El árbol de 300 años que fue resguardo de un caudillo y volvió a crecer desde las cenizas
El algarrobo histórico de Huaco, donde descansó el Chacho Peñaloza, ardió por completo en 2021. Hoy, gracias a un grupo de biólogos, un retoño de aquel ejemplar vuelve a crecer.

Un árbol de más de 300 años puede desaparecer en cuestión de minutos. Eso fue lo que ocurrió el 13 de septiembre de 2021, en plena siesta sanjuanina, cuando un incendio arrasó con un algarrobo histórico de Huaco,el mismo que los pobladores vinculan con el paso del caudillo riojano Ángel Vicente "Chacho" Peñaloza. Durante un tiempo, solo quedaron las marcas del fuego. Hasta que, al año siguiente, una evaluación permitió descubrir que debajo de la destrucción todavía había vida: pequeños retoños naciendo de una raíz sobreviviente. Hoy, uno de ellos ya creció más de dos metros y mantiene abierta la posibilidad de que la historia de aquel árbol no termine con las cenizas.
Ubicado en la localidad jachallera, a orillas de la Ruta 40, el ejemplar conocido también como "árbol grande", fue durante años una referencia para quienes transitaban por la zona. Su presencia era tan imponente que bastaba con acercarse para entender por qué había quedado incorporado a la identidad del lugar.
Tras el incendio, parecía el final de una historia que había comenzado varios siglos antes. El llamado a los especialistas fue el último recurso del municipio. En aquel momento, nadie sabía que el estudio y rescate de aquel algarrobo sería el puntapié inicial del proyecto "Árboles Notables de San Juan: relevamiento y valorización patrimonial", que comenzó a implementar la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional de San Juan y al que ahora se unieron el Gobierno provincial y la Fundación EOS Naturaleza y Patrimonio. Aquel proyecto que busca identificar, proteger y recuperar árboles notables de San Juan. Una iniciativa que no solo busca preservar ejemplares de valor natural, sino también rescatar las historias que los convierten en parte del patrimonio de la provincia.
El cartel que todavía identifica al ejemplar como "Algarrobo Histórico" permanece como una señal de lo que alguna vez fue aquel árbol de dimensiones extraordinarias.
El algarrobo trascendió por su historia vinculada al paso de Ángel Vicente "Chacho" Peñaloza, uno de los principales referentes del federalismo argentino durante el siglo XIX. Según los relatos, el caudillo riojano descansó bajo su sombra durante su trayecto hacia los llanos de La Rioja, su tierra natal.
Peñaloza fue militar y líder federal, uno de los últimos referentes de esa corriente que se levantó en armas contra el centralismo de Buenos Aires. Su influencia se extendió por La Rioja y otras zonas de Cuyo, donde construyó vínculos con sectores rurales que excedían su papel militar.
Su figura quedó asociada a una relación cercana con campesinos y peones, sostenida por el liderazgo, el carisma y la generosidad que le atribuyen los relatos históricos.
En 1863, su captura y ejecución en Olta marcó uno de los episodios más cruentos de las luchas políticas de la época. Fue lanceado y decapitado, y su cabeza fue exhibida públicamente como escarmiento para sus seguidores.
Pero la muerte no borró su figura. "El Chacho" se transformó en un símbolo para buena parte de la memoria popular del país. Y el algarrobo sanjuanino que, según la historia, le ofreció descanso durante uno de sus recorridos, quedó unido a ese recuerdo.
Así, un árbol ubicado en Huaco dejó de ser solamente un ejemplar autóctono de grandes dimensiones: pasó a formar parte de una historia que conecta el paisaje sanjuanino con uno de los personajes más recordados del federalismo argentino.
Mucho antes de que el árbol fuera identificado como un sitio de interés turístico, ya llevaba siglos creciendo en ese rincón de Huaco. En 2013, desde el municipio impulsaron un estudio de su estructura con el objetivo de conocer su estado y establecer medidas para conservarlo. Los resultados fueron alentadores: el ejemplar se encontraba en buenas condiciones.
Los especialistas no pudieron determinar con exactitud su edad, pero estimaron que tenía más de 300 años. Tres siglos de crecimiento, cambios en el paisaje y relatos transmitidos entre generaciones habían quedado concentrados en un mismo tronco.
El algarrobo no solo era antiguo. También representaba una especie autóctona de enorme importancia para los ecosistemas áridos de la provincia, donde estos árboles cumplen funciones fundamentales para la biodiversidad y forman parte de la identidad de los paisajes rurales.
Por eso, su pérdida no habría significado únicamente la desaparición de un ejemplar notable. También habría implicado la pérdida de un elemento de valor histórico, natural y turístico.
Inesperadamente, el incendio ocurrió después de las 14 del 13 de septiembre de 2021. Un lugareño que pasaba por la zona advirtió que las primeras ramas del árbol histórico estaban en llamas. La situación era grave y el fuego avanzaba rápidamente sobre el ejemplar.
El hombre pidió auxilio y, mientras se esperaba la llegada de los bomberos, vecinos de la zona se acercaron con baldes de agua para intentar sofocar el incendio. Pero las llamas se propagaron con rapidez.
El algarrobo, que había resistido durante siglos las condiciones del desierto sanjuanino, quedó completamente afectado por el fuego. La imagen de aquel árbol histórico reducido a una estructura carbonizada parecía marcar el final de su existencia.
Hasta que, en 2022, apareció una señal inesperada. La recuperación comenzó cuando la Asociación Jáchal la Montaña convocó al equipo de biólogos comandado por Mariángeles Gaviorno y Andrea Abarca para realizar un diagnóstico del árbol.
El objetivo era determinar si existía alguna posibilidad de recuperar el ejemplar después del incendio. "Cuando fuimos, nos encontramos que había unos retoños muy chiquititos, creciendo de una raíz, que era lo único que había sobrevivido del árbol", recordó Gaviorno.
Aquellos brotes eran pequeños, casi imperceptibles frente a las dimensiones que había tenido el algarrobo. Sin embargo, representaban una posibilidad concreta: el árbol no había desaparecido por completo.
A partir de ese hallazgo, comenzaron a establecer medidas para proteger los retoños junto con el municipio. El trabajo no consistía en recuperar mágicamente el árbol original, sino en cuidar esas nuevas expresiones de vida para que pudieran desarrollarse y convertirse, con el tiempo, en ejemplares capaces de ocupar el lugar que había quedado vacío.
El proceso de recuperación tuvo un resultado alentador. De los retoños que aparecieron en la raíz sobreviviente, los especialistas pudieron seleccionar uno para darle protección especial. El pequeño algarrobo fue cercado para evitar daños, especialmente por la presencia de animales en la zona.
También se despejó parte del entorno para reducir el riesgo de nuevos incendios. Y el resultado de esos cuidados ya puede medirse en altura. "Por suerte hoy te puedo contar que esos retoños del algarrobo del Chacho están vivos. De hecho, pudimos seleccionar uno y ese está todo cercado para evitar daños, porque hay muchos animales en la zona. Y además despejamos un poco el entorno para evitar nuevos incendios. Y ese único retoño hoy tiene más de 2 metros ya", sostuvo la bióloga.
El dato puede parecer modesto frente a los más de 300 años de historia del árbol original. Pero tiene un significado enorme: donde parecía haber quedado solamente ceniza, hoy renace el "Algarrobo del Chacho Peñaloza".
El particular plan para resucitar árboles y proteger la historia de la provincia
El particular plan para resucitar árboles y proteger la historia de la provincia
Fuente: Tiempo de San Juan
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