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El chacal sexual de la Villa Cariño, frialdad, sangre y cinismo

En abril de 1969, una pareja fue asesinada en un campo de la ciudad de San Luis adonde había ido a tener intimidad. Primero acusaron al novio pero la aparición de un hombre frío, calculador, cínico, despejó las dudas, que volvieron a surgir tras la misteriosamente muerte del ases…

Por El Diario de la República3 min de lectura
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El chacal sexual de la Villa Cariño, frialdad, sangre y cinismo
El chacal sexual de la Villa Cariño, frialdad, sangre y cinismo · Foto: El Diario de la República

La frialdad con la que Jorge Ramón Barroso asesinó a una pareja que estaba en el interior de un Jeep de las afueras de la ciudad de San Luis y el modo en que lo contó cada vez que se lo requirieron le valieron un mote con mucho significado: "El chacal sexual de la Villa Cariño". Barroso fue detenido, condenado y encontrado muerto, ocho años después, ahogado en una represa que estaba en el interior de la Penitenciaría Provincial.

Aunque habían comenzado mucho antes, las andazas violentas de Barroso tuvieron su punto más sangriento el 1 de abril de 1969, cuando la Policía encontró los cuerpos baleados de Carlos Miguel Garro, un hombre de 28 años, y Lorenza del Carmen Lucero, de por entonces solo 15 años, estudiante de Mecanografía en la recordada "Academia Barroso", ubicada en calle San Martín,  frente a la concesionaria de automotores Anzulovich.

En principio, la familia de la joven culpó al propio Garro del asesinato, pues aparentemente mantenía una relación amorosa con la menor a espaldas de la familia. Carlos Miguel era compañero de trabajo en la fábrica SCAC de Guillermo Lucero, el padre de Lorenza del Carmen, y frecuentaba la casa como amigo.

Esa tarde de abril, el operario pasó por frente de la casa de estudios de la joven y ambos fueron a una Villa Cariño instalada en esos años en San Luis, en camino a La Cortadera, ruta provincial 16 a unos siete kilómetros de la ciudad. "La raptó con fines inconfesables", dijo el padre de la chica a El Diario de San Luis, "con los ojos velados por la tristeza y la indignación", según relata la crónica de la época.

Pero la teoría de Guillermo quedó en la nada cuando apareció en escena Barroso, un hombre sin instrucción, que no sabía firmar ni tenía antecedentes policiales, changarín que supo vivir en" los bretes" detrás de "la usina nueva" y que luego vivió en el barrio Rawson, con su madre, antes de mudarse al Pueblo Nuevo.

Alto, fornido, recto y de mirada altanera, casi agresiva, Barroso confesó con frialdad sus crímenes sin que sus facciones armoniosas, los pómulos ni ojos rasgados se conmuevan lo suficiente.

"Le dije que me entregue a la mujer y no quiso", contó "El chacal" a la Policía sobre el momento en que ejecutó a Garro. "Porque ella no quiso entregarse y se resistió, bueno … entonces pensé ya hice una macana -la de matar a Garro- ahora la sigo hasta el final… Y la maté también pegándole un tiro en la oreja", sostuvo sobre su segundo homicidio. Después se fue a su casa en bicicleta.

Al parecer, Carlos y Lorenza no fueron la primera pareja atacada por Barroso, de allí su apodo de "Chacal sexual". Era su costumbre interrumpir los arrumacos de los novios en la Villa Cariño y violar a las mujeres.

Detenido en la cárcel provincial para cumplir una larga condena, el asesino confeso fue noticia nuevamente el 10 de marzo de 1977, cuando su cuerpo fue encontrado en una laguna de la cárcel de San Luis. Tenía 30 años.

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Fuente: El Diario de la República

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