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El fútbol tucumano de luto: Murió Carlos "El Loco" Salinas, campeón del mundo con Boca

Carlos Horacio Salinas, el futbolista tucumano al que en su barrio llamaban "Semilla" y en el resto del país "el Loco", murió el martes 1° de septiembre en

Por Germán García Hamilton4 min de lectura
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El fútbol tucumano de luto: Murió Carlos "El Loco" Salinas, campeón del mundo con Boca - El · Foto: El Federalista

El mediocampista tucumano, nacido a cuatro cuadras de la cancha de San Martín, falleció el martes 1° de septiembre en Buenos Aires. Tenía 70 años. Formó parte del plantel xeneize que conquistó la Copa Libertadores y la Intercontinental en 1978.

Carlos Horacio Salinas, el futbolista tucumano al que en su barrio llamaban "Semilla" y en el resto del país "el Loco", murió el martes 1° de septiembre en Buenos Aires. Tenía 70 años: había nacido el 20 de febrero de 1956 en San Miguel de Tucumán, en Ciudadela, a cuatro cuadras de la cancha de San Martín, club en cuyas inferiores dio los primeros pasos formales.

La noticia circuló en las primeras horas de este miércoles entre hinchas de Boca Juniors —club que informó el deceso en su sitio oficial— y entre quienes recuerdan su origen en el oeste de la capital tucumana. En Tucumán y en Jujuy el apodo de infancia era "Semilla"; la prensa porteña lo bautizó "Loco", en parte por su carácter y en parte por la cercanía que cultivó con Hugo Gatti.

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Hijo menor de siete hermanos, de familia humilde —doña Angélica y don Francisco—, Salinas se formó en torneos infantiles de Tucumán Central, el Solar de los Deportes y el colegio Don Bosco. A los 14 años llegó a San Martín de Tucumán e integró el plantel de cuarta división dirigido por Carlos Antonietta. Su hermano Domingo Ricardo, futbolista y luego técnico, lo llevó a Gimnasia y Esgrima de Jujuy, donde no llegó a debutar en Primera. Una prueba como sparring ante la selección argentina le abrió las puertas de River Plate.

Debutó en el Millonario en 1974. Integró el plantel que, dirigido por Ángel Labruna, cortó en 1975 una sequía de 18 años sin títulos de Primera División: ganó el Metropolitano y el Nacional de aquel año. En El Monumental, tras un superclásico empatado, intercambió la camiseta con Marcelo Trobbiani y bajó a la confitería vestido con los colores de Boca, club del que era hincha desde chico. El gesto le valió inconvenientes y aceleró su salida. Pasó por Chacarita Juniors, donde fue figura entre 1976 y 1977, con 19 goles en 96 partidos.

En 1978 Juan Carlos Lorenzo lo pidió para Boca. En dos temporadas disputó 129 partidos y convirtió 18 goles. Fue pieza del equipo que conquistó la Copa Libertadores de 1978: anotó en las semifinales ante River (2-0 en El Monumental) y otro tanto en la final contra Deportivo Cali (4-0 en La Bombonera). Meses después, en Karlsruhe, Alemania, marcó el tercer gol del 3-0 sobre Borussia Mönchengladbach que consagró a Boca campeón de la Copa Intercontinental. Darío Felman y Ernesto Mastrángelo habían adelantado al xeneize; Salinas eludió a dos defensores y definió cruzado ante Wolfgang Kneib.

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"Soy una persona que nació para jugar al fútbol, en San Miguel de Tucumán, barrio Ciudadela, a 4 cuadras de la cancha de San Martín, de familia muy humilde, hijo de doña Angélica y don Francisco, el menor de siete hermanos. Una buena persona, una persona de bien." Carlos Horacio Salinas, en una entrevista con El Gráfico

El carácter que le valió el apodo también le costó una de las sanciones más extensas del fútbol argentino. El 5 de noviembre de 1978, en un partido ante Huracán, el árbitro Abel Gnecco lo expulsó. Salinas lo tomó del cuello. El Tribunal de Disciplina de AFA le aplicó 25 fechas de suspensión. "Cuando fui a declarar dije que no lo había agarrado, pero ahí me sacaron del cajón la foto de El Gráfico", relató años después.

En 1981 pasó a Argentinos Juniors. El 15 de agosto de ese año, en cancha de Ferro, convirtió el penal que le dio el triunfo al Bicho sobre San Lorenzo y precipitó el descenso del Ciclón a la Primera B Metropolitana. Luego vistió la camiseta de Independiente, jugó en Independiente Medellín y Deportivo Pereira, en Colombia; tuvo un paso por el fútbol indoor en Miami; regresó a Alumni de Villa María y a Racing de Córdoba, y se retiró en 1987 en Deportivo Junín, de Perú. En 1975 había integrado la selección argentina que obtuvo la medalla de bronce en los Juegos Panamericanos de México.

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Tras colgar los botines, la fortuna que había acumulado —llegó a hablar de dos millones de dólares, siete departamentos y dos automóviles BMW— se diluyó. Estuvo preso en Devoto por tenencia de estupefacientes; él sostuvo que no tenía relación con el tráfico y que lo habían involucrado por la compañía que frecuentaba. "En Devoto me trataron bien. Trabajaba en la cocina y todas las tardes armábamos picados. Aunque la cárcel siempre es un infierno", dijo. En los últimos años vivió en Caballito, con una pensión de la Mutual de Boca. "Estoy más solo que los suplentes de los Reyes Magos", le confesó a El Gráfico.

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Fuente: El Federalista

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