El eclipse lunar bajo uno de los cielos más limpios del mundo y a través de todos los sentidos
El cielo calingastino volvió a ejercer de cómplice para disfrutar de un fenómeno que concentró la atención de todos. Aunque esta ocasión resultó especial con una copa de vino y un ambiente de camaradería. Por Daiana Kaziura y Jorge Balmaceda Bucci. Fotos: Gabriel Iturrieta

El eclipse lunar que captó la atención de toda América y que se pudo vislumbrar desde San Juan, se vivió de un modo particular en un rincón de la provincia, bajo uno de los cielos más limpios del mundo y a través de todos los sentidos.
La Bodega Alta Bonanza de los Andes y Almuerzo de Campo ofrecieron la posibilidad de disfrutar el fenómeno celestial de un modo diferente en Calingasta. Allí, se conjugó una reunión de turistas que se hicieron amigos, buen vino, platos originales y con productos locales mientras la luna comenzaba a cubrirse.
Pasada la medianoche, la propuesta se alejó de la larga mesa para ocupar un lugar en el cerro, donde dos telescopios y un guía de turismo astronómico esperaban a los visitantes.
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Mientras el brillo de la Luna se apagaba por la sombra de la Tierra, las siluetas de los observadores que se proyectaban sobre el terreno comenzaron a desaparecer.
En paralelo, las estrellas centelleaban cada vez con mayor intensidad sobre el cielo. Entonces, el especialista aprovechó para ir contando secretos estelares. Los usos de la Cruz del Sur para calcular puntos cardinales y horarios, la diferencia entre las estrellas y los planetas y las constelaciones formaron parte de la explicación del experto y las consultas de los visitantes.
Entonces llegó el momento cúlmine, la Luna que se transformaba en una bola cada vez más rojiza se cubrió casi por completo y el eclipse tocó su punto máximo.
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Bajo esas imágenes y sonidos, apareció nuevamente el gusto y el aroma. Silvina Battistoni llegó con sus tés Batti, que combinan sabor y textura con productos calingastinos. Y el calor de las tazas llevó alivio al frío nocturno en la montaña sanjuanina.
Así, todo se combinó: sentidos, camaradería y un cielo que se despejó en el momento justo, se conjugaron para ofrecer un escenario único.
Fuente: Tiempo de San Juan
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