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"El milagro está en la donación": la historia del cirujano que participó en más de 90 trasplantes infantiles

El cirujano Horacio Vogelfang habló sobre la donación pediátrica, sus más de 90 trasplantes cardíacos y el vínculo que conserva

Por Gabriela Loreiro6 min de lectura
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“El milagro está en la donación”: la historia del cirujano que participó en más de 90 trasplantes infantiles
“El milagro está en la donación”: la historia del cirujano que participó en más de 90 trasplantes infantiles · Foto: Primera Edición

Cuando una cirugía cardíaca termina bien, muchas personas hablan de un milagro. Para el doctor Horacio Vogelfang, uno de los principales referentes argentinos del trasplante pediátrico, lo extraordinario no sucede dentro del quirófano: ocurre antes, cuando una familia que acaba de perder a un hijo decide donar sus órganos para que otro niño pueda seguir viviendo.

"El milagro para mí está en la donación de órganos", afirmó durante una entrevista con FM 89.3 Santa María de las Misiones, en la que repasó una trayectoria marcada por más de 90 trasplantes cardíacos y miles de operaciones por cardiopatías congénitas.

El médico explicó que los equipos trabajan bajo protocolos rigurosos y con una técnica cuidadosamente planificada. En un trasplante pueden intervenir alrededor de 20 profesionales, todos atravesados por una responsabilidad que excede el resultado médico o el desempeño personal.

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"No es miedo al fracaso, porque cuando uno habla de fracaso parece referirse a que al profesional no le fue bien. Siempre está el temor de que algo salga mal por ese paciente que, en ese momento, se está jugando todo", expresó.

Cada procedimiento exitoso no solo permite que continúe la vida de un niño. También contribuye a demostrarle a la sociedad que la donación de órganos es necesaria y que los trasplantes pueden mejorar la calidad de vida de pacientes que, sin esa posibilidad, no sobrevivirían.

Vogelfang reconoció que su relación personal con Dios entra en tensión cuando una intervención no tiene el resultado esperado. Los procedimientos se realizan siempre bajo los mismos protocolos, con tecnología, planificación y rigurosidad técnica. Por eso, cuando algo sale mal, la pregunta resulta inevitable. "Si hice lo mismo, si hice todo bien, ¿por qué este chico no y el anterior sí?", planteó. Frente a esa incertidumbre, sostiene una suerte de "pacto unilateral": dentro del quirófano, los profesionales asumen la responsabilidad de hacer su trabajo y no buscan explicaciones sobrenaturales.

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Aunque recordó que muchas cirugías para corregir malformaciones cardíacas congénitas son técnicamente más complejas que un trasplante, reconoció que este último conserva una espectacularidad difícil de ignorar. Sin embargo, para él, el verdadero acto extraordinario se produce cuando una familia toma una decisión solidaria en medio de una pérdida irreparable.

"Siempre es un niño o una niña quien fallece y dona sus órganos. Que una familia que está perdiendo a un hijo o una hija reconozca que puede ayudar a otros niños, creo que ahí hay algo milagroso", sostuvo.

Vogelfang integró el equipo que realizó en el 2000 un trasplante cardíaco pediátrico en el Hospital Garrahan. Aclaró que no fue el primero efectuado en Argentina, debido a que anteriormente se habían concretado procedimientos en una institución privada y en el Hospital de Niños Sor María Ludovica, de La Plata, a comienzos de la década de 1990.

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El programa platense se discontinuó y, al comenzar el nuevo siglo, no existía un hospital público pediátrico que ofreciera nuevamente esa prestación. En ese contexto, el procedimiento realizado en el Garrahan recuperó una importancia particular.

El proyecto había encontrado resistencias. Algunos sectores consideraban que la medicina pública no debía asumir una práctica de semejante complejidad o que no podría sostenerla debido a sus elevados costos. Por eso, el primer trasplante era decisivo. El equipo tenía la responsabilidad inmediata de salvar a la paciente, pero también sabía que un resultado negativo podía dificultar el desarrollo de un programa capaz de beneficiar a otros niños. La paciente era Sabrina, una niña de Bahía Blanca que cumplió nueve años cuando fue trasplantada. La intervención salió bien y permitió consolidar una experiencia que continuaría creciendo.

Actualmente, según calculó Vogelfang, el Garrahan ya superó los 120 trasplantes cardíacos pediátricos. En el ámbito privado, el Hospital Italiano de Buenos Aires también desarrolla este tipo de procedimientos y acumularía entre 45 y 50 intervenciones.

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Los trasplantes cardíacos pediátricos siguen siendo poco frecuentes si se los compara con los realizados en pacientes adultos o con otros órganos. La compatibilidad depende, entre otros factores, del tamaño del corazón. En pacientes adolescentes, el órgano puede proceder de un donante algo mayor. En los niños pequeños, necesariamente debe provenir de otro niño.

Vogelfang explicó que el corazón enfermo suele dilatarse durante los meses o años de evolución de la enfermedad. De esa manera, abre un espacio dentro del tórax capaz de albergar posteriormente un órgano de mayor tamaño que el original.

La trayectoria del cirujano comenzó en el Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, de Buenos Aires, junto al doctor Guillermo Kreutzer, a quien definió como el maestro de la cirugía cardíaca infantil argentina y un profesional reconocido internacionalmente.

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Tras la inauguración del Garrahan, ingresó mediante concurso al servicio de cirugía cardiovascular. Durante muchos años, el equipo operó entre 400 y 500 pacientes anuales.

Vogelfang precisó que una intervención no depende de una sola figura: habitualmente participan tres cirujanos. Uno conduce la técnica, otro trabaja frente a él con una responsabilidad igualmente importante y un segundo ayudante permite que ambos desarrollen el procedimiento.

Entre los corazones que pasaron por sus manos se encuentra el de Stefy Vier (foto), cuya madre, Claudia, acompañó la entrevista en los estudios de la radio. Vogelfang la operó por primera vez cuando tenía pocos días de vida. Stefy había nacido con una cardiopatía congénita que requirió una secuencia de tres cirugías destinadas a corregir, dentro de lo posible, el funcionamiento de su corazón.

Con el tiempo, la técnica comenzó a fallar y el órgano empezó a claudicar. Fue entonces cuando necesitó un trasplante. Vogelfang no pudo realizarlo porque ella ya había superado los 18 años y, debido a las reglas de admisión del Garrahan, tuvo que recibir el órgano en una institución especializada en adultos.

"Era una luchadora por la alegría y por la vida. Es una paciente que está siempre presente", expresó el médico.

El cirujano admitió que las historias de los pacientes no pueden separarse de la vida de quienes los operaron. Entre las miles de personas que atendió, conserva especialmente el recuerdo de 30 o 40. Muchas son aquellas que no sobrevivieron. "Los pacientes que se van, que se pierden, son los que quedan", resumió.

Ese vínculo con la memoria también aparece en El corazón en la mano, el libro que publicó a fines del año pasado. La obra surgió después de su retiro del Garrahan, una salida que lo afectó profundamente porque consideraba al hospital como "su lugar en el mundo".

La escritura se convirtió en una forma de procesar esa despedida. Con la orientación del periodista y escritor Javier Sinay, comenzó confeccionando una lista de nombres, fechas, lugares y situaciones que aparecían en su memoria. Entre esos primeros nombres estaba el de Estefi. Luego desarrolló cada recuerdo hasta convertirlo en un relato sobre su trayectoria, pero también sobre la historia de la cirugía cardiovascular infantil y los trasplantes en la Argentina.

"Fue algo catártico que me ayudó muchísimo", reconoció Vogelfang sobre un libro cuyo título reúne los dos sentidos que atravesaron su vida profesional: la angustia de esperar un resultado y la experiencia literal de sostener el corazón de un niño entre sus manos.

Fuente: Primera Edición

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