El brete terapéutico

Arraigada ya en la sociedad la resignación a pagar los adicionales del "plus" y el "sobreturno", las corporaciones de la medicina y el sistema de salud diversifican los dispositivos para aprisionar a los pacientes en un brete que se vuelve más rentable a medida que obras sociales, prepagas y PAMI profundizan su colapso. Prolifera el "síndrome de Estocolmo": las víctimas acaban agradecidas con sus victimarios por hacerles el favor de atenderlas, aún cuando para acceder a las deferencias hayan tenido que desembolsar significativas sumas. Tal es la degradación sistémica, que permite a los inescrupulosos embuchar pingües ganancias en negro.
A nadie se le ocurre a esta altura de la naturalización plantear que el "plus" y los "sobreturnos" son ilícitos. No es indispensable explicarlo, pero por las dudas: el "plus" es un adicional sobre la orden que se le compra a la obra social; el monto del "sobreturno", también conocido como "sobreplus", habilita la atención prioritaria. El "sobreturno" permite exprimir al cliente urgido o ansioso asignándole turnos en fechas remotas que pueden arrimarse incluso hasta la inmediatez si se allana a abonar una suma extra. El ardid le permite al galeno ingenioso facturarle a la obra social la orden, embolsicar el "plus" y rapiñar el "sobreplus a través de la manipulación de una agenda que los pacientes desconocen, pero se postula siempre como muy ajustada poniendo cara de agobio moral.
Como curiosidad cultural, nótese el modo en que va enriqueciéndose el tarifario antes restringido a la mera orden. El "sobreturno", añadido al tradicional "plus" que inició la secuencia, abre un amplio abanico de variantes: tanto por atención inmediata, tanto por esperar algunas horas, unos pesos menos si la consulta es en una semana y así hasta que la imaginación se agote.
No sería correcto hablar de presiones indebidas: el chorlito puede elegir no pagar ninguna de las ofertas y limitarse al "plus". Si el té de coca le alcanza para sujetar la apendicitis seis meses, claro.
Las gerenciadoras contratadas por los sindicatos no le dan a los pacientes la posibilidad de elegir médico o nosocomio. Las gerenciadoras contratadas por los sindicatos no le dan a los pacientes la posibilidad de elegir médico o nosocomio.
El campo para el negocio es infinito. Todavía no se han conocido casos de tarifas diferenciadas en orden decreciente para la utilización terapéutica de gasas nuevas, gasas recicladas y trapos hervidos, pero al paso que vamos y mientras la crisis proporcione excusas plausibles no ha de faltar mucho. Parece que están muy avanzadas las investigaciones para la recuperación del "merthiolate" usado, pero se mantienen en reserva para poder cobrarlo como nuevo con solo usar frascos distintos.
Eventualmente estas entrañables costumbres sanitarias pueden beneficiar también al gremio de los contadores a través de la "doble contabilidad", práctica con la que cualquier aficionado a las películas de "gángsters" y narcotraficantes estará familiarizado: un libro para los asientos en blanco y otro, por lo general más voluminoso, para el "negro". Antes que auditores, se necesitarían los servicios de Eliot Ness.
Las últimas quejas por estos fraudes fueron sazonadas con amenazas de implacables denuncias penales que, como las penúltimas y las anteriores, se quedaron en partidas.
Debe entenderse la situación de los embretados. Con la pata quebrada, por ejemplo, uno no está en condiciones de aguantar demasiado tiempo a que lleguen las prótesis adecuadas o lo sometan a cirugías, de modo que paga lo que esté a su alcance para apresurar los trámites. Hubo casos de más de un millón de pesos por encima del coseguro de la obra social. El que no llegue a la suma requerida, que aguante rengo y entablillado con madera de cajón de fruta en la larga y angustiante cola del sistema de salud pública, por otra parte atestado por legiones de descartados por las obras sociales.
En tan agradable contexto de pesca en balde, operan las gerenciadoras contratadas por los sindicatos para administrar derivaciones. Para no desentonar, estas organizaciones tampoco le ofrecen a los pacientes alternativas. No les permiten elegir nosocomios ni profesionales, deciden unilateralmente dónde y quienes los atenderán.
El mecanismo ofrece inmejorables condiciones para la manipulación y el direccionamiento, pero no hay que ser malpensados. Con seguridad la clientela se reparte conforme a los más estrictos criterios de la medicina y la ética, eximiendo de tan ardua decisión a sujetos que ignoran tamaños arcanos y encima tienen el juicio obnubilado por el temor al infarto inminente, los rigores del cálculo renal o las urgencias del parto adelantado.
Fuente: El Ancasti
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