El faraón cuyo asesinato tardó 3.000 AÑOS en resolverse
Alguien dentro del palacio quería eliminar a Ramsés III. La conspiración fue descubierta, los acusados fueron juzgados y llegaron las condenas. Pero el documento que registró el complot dejó fuera el dato más importante de todos. Una respuesta que permanecería oculta durante más de tres mil años.

Alguien dentro del palacio quería eliminar a Ramsés III. La conspiración fue descubierta, los acusados fueron juzgados y llegaron las condenas. Pero el documento que registró el complot dejó fuera el dato más importante de todos. Una respuesta que permanecería oculta durante más de tres mil años.
El faraón cuyo asesinato tardó 3.000 AÑOS en resolverse
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El faraón estaba rodeado de enemigos. No estaban al otro lado de las murallas ni avanzaban desde el desierto. Vivían dentro de su propio palacio.
Hacia 1155 a.C., Ramsés III llevaba más de tres décadas gobernando Egipto. Había defendido el reino frente a invasores y su figura aparecía en los templos como la de un soberano victorioso. Pero mientras las paredes de Medinet Habu celebraban sus triunfos, en el harén real se preparaba una conspiración destinada a decidir quién ocuparía el trono después de su muerte.
En el centro de la trama estaba Tiye, una esposa secundaria del faraón. Su objetivo era desplazar al heredero designado y colocar en el trono a su propio hijo, el príncipe Pentawere. No podía hacerlo sola. La conspiración necesitaba hombres capaces de abrir puertas que normalmente permanecían cerradas.
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Los documentos conservados muestran que la red alcanzó a funcionarios de la administración, miembros del harén y hombres próximos a la corte. No fue una discusión doméstica por la sucesión. Era un intento organizado de alterar el poder en uno de los Estados más poderosos de la Antigüedad.
La trama llegó incluso al terreno de la magia. Textos vinculados al proceso mencionan figuras de cera destinadas a debilitar a los guardias. En el Egipto de entonces no era un elemento fantástico: la magia podía concebirse como una herramienta real de poder y protección.
La conspiración terminó saliendo a la luz. Sabemos que sus participantes acabaron ante un tribunal. La principal fuente es el llamado Papiro Judicial de Turín, un manuscrito de más de cinco metros que conserva el Museo Egizio de esa ciudad. Allí aparecen los acusados, sus delitos y las decisiones tomadas contra ellos.
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Pero el documento tiene una particularidad extraordinaria.
Cuenta la conspiración sin decir claramente si Ramsés III murió a causa de ella.
Para la ideología política egipcia, admitir el asesinato del faraón significaba reconocer una ruptura extrema del orden que el soberano debía garantizar. El texto habla, acusa y
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condena, pero evita pronunciar de manera directa la frase que durante siglos habría resuelto el misterio.
Pentawere también cayó.
El príncipe que debía beneficiarse del complot fue sometido a juicio y obligado a enfrentar su propia condena. La conspiración había fracasado en su objetivo político: el heredero legítimo llegó al trono con el nombre de Ramsés IV.
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Sin embargo, quedaba una pregunta mucho más inquietante.
¿Había fracasado también el asesinato?
Durante generaciones, los investigadores tuvieron el relato del complot, los nombres de muchos de sus protagonistas y las consecuencias judiciales. Pero faltaba la prueba decisiva. La momia de Ramsés III era conocida y había sido examinada, aunque las gruesas capas de lino alrededor de su cuello ocultaban precisamente la zona donde se encontraba la respuesta.
La tecnología terminó viendo lo que los ojos no podían.
En 2012, un equipo de investigadores publicó en la revista médica The BMJ los resultados de estudios antropológicos, genéticos y de tomografía computada realizados sobre la momia del faraón. Las imágenes revelaron una lesión estremecedora: Ramsés III tenía un corte profundo y ancho en la garganta.
La herida había seccionado tejidos del cuello y alcanzado las vértebras. Los investigadores concluyeron que probablemente fue producida por una hoja afilada y que podía haber causado la muerte de manera inmediata.
Después de más de tres mil años, el cuerpo del faraón aportaba la evidencia que el papiro había evitado expresar.
Y había todavía un detalle más.
Dentro de la herida, los embalsamadores habían colocado un amuleto con forma de ojo de Horus. En la religión egipcia, aquel símbolo estaba asociado con la protección y la restauración. Quienes prepararon el cadáver no podían devolverle la vida, pero simbólicamente intentaron reparar para la eternidad el daño que había sufrido su cuerpo.
La ciencia también examinó una momia conocida durante años simplemente como el "Hombre desconocido E". Era un joven de unos 18 a 20 años, enterrado de una manera inusual. Los análisis genéticos indicaron que compartía la misma línea paterna con Ramsés III y apoyaron una relación de padre e hijo.
¿Era Pentawere?
Es una posibilidad fuerte, pero no una identificación absoluta. Los propios investigadores fueron prudentes: las circunstancias de su muerte no pueden establecerse con certeza. Esa diferencia entre lo probable y lo demostrado es importante, porque una buena historia no necesita convertir una hipótesis en un hecho para resultar fascinante.
Lo que sí cambió radicalmente fue la respuesta sobre Ramsés III.
La conspiración no consiguió colocar a Pentawere en el trono. Ramsés IV sucedió a su padre y los responsables fueron perseguidos. Políticamente, los conspiradores perdieron.
Pero todo indica que lograron llegar hasta el faraón.
Ramsés III había sobrevivido a guerras, invasiones y a uno de los períodos más convulsos del Mediterráneo oriental. Su nombre quedó grabado en piedra entre escenas de victoria destinadas a desafiar al tiempo. Sin embargo, el golpe que terminó con su vida no llegó desde un ejército extranjero.
Llegó desde dentro de su propia casa.
Durante más de tres mil años, un papiro contó la conspiración sin revelar con claridad si el asesinato había tenido éxito. La respuesta permaneció escondida bajo las vendas de una momia hasta que una tomografía atravesó el lino y encontró la herida.
A veces la Historia guarda silencio.
Pero los muertos también conservan pruebas.
SOBRE EL AUTOR Armando Godoy es creador de Historia que Nadie Te Contó, canal de YouTube dedicado a recuperar episodios y personajes poco conocidos del pasado.
Fuente: Diario de Cuyo
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