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El algarrobo centenario que tiene música propia y custodia los restos de un ícono sanjuanino

Tiene más de 100 años, forma parte de la historia de Buenaventura Luna y hoy necesita cuidados para conservar sus ramas y seguir en pie.

Por Daiana Kaziura5 min de lectura
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El algarrobo centenario que tiene música propia y custodia los restos de un ícono sanjuanino
El algarrobo centenario que tiene música propia y custodia los restos de un ícono sanjuanino · Foto: Tiempo de San Juan

En el cementerio de Huaco, en Jáchal, un algarrobo centenario extiende sus ramas sobre la tumba de Buenaventura Luna y conserva, bajo su ancho tronco, su corteza y sus hojas, una parte de la memoria cultural del norte sanjuanino. Su historia está ligada a la de uno de los grandes referentes de la música popular de la provincia, que incluso lo convirtió en símbolo de su obra.

Pero el paso del tiempo también dejó huellas en el árbol. Algunas podas incorrectas alteraron el crecimiento de sus ramas y una de ellas, inclinada por su propio peso, representa un riesgo para la estructura. Por eso, el algarrobo se convirtió en uno de los ejemplares que requieren atención dentro del proyecto de relevamiento y conservación de árboles notables de San Juan, impulsado por la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ), el Gobierno provincial y la Fundación EOS Naturaleza y Patrimonio.

El algarrobo que tiene como pared de fondo hermosos cerros, cuenta alrededor de 100 años de vida y alcanza unos 25 metros de altura. A unos dos metros del suelo, su tronco se divide en dos grandes ramas, de aproximadamente un metro de diámetro cada una, que forman una horqueta.

En ambas se observan las consecuencias de intervenciones anteriores. Las podas realizadas para mantener las ramas a una altura segura para quienes transitan por el lugar provocaron un crecimiento anómalo de nuevos brotes. Además, algunos cortes inadecuados favorecieron la aparición de hongos, una señal de alerta para la salud del ejemplar.

Una de las ramas es la que más preocupa: se inclina unos 45 grados y soporta un peso considerable. Si llegara a desprenderse, podría desgarrar parte del tronco y dejar una herida abierta por la que ingresen agentes patógenos capaces de agravar el deterioro.

La bióloga Mariángeles Gaviorno, que participa en el trabajo de relevamiento y conservación de árboles notables, advirtió sobre el problema y acompañó las tareas de poda junto con la cuadrilla encargada de realizarlas. "Porque a veces, con toda la buena intención, las podas son erróneas. Y generan el efecto opuesto al que estamos buscando", explicó.

En este caso, la recomendación fue retirar los brotes deformados que habían crecido después de los despuntes anteriores y corregir la intervención sobre las ramas. También sugirieron colocar un puntal para sostener la que se encuentra inclinada. Se trata de una solución utilizada en árboles antiguos que permite distribuir mejor el peso y reducir el riesgo de desprendimiento sin necesidad de recurrir a cortes drásticos. La intención es conservar la estructura del algarrobo y prolongar su vida, respetando su valor histórico.

La importancia de este ejemplar no se explica solamente por su edad o su porte. Bajo su sombra descansan los restos de Eusebio de Jesús Dojorti Roco, conocido como Buenaventura Luna, el poeta, periodista, político y cantor popular que dejó una marca profunda en la cultura sanjuanina.

El "Tata Buena", como lo recuerdan en su tierra, fue un hombre de múltiples facetas. Se destacó por sus coplas y sus reflexiones sobre la vida del hombre del norte, incursionó en el periodismo y la política, y desarrolló una obra que trascendió las fronteras provinciales. Su pensamiento también despertó el interés de importantes medios nacionales, aunque su vocación y sus ideas no siempre encajaron en los espacios que intentaron convocarlo.

Murió en Buenos Aires en 1955, a los 49 años. Sin embargo, su historia no terminó lejos de San Juan. Un año después, sus restos fueron trasladados a Huaco para cumplir su deseo de regresar a la tierra natal.

El cortejo que acompañó su regreso tuvo la participación de arrieros, que llegaron hasta el cementerio del pueblo y le dedicaron una tonada. La escena pareció prolongar uno de los versos que había escrito en "Vallecito", donde expresaba su anhelo de volver a la sombra de las viejas arboledas de su tierra. Desde entonces, la tumba y el algarrobo que la cobija quedaron unidos en la memoria colectiva de Jáchal.

Pero hay un vínculo todavía más profundo entre ambos. Buenaventura Luna inmortalizó al algarrobo en su obra y encontró en él una metáfora de la resistencia: un árbol que, aunque por fuera pueda parecer seco o sin vida, conserva en su interior la savia que lo mantiene en pie. Una imagen que remite también a la fortaleza, la fe y la identidad del hombre del norte sanjuanino.

El mausoleo, construido con piedra y cemento rústico, está rodeado de placas, guitarras metálicas y flores que dejan los visitantes. El entorno fue cambiando con el tiempo, pero el algarrobo continúa allí, extendiendo sus ramas sobre los restos del artista y ofreciendo sombra a quienes se acercan a recordarlo.

El espacio también fue objeto de distintas intervenciones para poner en valor su historia. Entre ellas se cuentan la instalación de una escultura de tamaño natural de Buenaventura Luna, realizada por el escultor Ricardo Bustos, la incorporación de iluminación LED y la delimitación del sector con elementos de la región.

El reconocimiento institucional llegó en 2023, cuando la Cámara de Diputados de San Juan declaró la tumba Bien Integrante del Patrimonio Cultural de la Provincia. Al año siguiente, la Municipalidad de Jáchal emitió un edicto para proteger el lugar y ordenar el mantenimiento de las parcelas vecinas.

La tumba recibe visitas durante todo el año, pero hay fechas en las que la memoria de Buenaventura Luna se hace especialmente presente. Cada 29 de julio, aniversario de su fallecimiento; el 19 de enero, día de su natalicio; y el 10 de noviembre, Día de la Tradición; el lugar convoca vigilias, música, estudiantes y cantores populares.

En ese escenario, el algarrobo es mucho más que parte del paisaje del cementerio. Es testigo de los homenajes, compañero silencioso de la tumba y una pieza viva de la historia que el pueblo de Huaco busca preservar.

El proyecto de árboles notables apunta, precisamente, a reconocer y proteger ejemplares cuyo valor va más allá de lo natural. En este caso, cuidar el algarrobo también significa conservar una parte de la historia de Buenaventura Luna y de la identidad sanjuanina.

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Fuente: Tiempo de San Juan

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