Efecto caipiriña

Ayer, la Bolsa de San Pablo festejaba y Javier Milei recibía el oxígeno que no había logrado conseguir por sus propios medios en la Semana de París. Flávio Bolsonaro terminó imponiéndose por dos puntos en la primera vuelta de las elecciones presidenciales brasileñas y los activos locales respiraron. El riesgo país cayó de los 655 puntos del viernes a 599, un 8,5%, y algunas acciones argentinas subieron hasta un 9%.
La euforia presidencial por los resultados es comprensible más allá de sus afinidades con el clan Bolsonaro y el afianzamiento de un tendencia continental hacia la derecha alineada con los Estados Unidos. El riesgo país argentino había escalado hasta su máximo nivel en casi un año durante la gira parisina, organizada precisamente para entusiasmar a inversores y mercados.
Para no ser injustos con la dependencia que Milei tiene de las contingencias exteriores para sostener tono político, corresponde consignar que su algarabía por el éxito "bolsonarista", que debe completarse en el balotaje pero ya es concreto en el Parlamento, es proporcional a la decepción de sus enemigos más acérrimos por la derrota de Lula. Las necesidades parasitarias son indicio de problemas de credibilidad que padece todo el sistema político argentino, no sólo los libertarios.
El caso es que Milei gobierna y necesita que Brasilia, Washington o Nueva York le acomoden el humor de los inversores porque no logra producir confianza por sus propios medios.
Ocurre que el propio oficialismo alimenta la incertidumbre. Cuanto más agita el fantasma del regreso kirchnerista, más instala la duda sobre la sostenibilidad de su modelo. Algunos analistas lo describen como una profecía autocumplida, otros sostienen que el problema no es la percepción sino la recesión. Cualquier sea la explicación, el resultado es el mismo: una confianza que se mide en puntos básicos y que fluctúa según lo que ocurre fuera de la Argentina
Los intentos por revertir esta mengua se internan en el ridículo.
Según el ministro de Economía Luis "Toto" Caputo el "riesgo kuka" pasó de cero en marzo a ser la razón principal de la desconfianza en la Argentina en mayo.
En Nueva York, Milei atribuyó las subas del riesgo país a dichos del gobernador y candidato a la Presidencia Axel Kicillof, que también andaba por allá, pero dos semanas después, ya en París, el inconveniente eran las "convulsiones internacionales". No obstante, Caputo insistió con la figura de Kicillof, a quien calificó como "el Anticristo" ante un auditorio de financistas.
Las manifestaciones parisinas no consiguieron superar las que había realizado Milei tras su periplo por Nueva York, cuando buscó inducir la confianza en su gestión basado en que había logrado sortear siete "intentos de golpe de Estado", conjurar una corrida de 70.000 millones de dólares y expulsado a 30.000 "terroristas".
Es una fuga sistemática. Cada explicación sirve mientras el dato no la desmienta y, cuando esto ocurre, aparece otra.
Los 13 gobernadores que acompañaron a Milei a París fueron, además de una vidriera de oportunidades, una escenificación de respaldo federal que no alcanzó a conmover a los inversores, a punto tal que sólo se pudieron anunciar desembolsos relacionados con la minería y la energía, blindadas y sustraídas de la jurisdicción judicial argentina por el RIGI.
Providencial triunfo de Flávio Bolsonaro sobre el archienemigo Lula. Habrá que ver hasta cuándo dura el "efecto caipiriña" y eventualmente qué acontecimiento lo suplanta para tratar de disimular las fragilidades endógenas.
Fuente: El Ancasti
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