompañado únicamente por Ulises Kusnesov.

La expedición contempló tres campamentos de altura: el primero (C1) a 4.400 metros; el segundo (C2) a 5.600 metros; y el último (C3) a 6.100 metros.

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El tramo entre C1 y C2 constituyó uno de los sectores técnicamente más exigentes. El recorrido sobre el sistema glaciar requirió el uso de arneses y cuerdas, además del cruce de grietas mediante escaleras fijas.

La progresión hacia los campamentos superiores permitió completar el proceso de aclimatación antes de afrontar la jornada de cumbre, donde las exigencias físicas y ambientales se multiplicarían.

Desde C3 comenzaba el tramo definitivo. La jornada implicó aproximadamente 10 kilómetros de recorrido total, ida y vuelta, y 1.050 metros de desnivel positivo hasta alcanzar la cumbre. La distancia, sin embargo, fue solamente una parte de la dificultad: buena parte del trayecto se desarrolló por encima de los 6.000 metros, lo que convirtió la permanencia prolongada en altura en uno de los principales desafíos.

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Después de varias horas de ascenso, Eduardo y Ulises alcanzaron finalmente los 7.134 metros del Lenin Peak.

La travesía tuvo además una característica particular: fue realizada de manera completamente autónoma.

Fiel al estilo de sus expediciones, Eduardo y Ulises transportaron en sus propias mochilas todo el equipamiento necesario para la expedición, sin recurrir a porteadores (sherpas) ni a servicios externos de apoyo para el traslado de cargas que cada vez es más común en este tipo de montañas.

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En una montaña de más de 7.000 metros, esta modalidad incrementa considerablemente la exigencia del ascenso. El equipo técnico, la indumentaria, la alimentación y los elementos necesarios para permanecer varios días en altura debieron ser transportados por los propios integrantes de la cordada.

El Lenin Peak se incorpora así a una trayectoria que comenzó hace casi veinte años y que tiene como escenario recurrente las grandes alturas de América y del mundo.

El ascenso a las cumbres más altas de América y a los volcanes más altos del planeta constituye el antecedente de una experiencia construida en ambientes de elevada dificultad, donde la aclimatación, el conocimiento del terreno y la capacidad de gestionar el riesgo resultan fundamentales.

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Ahora, desde los 7.134 metros del Lenin Peak, el montañista catamarqueño suma una nueva cumbre internacional a ese recorrido.

Más allá de la cifra, la expedición dejó una enseñanza propia de las grandes montañas: la capacidad de llegar depende tanto de saber avanzar como de reconocer cuándo es necesario esperar.

En el Pamir, la primera oportunidad no fue la definitiva. La montaña exigió paciencia. Días después, con mejores condiciones, Salas y Kusnesov volvieron a intentarlo. Esta vez, el camino terminó en la cumbre.

Fuente: El Ancasti

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