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El Niño alcanzaría una intensidad histórica en diciembre: qué pasará con las lluvias y las temperaturas en la Argentina

Los modelos climáticos anticipan que el fenómeno alcanzará su máxima intensidad hacia diciembre y podría extender sus efectos hasta abril de 2027. El Litoral concentra las mayores probabilidades de precipitaciones por encima de lo normal, aunque también se esperan consecuencias e…

Por Santiago Mendieta4 min de lectura
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El Niño alcanzaría una intensidad histórica en diciembre: qué pasará con las lluvias y las temperaturas en la Argentina
El Niño alcanzaría una intensidad histórica en diciembre: qué pasará con las lluvias y las temperaturas en la Argentina · Foto: La Gaceta

Resumen para apurados

El fenómeno de El Niño atraviesa una etapa de intensificación y las proyecciones meteorológicas anticipan un escenario de especial atención para la Argentina durante los próximos meses. El calentamiento de las aguas del océano Pacífico ecuatorial podría alcanzar niveles extraordinarios hacia diciembre, en un episodio conocido como Super Niño, con posibles consecuencias sobre las lluvias, las temperaturas y el comportamiento de los principales ríos del país.

Las previsiones advierten que el impacto podría prolongarse durante todo el verano y extenderse hasta febrero de 2027, con un panorama marcado por precipitaciones abundantes, tormentas severas y episodios de calor extremo, especialmente en la región del Litoral.

El Niño se produce cuando las temperaturas superficiales del Pacífico ecuatorial superan considerablemente los valores habituales. Esa alteración modifica los patrones atmosféricos y repercute sobre las condiciones meteorológicas de distintas partes del mundo.

En la actualidad, el indicador Niño 3.4, utilizado para medir la temperatura del agua en una zona clave del océano, registra valores cercanos a los 3 °C por encima del promedio. Detrás de este incremento se encuentra una importante reserva de agua caliente acumulada debajo de la superficie marina, que libera energía hacia las capas superiores y favorece el desarrollo del fenómeno.

Las estimaciones internacionales coinciden en que el fenómeno mantendrá una intensidad muy elevada durante los próximos meses. Un análisis del International Research Institute for Climate and Society, dependiente de la Universidad de Columbia, encontró coincidencias entre los 22 modelos meteorológicos evaluados: todos proyectan que El Niño permanecerá en la categoría de "muy fuerte" durante el verano.

Por su parte, las previsiones del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio contemplan que el calentamiento del Pacífico podría alcanzar un máximo de 4,1 °C en diciembre. De concretarse, se trataría de un episodio de intensidad excepcional dentro de los registros disponibles.

El organismo también asignó una probabilidad del 100% a la continuidad de estas condiciones al menos hasta abril de 2027.

Sin embargo, una mayor intensidad del fenómeno no implica que todas las localidades vayan a experimentar inundaciones o daños de la misma magnitud. El meteorólogo Mauricio Saldivar explicó que El Niño incrementa las posibilidades generales de que se registren condiciones meteorológicas adversas, pero que sus consecuencias pueden variar considerablemente de una provincia a otra.

Los pronósticos para el período comprendido entre noviembre y marzo ubican a Entre Ríos, Corrientes, Misiones, Chaco y Formosa entre las provincias con mayores probabilidades de recibir precipitaciones superiores a los valores habituales.

De acuerdo con las proyecciones difundidas por el sitio especializado Meteored, la evolución de las lluvias en esa zona será determinante para el comportamiento de los ríos y el riesgo de anegamientos.

No todos los cursos de agua responden de la misma manera ante un aumento de las precipitaciones. El río Uruguay puede experimentar crecidas rápidas y pronunciadas, que requieren alertas tempranas y respuestas urgentes. El Paraná, en cambio, suele elevar su nivel de forma más gradual, aunque transporta volúmenes de agua considerablemente mayores.

En el resto del país, las perspectivas son diferentes. Para el oeste de Cuyo, La Pampa, el sudoeste de Buenos Aires y el noreste de la Patagonia, las señales de precipitaciones por encima de lo normal son más débiles, según los datos del Servicio Meteorológico Nacional.

La posibilidad de lluvias intensas no es el único aspecto que genera atención. El fenómeno también puede favorecer episodios de temperaturas extremas y olas de calor, por lo que las condiciones del próximo verano podrían combinar distintos factores de riesgo.

No obstante, los registros de los últimos 50 años muestran que muchas de las inundaciones urbanas más graves ocurrieron durante fases neutras del clima. Un ejemplo fue la gran crecida del río Paraná en 2014, que evidencia que los eventos extremos no dependen exclusivamente de la presencia de El Niño.

En el Litoral, las consecuencias podrían ir desde anegamientos en sectores bajos hasta inundaciones de mayor magnitud. Uno de los antecedentes más significativos es el episodio de 1997-1998, cuando las crecidas de los ríos provocaron 32.800 evacuados y afectaron a casi 290.000 personas.

Estos antecedentes permiten dimensionar los posibles escenarios, aunque no constituyen una predicción de que se repetirá un evento de características similares.

El impacto de El Niño también tendrá una dimensión económica, especialmente en las zonas agrícolas. La mayor disponibilidad de agua puede favorecer las perspectivas de la campaña de granos gruesos, pero las precipitaciones excesivas representan un riesgo para los cultivos y la infraestructura rural.

Los campos anegados y los caminos deteriorados pueden complicar las tareas de siembra, el traslado de maquinaria y la logística de la producción.

Entre las áreas que requieren especial seguimiento se encuentran el norte de La Pampa, el sur de Córdoba y la cuenca del río Salado bonaerense. En esos sectores, el nivel de las napas ya se encuentra cerca de la superficie, una condición que aumenta la vulnerabilidad frente a nuevas lluvias.

Ante este panorama, algunos productores evalúan adelantar la siembra de maíz y soja en los lotes más elevados y con mejores condiciones de drenaje, para reducir la exposición a posibles excesos de agua durante las etapas iniciales de los cultivos.

Las próximas actualizaciones de los pronósticos permitirán precisar la evolución del fenómeno y sus posibles efectos regionales. Mientras tanto, las proyecciones ubican al verano 2026-2027 como un período que requerirá especial atención tanto de las autoridades como de los sectores productivos y las comunidades expuestas a crecidas e inundaciones.

Fuente: La Gaceta

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