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El empleo formal pierde terreno y crece la cantidad de trabajadores con ingresos insuficientes

Tener un empleo registrado dejó de garantizar ingresos suficientes y estabilidad laboral para una parte creciente de los trabajadores argentinos. La pérdida de puestos formales, el cierre de empresas, la caída del salario real y el avance de la informalidad conforman un escenario que alcanza especialmente a jóvenes, mujeres y personas que fueron desplazadas hacia […]

Por Leandro De Mora6 min de lectura
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El empleo formal pierde terreno y crece la cantidad de trabajadores con ingresos insuficientes
El empleo formal pierde terreno y crece la cantidad de trabajadores con ingresos insuficientes · Foto: Primera Edición

Tener un empleo registrado dejó de garantizar ingresos suficientes y estabilidad laboral para una parte creciente de los trabajadores argentinos. La pérdida de puestos formales, el cierre de empresas, la caída del salario real y el avance de la informalidad conforman un escenario que alcanza especialmente a jóvenes, mujeres y personas que fueron desplazadas hacia ocupaciones más precarias.

Informes elaborados por el Banco de la Provincia de Buenos Aires (Bapro), el Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL), el Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPyPP) y el Centro de Economía Política Argentina (CEPA) coinciden en señalar un deterioro persistente del mercado de trabajo desde el inicio de la gestión de Javier Milei.

Si bien los estudios utilizan fuentes, períodos y metodologías diferentes, todos reflejan una misma tendencia: disminuyen las empresas y los puestos registrados, mientras aumenta la proporción de personas que deben recurrir al trabajo informal, al cuentapropismo o al pluriempleo para sostener sus ingresos.

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Los datos del Sistema Integrado Previsional Argentino correspondientes a mayo de 2026 muestran que durante ese mes se perdieron 6.971 puestos registrados. Frente a noviembre de 2023, la reducción acumulada alcanzó a 337.365 trabajadores formales.

El sector privado completó, además, doce meses consecutivos de retroceso. Las mayores caídas interanuales se concentraron en la industria manufacturera, con una disminución del 4,5%, y en el comercio, con una baja del 3,1%.

La contracción tampoco tuvo un comportamiento uniforme en todo el territorio. Desde noviembre de 2023, solamente Neuquén y Río Negro mostraron creación neta de empleo, mientras que siete provincias acumularon retrocesos superiores al 10%.

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A la pérdida de puestos se sumó el debilitamiento de las remuneraciones. El salario real registrado por el SIPA se ubicó un 2% por debajo del nivel de noviembre de 2023 y la Encuesta de Indicadores Laborales de junio volvió a mostrar resultados negativos.

El relevamiento de CEPA, realizado a partir de información de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo, amplía el análisis hacia el entramado productivo. Entre noviembre de 2023 y mayo de 2026 dejaron de registrarse 30.633 empleadores, un promedio de aproximadamente 33 por día.

En ese mismo período se destruyeron 411.613 puestos registrados en unidades productivas, equivalentes a unos 450 empleos por jornada. Si se incorpora el trabajo en casas particulares, que perdió 30.133 puestos, la reducción del empleo privado registrado asciende a 441.746 personas.

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Las diferencias entre estas cifras y las correspondientes al SIPA responden a que los informes consideran universos laborales y metodologías distintas. Sin embargo, ambos indicadores muestran una contracción sostenida.

La industria, la construcción y el transporte fueron las actividades más afectadas. En términos relativos, la construcción sufrió una caída del 16,8% de sus puestos registrados.

El cierre de empresas se concentró principalmente entre las pequeñas y medianas unidades productivas. Según CEPA, el 99,78% de los empleadores que desaparecieron tenía hasta 500 trabajadores. Las compañías de mayor tamaño representaron apenas el 0,22% de las bajas empresariales, aunque explicaron el 61% de los empleos eliminados.

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De esta manera, mientras miles de firmas pequeñas dejaron de operar, un grupo reducido de grandes compañías mantuvo una participación significativa dentro del empleo registrado que permanece activo.

El informe número 944 de la Semana Económica del Bapro compara la situación actual con otras crisis recientes. Entre noviembre de 2023 y abril de 2026 se destruyeron más de 235 mil empleos asalariados privados registrados, una caída del 3,7%.

El retroceso supera al registrado entre 2018 y 2019, cuando la reducción fue del 2,7%. La diferencia radica en el comportamiento de la economía: durante aquella crisis el Estimador Mensual de Actividad Económica cayó 4,5%, mientras que en el período actual mostró un crecimiento acumulado cercano al 7%.

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Esto significa que la recuperación de la actividad no se tradujo en una expansión equivalente del empleo formal. Los sectores que impulsaron la mejora económica tienen capacidad limitada para incorporar grandes cantidades de trabajadores.

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El seguimiento de los movimientos laborales mediante los microdatos de la Encuesta Permanente de Hogares también muestra una pérdida de estabilidad. Según el Bapro, la posibilidad de que un asalariado privado registrado conserve esa condición durante un año cayó al 76%, el nivel más bajo de la última década.

Entre quienes abandonaron un empleo privado formal, más del 60% continuó dentro del mercado laboral. Sin embargo, la mayoría pasó a desempeñarse como asalariado no registrado o trabajador por cuenta propia.

Como resultado, la participación del empleo asalariado privado registrado dentro del total de ocupados descendió del 32,4% en 2024 al 30,5% en 2026.

El IERAL también advirtió que el ordenamiento de determinadas variables macroeconómicas todavía no se reflejó en una recuperación generalizada del mercado de trabajo.

Energía, minería, agroindustria y algunos segmentos exportadores presentan mejores perspectivas, pero su incidencia en la estructura laboral es reducida. En conjunto, representan alrededor del 3% del empleo total y el 7% del trabajo privado registrado.

Por esa razón, su crecimiento no alcanza para compensar las pérdidas en actividades vinculadas con el mercado interno, afectadas por la debilidad de los salarios y del consumo.

El salario real privado formal, después de recuperar parte de la caída registrada durante 2024, volvió a retroceder un 2,3% en 2026. En el sector público, la pérdida acumulada llegó al 23% real entre marzo de 2023 y marzo de este año.

Las diferencias provinciales también son marcadas. Neuquén encabeza la densidad de empleo privado formal con 219 asalariados registrados cada mil habitantes, impulsada por la actividad energética. Formosa, en cambio, registra solamente 37 por cada mil habitantes.

El IPyPP señaló que la tasa de desocupación del 7,8% correspondiente al primer trimestre de 2026 resulta insuficiente para dimensionar la fragilidad laboral.

Al sumar a las personas desocupadas y subocupadas, la subutilización de la fuerza de trabajo alcanza al 19% de la población económicamente activa. Si se incorpora a quienes tienen empleo, pero buscan activamente trabajar más horas o conseguir otra ocupación, la presión laboral llega al 23,7%.

Además, tres de cada diez desocupados llevan más de un año buscando trabajo. Entre los jóvenes de 18 a 24 años, la tasa de desempleo asciende al 19,5%.

Las mujeres también enfrentan mayores dificultades: su tasa de empleo es del 39,1%, unos 11,7 puntos por debajo de la masculina, mientras que la subutilización laboral alcanza al 21,5% de ellas, frente al 16,9% entre los varones.

La informalidad atraviesa distintas modalidades de ocupación. Alcanza al 65% de los cuentapropistas y al 37,9% de los asalariados. Entre los trabajadores jóvenes llega al 64%.

Las diferencias también se reflejan en los ingresos. Durante el primer trimestre de 2026, el promedio mensual de los ocupados rondó $1.076.056. Los cuentapropistas percibieron aproximadamente $524 mil y los asalariados informales, cerca de $700 mil.

Fuente: Primera Edición

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