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El chico maravilla del pool

Tiene 14 años, comenzó a jugar por curiosidad mientras acompañaba a su papá y ahora viene de consagrarse campeón nacional de Bola 8 en Primera. Para llegar a Mar del Plata tuvo que hacer rifas y viajar sin su familia. Ahora sueña con ganar los clasificatorios, representar al país…

Por Tiempo de San Juan4 min de lectura
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El chico maravilla del pool
El chico maravilla del pool · Foto: Tiempo de San Juan

El taco que lo acompañó en sus primeros años ya no estaba en sus manos. Dylan Escudero lo había rifado para pagar los pasajes a Mar del Plata y lanzarse detrás de una ilusión que parecía mucho más grande que sus 14 años. Se desprendió de una de sus herramientas más preciadas, armó el bolso y dejó la Villa Constitución, en Pocito, con un objetivo claro. Días más tarde regresó a San Juan con algo que difícilmente pueda medirse en plata: el título de campeón argentino de Bola 8 en la categoría Primera.

El viaje tuvo, como en todo deportista amateur, una cuota adicional de sacrificio. Su papá, Juan Sebastián, no pudo acompañarlo porque debía quedarse trabajando. Mientras Dylan avanzaba en el torneo, él le enviaba todos los días el dinero que podía reunir. Su mamá Karina, otro pilar importante para él, también siguió a la distancia una competencia que terminó convirtiéndose en otro capítulo inolvidable para la familia.

"Tuve que hacer una rifa y rifé el taco que tenía para conseguir la plata de los pasajes. Mi papá se quedó trabajando y, mientras yo estaba en Mar del Plata, me mandaba dinero todos los días", contó Dylan a este medio. En la costa estuvo acompañado por los integrantes del grupo sanjuanino y bajo el cuidado de Rafael Linares, su entrenador y uno de los responsables de la Escuela de Pool de Capriccio, ubicada en Avenida Rawson y 9 de Julio.

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El camino hacia la consagración no fue nada fácil. El pocitano debió superar a cuatro rivales de mayor experiencia y afrontar una final ante Di Paola, un jugador al que nunca había enfrentado. No hubo antecedentes ni demasiadas referencias, solamente una mesa, las bolas y la obligación de controlar los nervios. "La competencia fue dura porque me tocaron jugadores que tenían un poco más de nivel que yo. Pude superar a cuatro rivales muy buenos y en la final jugué por primera vez contra Di Paola. Este título fue especial porque es mi primer Argentino en Primera", explicó.

La conquista tiene todavía más valor porque las categorías del pool no se ordenan por la edad, sino por el nivel de juego. Dylan compite contra adultos y participantes con muchos más años de recorrido. Primera es el escalón inmediatamente anterior a Máster o Máxima, la división reservada para los jugadores de mayor jerarquía. Aunque en Buenos Aires existen otros chicos de su edad dentro de ese nivel, en San Juan continúa siendo una verdadera excepción.

La historia de Dylan con el pool comenzó mucho antes de este festejo. Tenía apenas 7 años cuando acompañaba por las noches a su papá a Capriccio, una de las salas tradicionales de la provincia. Mientras Juan jugaba con sus amigos, el pequeño buscaba una mesa libre, tomaba un taco y practicaba solo. Primero fue una manera de pasar el tiempo. Después, casi sin darse cuenta, aquella curiosidad se transformó en entrenamiento, competencia y una parte central de su vida.

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Dos años atrás, cuando tenía 12, ya sorprendía al enfrentarse con jugadores que llegaban a triplicarle la edad. Por entonces cursaba en la Escuela Jorge Washington, atajaba en las inferiores de Unión de Villa Krause y competía en Segunda. Lejos de intimidarlo, medirse con adultos le permitió ganar experiencia y fortalecer un juego que lo llevó rápidamente hasta Primera.

El título conseguido en Mar del Plata tampoco fue el primero de su carrera. Dylan ya acumula tres campeonatos argentinos en tres modalidades diferentes: ganó en Bola 10 y Bola 9 cuando militaba en Segunda, y ahora agregó la corona de Bola 8 en Primera. Un recorrido acelerado para un chico que entrena entre tres y cuatro horas por jornada, principalmente los martes y jueves, aunque también suma prácticas los miércoles y viernes cuando sus horarios se lo permiten.

Su próxima parada será Moreno, Buenos Aires, donde disputará los clasificatorios para el Panamericano de Perú. Tendrá tres oportunidades, una por cada modalidad, y si consigue imponerse en alguna de ellas accederá al viaje con todos los gastos cubiertos. El desafío tiene además una puerta todavía más grande: el campeón panamericano obtendrá la clasificación para competir en el Mundial.

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El sanjuanino ya conoce lo que significa representar a la Argentina. En una experiencia internacional anterior disputó un Panamericano Sub 18 y se enfrentó con jugadores de República Dominicana, Costa Rica y Chile, todos mayores que él. Ahora pretende regresar a ese escenario con más experiencia, tres títulos nacionales y la confianza de haberse abierto paso entre los mejores de Primera. "Lo que más me gusta del pool es viajar, compartir con mis compañeros y entrenar. Ahora hay que seguir compitiendo y esperar el torneo de Moreno. Ojalá pueda ganar y viajar a Perú", expresó. Su gran sueño sigue siendo llegar al circuito mundial y conseguir que marcas internacionales reparen en su talento.

Tiene 12 años, ya le ganó a veteranos y sueña con representar al país en el mundo

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Fuente: Tiempo de San Juan

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