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El adiós a Carlos Alonso: las entrevistas que el genial artista mendocino dio a Los Andes a lo largo del tiempo

Durante décadas, Carlos Alonso dialogó con este medio en sucesivas oportunidades. "El arte informa a través del sentimiento, de la emoción", fue una de las definiciones que compartió con los lectores mendocinos.

Por Redacción Cultura5 min de lectura
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El adiós a Carlos Alonso: las entrevistas que el genial artista mendocino dio a Los Andes a lo largo del tiempo
El adiós a Carlos Alonso: las entrevistas que el genial artista mendocino dio a Los Andes a lo largo del tiempo · Foto: Los Andes

Durante décadas, Carlos Alonso dialogó con este medio en sucesivas oportunidades. "El arte informa a través del sentimiento, de la emoción", fue una de las definiciones que compartió con los lectores mendocinos.

El artista Carlos Alonso falleció en Córdoba a los 97 años.

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A lo largo de las décadas, Carlos Alonso, quien falleció a los 97 años, conversó en distintas oportunidades con Los Andes sobre su pintura, sus años de exilio, la relación con sus maestros, la política, la memoria y las transformaciones de su propia obra.

Dos de esas entrevistas, separadas por más de veinte años, permiten recuperar la voz del artista en distintos momentos de su trayectoria.

La primera se remonta a noviembre de 1978, cuando Alonso vivía en Madrid. El encuentro fue realizado por el reconocido periodista mendocino Andrés Cáceres y tuvo como escenario el departamento del artista, frente al Paseo Rosales. Al momento del encuentro, el entrevistador recordaba que habían pasado diez años desde el anterior encuentro, ocurrido en 1969, cuando Alonso había llevado a la galería Spilimbergo de nuestra provincia su hoy célebre serie "Lección de anatomía". La conversación derivó naturalmente hacia Mendoza, sus maestros y la evolución de su pintura.

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Uno de los ejes de aquella charla fue la relación de Alonso con Lino Enea Spilimbergo, de quien había sido alumno. "Con él se me presentó la relación amor-odio que suele darse entre maestro y alumno", dijo el artista. Pero fue una pregunta sobre su propia pintura la que dejó una de las definiciones más reveladoras de aquella entrevista.

—¿Cuál es tu mayor dificultad estética?

—No poder representar el presente. Tengo excesivas referencias del pasado y ante la duda y la inseguridad, echo manotazos hacia atrás. Tal vez se deba a la falta de una buena elaboración del presente.

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En ese momento Alonso trabajaba sobre series vinculadas con artistas y escritores del pasado, entre ellas Renoir y la dedicada a Kafka. El propio artista explicaba que su experiencia en Italia había modificado su manera de mirar el trabajo.

—¿Hasta hace poco viviste en Italia. ¿Qué experiencia te dio?

—Me ha dado la medida de mi propio trabajo. Esto surgió al ver el grado de profesionalidad, de verdad, de capacidad y una serie de exigencias que, en la madurez, me han hecho ver que el cuadro puede crecer todavía. Yo llegué a un escalón y creí ver toda la escalera. Creí haber llegado a la cima de mí mismo, y no era así. Creo que he madurado.

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También se refirió entonces a "El ganado y lo perdido", la serie que había presentado en Buenos Aires en 1974 y que consideraba especialmente significativa.

La entrevista de 1978 (publicada por Los Andes el 7 de enero de 1979 y republicada el 1 de octubre de 2005) permite así encontrar a un Alonso preocupado por la distancia entre su pintura y el presente, pero también por las posibilidades de transformación de su propio lenguaje. Pero también notamos a un artista que vivía internamente, y aún procesaba, la incertidumbre por la desaparición de su hija Paloma Alonso, ocurrida poco antes: el 30 de julio de 1977.

Más de dos décadas después, el 15 de abril de 2001, Los Andes volvió a entrevistarlo. La nota, titulada "Visiones de un tiempo trágico", se realizó en Mendoza, en un bar de la calle Amigorena, durante una visita breve del artista a su provincia natal. La entrevista fue realizada por Ariel Búmbalo, periodista de Los Andes.

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Esta vez el centro de la conversación era el regreso de una parte fundamental de su producción de los años 70, vinculada con "El ganado y lo perdido" y con las obras que había realizado entre 1970 y 1978. Alonso explicaba que aquella serie había nacido de una percepción cada vez más inquietante de la realidad argentina.

"En ese momento yo sentía que iban en un crescendo: que había un grado de violencia, de quebradura, de ruptura. Percibía, en suma, síntomas que anunciaban algo peor", recordaba.

Y precisaba qué había intentado hacer con esas obras: "Esta muestra no fue ni es la forma tradicional del testimonio, o sea una reflexión sobre el hecho consumado. Fue, en cambio, una especie de premonición, temas que me venían más como posible terror futuro, como algo que iba a degradarse y a ocurrir."

Alonso vinculaba esa percepción con las figuras borradas que comenzaron a aparecer en sus trabajos: "Entonces, en las pinturas que componen esta muestra empezaron a aparecer personajes borrados, anticipación quizás de las desapariciones reales, la ruptura de las familias".

El reencuentro con aquellas pinturas décadas después produjo en el artista una mezcla de satisfacción y dolor.

—¿Y qué sentiste cuando te reencontraste con esas obras?

—Me gustó verlas, pero me dolió todo lo que implicaban. Y también la imposibilidad de volver a trabajar con una coherencia, con una fuerza, con un contenido así.

Alonso entendía aquella producción como el resultado de un momento vital que ya no podía repetirse. "Yo tenía cuarenta años y toda una conformación ideológica, una militancia, esperanza y romanticismo; una serie de cosas que ya no tengo", decía.

Y encontraba allí una diferencia fundamental respecto de su obra posterior: "Aquellas formas insolentes que se permite el artista y que comparte el pueblo. Así uno se incorpora a la gente, a los que son víctimas de ese poder".

Para Alonso, además, esa capacidad del arte tenía una función específica que excedía el registro documental: "El artista representa un poco eso. Significa la capacidad para dar un grado de información emocional que no es la periodística ni la histórica. El arte informa a través del sentimiento, de la emoción, no se trata sólo de una reflexión concreta u objetiva sino de algo mucho más complejo. Por lo cual el arte siempre cala más profundamente en la memoria de las personas".

Fuente: Los Andes

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