El Mortero: de unas limas tiradas en el suelo a un negocio próspero
El Mortero nació en San Javier a partir de una producción de limas que no encontraba mercado. Hoy trabaja con más de 40 familias...

Ezequiel Miño y Lautaro Páez, enviados especiales
Hay viajes que comienzan siguiendo un mapa y otros que simplemente nacen de una visita. Para Guido Nizzoli, ingeniero agrónomo oriundo de Quilmes, el destino cambió en 2010 cuando llegó a San Javier. En el sur de Misiones encontró algo que no esperaba: tierras fértiles, un clima privilegiado y la posibilidad de empezar de nuevo.
"Vine a San Javier para visitar a una amiga y terminé consiguiendo unas chacras que pude comprar. En ese momento eran muy baratas y decidí instalarme acá", recuerda.
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Lo que parecía una escala más en su recorrido profesional terminó convirtiéndose en el lugar donde echaría raíces y comenzaría a escribir una historia. Junto a un grupo de amigos, compró una chacra con plantaciones de lima Tahití. Al recorrer el lugar encontró una postal tan llamativa como preocupante: cientos de limas cubrían el suelo. El precio que recibían los productores era tan bajo que ya no valía la pena cosecharlas.
"Ahí pensé que había que buscar otra alternativa para aprovechar esa producción y que no volviera a pasar lo mismo", cuenta.
La primera idea fue elaborar jugo de lima. Pero antes de invertir decidió hacer un estudio de mercado. Con una muestra del producto viajó a Buenos Aires y pidió una reunión con la cadena de heladerías Freddo. El gerente de compras no solo mostró interés por el jugo de lima, sino que le habló de una necesidad mucho mayor: las frutas tropicales escaseaban en el mercado argentino.
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"Esa charla me marcó el camino. Pensé que si una heladería tenía esa demanda insatisfecha, multiplicado por todas las heladerías y empresas del país había un mercado muy interesante para explorar".
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Con esa certeza regresó a Misiones y reunió un grupo de inversores. En 2015 compraron una nueva chacra y pusieron en marcha El Mortero, con un objetivo claro: producir pulpas de frutas tropicales de estación congeladas para abastecer a heladerías, reposterías e industrias alimenticias.
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Con el paso de los años el grupo inicial fue cambiando hasta quedar dos socios al frente del emprendimiento: Guido, responsable de toda la producción en San Javier, y Sabrina Giménez, quien coordina la comercialización y la distribución desde Buenos Aires hacia el resto del país. Once años después, la empresa continúa creciendo y ampliando su catálogo.
La elección de San Javier nunca fue casual. "Misiones tiene un potencial extraordinario para este tipo de frutas. La idea siempre fue desarrollar la producción local y comercializarla desde Buenos Aires al resto del país", explica Guido.
Aunque El Mortero es hoy una marca consolidada, su funcionamiento depende de una extensa red de productores. Más de 40 familias misioneras cultivan maracuyá y otras frutas tropicales.
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Cada cosecha llega a la fábrica ubicada en San Javier, donde las frutas son lavadas, desinfectadas, procesadas y congeladas a -18º, preservando todas sus características.
Luego comienza otra etapa igual de importante: la logística. Los productos viajan en camiones térmicos hasta el centro de distribución que la empresa posee en Buenos Aires y desde allí parten hacia prácticamente todo el país.
Actualmente las pulpas elaboradas en San Javier llegan a Neuquén, Mendoza, Córdoba, Santa Fe, Catamarca, Tucumán, La Rioja, Ushuaia y decenas de ciudades más.
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El producto estrella de la empresa es el maracuyá, que representa cerca del 50% de las ventas.
Pero el crecimiento no se detiene. Además de las pulpas congeladas y frutas cortadas en cubos o rodajas, El Mortero desarrolla una línea de mermeladas tropicales: de guayaba, mango y maracuyá, frutos rojos y frutilla. También prepara el lanzamiento de jugos elaborados con pulpas y de dulces de corte, ampliando la oferta con productos elaborados íntegramente en Misiones.
Quien hoy recorre las instalaciones de El Mortero encuentra cámaras frigoríficas, líneas de procesamiento y una logística que conecta San Javier con casi todas las provincias argentinas. Sin embargo, el origen del proyecto sigue siendo sorprendentemente simple. Todo comenzó con unas limas que nadie cosechaba. Lo que para muchos era una pérdida inevitable, para Guido Nizzoli fue la señal de que existía una oportunidad.
"A veces una crisis te obliga a pensar distinto. Si esas limas no hubieran estado tiradas en el piso, probablemente El Mortero nunca habría existido".
Y así, desde una chacra misionera y con el trabajo conjunto de decenas de productores, una idea nacida al pie de un árbol terminó llevando el sabor de las frutas tropicales de San Javier a las mesas de todo el país.
La fábrica de El Mortero se encuentra sobre la ruta provincial 2, antes de ingresar al ejido urbano de San Javier.
Desde el cruce de la ruta provincial 4 y la ruta provincial 2, se debe seguir por esta última alrededor de 3,5 kilómetros… a la mano derecha se encuentra la fábrica. Allí se podrá conseguir frutas congeladas, en trozos o pulpa, mermeladas, mandioca y pedidos especiales.
Para conseguir los productos de El Mortero, se puede llegar hasta la fábrica, ubicada sobre la ruta provincial 2 en San Javier. También a través del sitio web del emprendimiento elmortero.com.ar o por Whatsapp al 1135956104 o al 3754473306 (de la fábrica). En Posadas, se puede conseguir en el Mercadito Saludable de Itaembé Guazú (Las Azaleas casi Las Golondrinas).
El circuito comienza en el vivero, donde se producen las plantas frutales. Estas son trasladadas al campo, donde se cultivan y producen las frutas.
Las cosechadas llegan a la fábrica, que funciona con apoyo de paneles solares. Allí se elaboran productos como pulpas y cubos congelados, que luego son enviados al área de distribución y finalmente al mercado para su comercialización.
Durante el procesamiento industrial también se generan subproductos. Las cáscaras de las frutas son enviadas a un destilador, donde se transforman en esencias frutales.
Por otra parte, los residuos orgánicos de la fábrica se destinan a un criadero de mosca soldado. Las larvas permiten obtener dos productos: por un lado, alimento para animales y, por otro, humus o sustrato orgánico, que regresa al vivero para nutrir las plantas y cerrar el ciclo productivo. En conjunto, el esquema refleja una economía circular.
Fuente: Primera Edición
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