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El desprecio a Messi: la AFA escondió el homenaje y dejó solo al capitán

Lionel Messi puso punto final a la Selección Argentina. El día que nunca deseamos llegó y nos golpeó el pecho para siempre. Se nos fue. No lo veremos más con los colores más lindos. No encabezará más la fila con la mirada desafiante y se acabaron las arengas de líder. De capitán.…

Por Antonella Letizia7 min de lectura
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El desprecio a Messi: la AFA escondió el homenaje y dejó solo al capitán
El desprecio a Messi: la AFA escondió el homenaje y dejó solo al capitán · Foto: Tiempo de San Juan

Tengo el corazón roto, Messi. Siento angustia, nostalgia de no verte y ya no tengo ganas de prender la tele cuando juegue la Selección. Y sé que hay que apoyar a los pibes, a tus compañeros, pero duele. Cuesta. Entendeme también. Entendenos. Nadie sabe cómo hacer. Tenía muchas ganas de escribir las sensaciones que me dejó tu despedida. Sentí bronca, que no estuvo a la altura nada de lo que pasó en el Monumental. No te merecías absolutamente nada del homenaje pobre, sin sabor y tibio que la AFA supuestamente tenía preparado para vos. Quedó "chiqui"to todo. Y no me digas que no te fuiste un poco decepcionado. Lo percibí. Tu cara "rara", de tomar la iniciativa, de no saber que hacer. Eras el agasajado y terminaste siendo el organizador de tu propia fiesta. Asqueroso reconocimiento al mejor del mundo. Horrible. Y por como te fuiste, ni siquiera se si me dolió más tu despedida de la Selección o cómo te fuiste del Monumental: en silencio. Sin luces. Solo sonriendo a tus amigos, levantando los brazos a tu gente y junto a tu familia. No me gustó. Perdón.

Había pasado más de un mes desde que Leo escribió con puño y letra esas tres cartas anunciando su alejamiento de la Selección. Desde ese mismo día y tras el apoyo de "Chiqui" Tapia, no tengo dudas de que se empezó a gestar su despedida. Los chiches, sus amigos, los diferentes homenajes aquí, allá. Y todo lo que hacen grande estos 21 años de Messi con la Selección. Este hermoso vínculo de amor que por la noche del martes le puso fin en un Monumental estallado. 

No se preparó un partido despedida, sino que "desde el vamos" fue un partido amistoso de fecha FIFA para despedirlo. De ahí empezó todo mal. Benín estaba enfrente: el mismísimo país soberano que limita al este con Nigeria, al oeste con Togo, al norte con Burkina Faso y Níger, y al sur con el golfo de Guinea. Unos morochos gigantes de más de dos metros que no se achicaron y la pusieron difícil.Le taparon todo a Leo, los centrales no lo dejaron respirar y el arquero Marcel Dandjinou, que ataja en el fútbol de Sudáfrica, se lució. Hermano, dejate convertir un gol por él, es Messi. Su último tango. ¿Ahora venís a hacer el partido de tu vida?

Finalmente y después de tanto buscarlo aparecieron los gritos. El Monumental necesitaba que se destrabara la situación y quien estuvo para resolver fue uno que también ya no está más. Nicolás Otamendi apareció como en los viejos tiempos por el área chica, conectó un centro de Lionel Messi y puso el 1-0 de la noche. Gracias, General. Te extrañamos con los colores más lindos. Pero sé que estás bien y el fútbol argentino te sienta bien. 

Nicolás Paz fue el autor del segundo y otra vez Messi. Encaró como siempre, dio el pase de tres dedos para que el "Europibe" y medio español ponga el 2-0. El rubio lo gritó con el Monumental, pero en su festejo salió a buscarlo a él. Lo señaló y se fundió en un abrazo. Nunca nadie será su sucesor, pero Paz tiene cositas y hasta en un momento se puso en discusión que la bendita camiseta "10" iba a quedar en sus brazos. Todavía falta. Por ahora -y para siempre- le pertenece. 

A casi 20 minutos del final, llegó lo que tanto esperábamos. Una tremenda patada a Giay fue la carta que necesitábamos para que se despertara la bestia. Casi con una sonrisa tímida, Leo agarró la pelota y puso sobre el punto penal la pelota del amistoso. No le tembló nada y como para asegurarla le pateó fuerte al arquero que esa noche en la que debía ser su noche, le sacó todo. Hasta las imposibles. Lo cambió por golazo. Y gritalo Messi. Fue el último con esta camiseta. Se sintió raro festejarlo, porque sentimos más como un choque de tristeza que de alegría. No estaba feliz, capitán. Nadie en en el mundo tiene que haber gritado ese gol con alegría. 

Goleada, Messi figura de la noche y el tiempo que se consumía. "Que no pite el final que se nos va", se repite en los libros populares de fútbol haciendo referencia a la nostalgia por el fin inevitable de una era. Pará, capitán, ¿Y si lo pensás mejor? Quedate. Un tango más. 

Nada hubo que hacer. Llegó el silbatazo final y se acabó. Las lágrimas comenzaron a caer y Leo quedó parado en el medio de la cancha. Miró a las tribunas y Levantó los brazos. Buscó a los suyos. Y entonces pasó algo que todavía cuesta entender: Messi empezó a organizar su propia despedida. Es que no había nadie que pareciera indicarle qué hacer. No hubo una gran puesta en escena para el hombre que durante 21 años llevó a la Selección a lugares que parecían imposibles. No hubo una imagen a la altura. Leo agarró el micrófono después de que La Sole le cantara, habló, miró a su gente y se quedó ahí, en el centro de todo, tratando de entender cómo despedirse de una camiseta que fue su vida.

Sus compañeros estuvieron. Fueron su pilar de principio a fin. Lo acompañaron como amigos y como parte de esa historia que construyeron juntos. Pero esa noche no les correspondía a ellos organizar el homenaje. La responsabilidad era otra. Era de la AFA. Era de quienes durante años estuvieron usando la imagen de Messi. Lustrando cada copa, comentando en sus festejos y siendo parte de "la foto". Y ahí apareció la gran pregunta de la noche: ¿Dónde estaba Claudio "Chiqui" Tapia? No estaba.

Mientras más de 82 mil argentinos cantaban por Messi, el presidente de la AFA había elegido otro lugar.Los hinchas lo buscaron, lo señalaron y lo despidieron con un grito que retumbó en cada rincón del Monumental: "Chiqui Tapia botón". Y después se supo que los homenajes, las distinciones y las fotos que supuestamente eran parte de la despedida habían quedado puertas adentro, escondidos en el gimnasio del estadio. ¿De qué se escondieron? ¿De los hinchas? ¿Chiqui tuvo miedo que el hincha argentino lo abucheara?

Mientras Tapia no aparecía, Messi hacía todo. Él solito se encargó de todo: saludó, habló, improvisó. Y hasta le puso punto final a un "show que no armó". El mejor jugador del mundo terminó siendo el animador de su propia fiesta y eso fue lo más triste. 

Y como frutilla del postre, el papelón de Sancor Seguros, la inoportuna publicidad armada y gestada por la misma gente de la AFA. Los drones aparecieron en el cielo y, cuando todos esperaban que comenzara el homenaje, apareció el logo de una empresa. Hubo silbidos. Hubo bronca. Hubo críticas. Y aunque molestó, la culpa no fue de la cooperativa de seguros. Una marca hizo lo que hacen las marcas: aprovechar un espacio que le dieron.

El problema fue que alguien decidió que ese era el momento. Ese no era un espacio publicitario. Era el último escenario de Messi con la Selección Argentina. Por eso duele tanto. Porque no se fue solamente Messi. Se terminó una parte de nosotros. Se terminó la espera de cada convocatoria, la ilusión de verlo entrar a una cancha con la camiseta argentina, la alegría de cada tiro libre y la certeza de que en algún momento podía inventar algo que nadie más en el mundo podía hacer.

Y cuando finalmente llegó el momento de despedirlo, cuando teníamos la oportunidad de devolverle aunque fuera una mínima parte de todo lo que él nos dio, lo dejamos solo. O mejor dicho, la AFA le soltó la mano. 

Messi se fue con su familia. Con sus amigos. Con sus compañeros. Y con 82 mil personas gritándole que lo aman. El amor de la gente no se mide, ni se analiza en un escritorio. Mucho menos se organiza en un gimnasio ni se esconde. Pero para el "Chiqui" estuvo bien y él mismo fue quien mostró las imágenes después en sus redes. Orgulloso. Totalmente desentendido de la gente. De lo que se siente.

Messi no necesitaba que la AFA lo hiciera gigante. La AFA necesitaba estar a la altura de Messi. Lo dejaron solo. Se fue solo.



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Fuente: Tiempo de San Juan

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