El desafío de quebrar el piso de 30%: cuánto tardaron otros países en bajar la inflación
Desde agosto de 2025, el indicador interanual de precios no logra quebrar su nivel actual. Los antecedentes de América Latina revelan que alcanzar parámetros internacionales demanda tiempo y transita fases de avances y retrocesos.

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EL DIARIO digital
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A partir de mayo de 2025, el proceso de desinflación en la Argentina comenzó a experimentar fricción, con fluctuaciones en los registros mensuales que evidencian la complejidad de lograr una baja sostenida. El escenario argentino no escapa a una tendencia global: en otros países, llevar la variación del índice de precios a un solo dígito anual demandó varios años.
Si bien la tasa de inflación registró una fuerte reducción desde el pico de 25,5% de diciembre de 2023 hasta el 2,1% de julio de 2026 y el equipo económico logró achicar la variación interanual de tres dígitos a la zona de 30%, la trayectoria experimentó oscilaciones desde el desembarco de Javier Milei en la Casa Rosada.
A partir de mayo de 2025, cuando el IPC arrojó 1,5%, comenzó un sendero ascendente que tocó su punto cúlmine con el 3,4% de marzo de 2026. En los tres meses siguientes la inflación retomó una dinámica bajista, que se vio interrumpida por la estadística de julio, con el impulso estacional del rubro Esparcimiento y Recreación.
En paralelo, al observar el comportamiento de los números interanuales, se aprecia un amesetamiento por encima del 30%, un piso difícil de perforar para la administración libertaria. La mayor parte de los pronósticos de consultoras proyectan que 2026 cerraría con una inflación por encima del 30 por ciento.
En ese contexto, las cifras oficiales evidencian un proceso irregular en la caída del ritmo al que suben los precios. De hecho, el consenso de los analistas advierte que este tipo de procesos no es lineal y que el tramo final, cuando se intenta consolidar la estabilidad en un dígito, suele ser el más desafiante.
Cuánto tardaron los países de América Latina
El análisis de los procesos de desinflación en América Latina muestra diferencias notables en los tiempos que cada país necesitó para reducir la inflación anual de niveles superiores al 30% hasta un dígito sostenido.
Ecuador y Brasil fueron los países que lograron este objetivo en menos tiempo, con apenas dos años entre su último año con inflación superior al 30% y el primero con un registro menor al 10%. México, Perú y Uruguay necesitaron cuatro años para alcanzar esa meta, mientras que Guatemala tardó seis años.
En el caso de Paraguay y Colombia, el proceso requirió nueve años hasta consolidar una inflación anual de un solo dígito. Chile, El Salvador y Honduras figuran entre los países que más tiempo demandaron para estabilizar sus indicadores, con un plazo de diez años entre ambos hitos. Estos datos reflejan la disparidad de experiencias y desafíos que enfrentaron los países de la región en sus estrategias para controlar y reducir la inflación.
"Lo cierto es que los procesos de desinflación no son lineales, y el tramo final suele ser el más difícil. La experiencia regional lo demuestra. Salvo Ecuador (dolarización, 2000) y Brasil (Plan Real, 1994), al resto de la región le llevó entre 4 y 10 años bajar la inflación desde niveles cercanos al 30% hasta un dígito de forma sostenida", analizó un informe de Ignacio Sniechowski, jefe de Research de IEB.
Brasil, principal economía del Mercosur, atravesó durante la década de 1990 un escenario de hiperinflación extrema, alcanzando picos superiores al 2.400% en 1993. En solo tres años, la inflación descendió bruscamente: 916% en 1994, 22,4% en 1995 y 9,56% en 1996. El "Plan Real" -que incluyó el ordenamiento fiscal, la captación de inversiones extranjeras y el lanzamiento de la Unidad Real de Valor (URV) como ancla nominal- resultó clave para estabilizar la economía y limitar la emisión del Banco Central.
En Perú, la crisis inflacionaria alcanzó un máximo de 7.481,66% en 1990. Si bien en 1991 la tasa bajó a 409,5%, el país necesitó seis años para estabilizar el índice en un solo dígito. El proceso incluyó un régimen de flotación cambiaria, un programa de desdolarización del sistema financiero y un plan fiscal orientado a la eliminación de exenciones, congelación de vacantes estatales y apertura comercial.
La trayectoria de Chile hacia la estabilidad de precios durante la década de 1970 fue un proceso gradual. El país logró reducir su inflación mensual promedio desde el 13% registrado en 1975 hasta el 2% en 1978, periodo que demandó tres años. Posteriormente, las autoridades requirieron un trienio adicional para consolidar una inflación mensual inferior a un dígito, objetivo alcanzado mediante la implementación de un esquema de tipo de cambio fijo conocido como "la tablita".
Colombia enfrentó un escenario distinto durante los años 90. Aunque evitó los episodios de hiperinflación observados en otras economías regionales, el país mantuvo una inflación persistente superior al 2% mensual desde finales de la década anterior. El camino hacia la desinflación resultó prolongado: mediante la utilización de bandas cambiarias entre 1994 y 1999, seguidas por un régimen de flotación libre, el país completó una década de ajustes hasta lograr situar el incremento de precios por debajo del 1% mensual.
Una desinflación no lineal
Federico Filippini, jefe de Research de Adcap Grupo Financiero, explicó que la primera etapa de una desinflación suele ser más rápida: "Se revierten grandes shocks de precios relativos, se estabiliza la energía, se modera la inflación de bienes, se normalizan cadenas de suministro y se diluyen distorsiones asociadas a shocks externos. Eso puede hacer que la inflación headline baje relativamente rápido".
Sin embargo, Filippini destacó que la segunda fase de ese proceso acostumbra a ser más compleja ya que "el foco se traslada hacia los componentes más persistentes: alquileres, servicios médicos, seguros, servicios de transporte, salarios y otros precios no transables. Estas categorías tienden a ajustarse más lentamente porque están vinculadas a contratos, costos laborales, rentas y expectativas".
Y concluyó: "En Argentina, la desinflación sigue en marcha, pero el proceso luce cada vez menos lineal. La mejora es visible: tanto la inflación headline como la núcleo en julio se movieron hacia la zona de 2% m/m. Pero el proceso sigue mostrando idas y vueltas, con rebotes puntuales asociados a regulados, estacionales y servicios. Esto no implica una ruptura del proceso de desinflación. Sí sugiere que la convergencia será más lenta y menos lineal de lo que el mercado llegó a pricear algunas semanas atrás".
Un informe de Invecq subrayó que, si bien el Gobierno "ha mostrado un marcado optimismo respecto del proceso de desinflación, la evidencia sugiere que el proceso es largo y complejo".
"Reducirla de tres a dos dígitos suele ser relativamente rápido; sin embargo, converger desde esa zona a niveles de un dígito es mucho más desafiante. Los programas de estabilización de Chile (1975), Israel (1985), Polonia (1989) y Perú (1990) muestran que ese proceso demandó entre 6 y 20 años", concluyeron los analistas.
Fuente: El Diario de La Pampa
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