El otro lado del modelo educativo de Singapur: excelencia en PISA y castigos físicos en las escuelas
Singapur lideró las pruebas PISA 2025, pero desde 2027 permitirá castigos físicos a alumnos desde los 9 años ante faltas graves.

Singapur volvió a quedar en el centro de la atención internacional por sus resultados educativos. En la edición 2025 de las pruebas PISA, cuyos resultados fueron difundidos esta semana por la OCDE, el país asiático se ubicó nuevamente entre los sistemas de mejor desempeño del mundo. Pero detrás de ese modelo que suele ser exhibido como ejemplo de excelencia académica convive una práctica que resulta difícil de imaginar en buena parte de Occidente: el castigo corporal a estudiantes varones continúa permitido por la legislación educativa de Singapur.
La normativa no es nueva. Las Education (Schools) Regulations establecen que las alumnas mujeres no pueden recibir castigos corporales, mientras que en el caso de los varones se autoriza el uso de una vara ligera sobre las palmas de las manos o sobre los glúteos por encima de la ropa. La sanción solo puede ser aplicada por el director de la institución o bajo su autorización expresa.
La disposición tiene décadas de vigencia. De hecho, versiones oficiales de la reglamentación publicadas en los años 90 ya contenían prácticamente la misma redacción. Por eso, no se trata de una práctica incorporada recientemente al sistema educativo. Lo que cambió este año fue el contexto en el que volvió a adquirir protagonismo: el Gobierno reforzó su política disciplinaria frente a casos graves de bullying y otras conductas consideradas severas, y el uso del caning volvió a aparecer como una de las sanciones posibles.
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La discusión llegó incluso al Parlamento, donde se cuestionó expresamente la posibilidad de aplicar este tipo de castigos a niños de apenas nueve años.
El contraste adquiere mayor dimensión al observar los resultados académicos. Según la OCDE, Singapur obtuvo en PISA 2025 563 puntos en matemática y 535 en lectura, posicionándose entre los países y economías de mayor rendimiento del relevamiento internacional. En matemática solo fue superado por el conjunto de regiones chinas Beijing-Shanghai-Jiangsu-Zhejiang, que alcanzó 612 puntos, mientras que Singapur encabezó el desempeño en lectura.
Los resultados vuelven a confirmar una tendencia sostenida del sistema educativo singapurense, caracterizado por una fuerte formación docente, currículas exigentes, evaluaciones constantes y una cultura escolar altamente competitiva. Sin embargo, sería incorrecto establecer una relación causal entre esos resultados y la utilización de castigos físicos.
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La OCDE no atribuye el rendimiento académico de Singapur al régimen disciplinario ni al uso del caning. Los factores que explican el desempeño educativo son múltiples y abarcan desde la calidad de la enseñanza y la formación de los docentes hasta las condiciones socioeconómicas, la organización escolar y las políticas públicas.
La propia evaluación PISA también muestra otras características del sistema. Más del 73% de los estudiantes de Singapur declaró que disfruta aprender cosas nuevas en la escuela y alrededor del 69% señaló que realiza un esfuerzo adicional cuando las tareas se vuelven difíciles.
La legislación introduce además una distinción explícita por sexo. El artículo 88 de las regulaciones escolares establece directamente que "el castigo corporal no debe administrarse a alumnas". En cambio, autoriza su aplicación sobre estudiantes varones mediante una vara ligera. La propia existencia de esa diferencia forma parte de las controversias que rodean al sistema.
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También hay límites sobre quién puede aplicar la sanción: cuando una escuela cuenta con más de un docente, el castigo debe ser administrado por el director o por una persona expresamente autorizada por él. La regulación, por lo tanto, no plantea el castigo corporal como una facultad libre de cualquier maestro, sino como una medida disciplinaria formal dentro de la estructura institucional.
Durante este año, el Gobierno de Singapur revisó las herramientas disponibles frente al bullying y otros episodios graves de indisciplina escolar. En ese marco, el caning volvió a aparecer como una sanción extrema dentro de un esquema que contempla otras medidas previas, como advertencias, detenciones, suspensión de clases o reducción de la calificación de conducta.
La discusión pública creció cuando el Parlamento abordó específicamente los posibles efectos psicológicos de aplicar castigos físicos a alumnos pequeños, incluso desde los nueve años. La posición oficial ha sido que esta herramienta debe utilizarse de manera excepcional y dentro de protocolos definidos, especialmente cuando otras medidas disciplinarias hayan resultado insuficientes.
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El debate expone así una de las contradicciones más llamativas del modelo educativo de Singapur: un sistema extremadamente moderno en términos tecnológicos y académicos mantiene simultáneamente una práctica disciplinaria con profundas raíces históricas. Y mientras sus estudiantes continúan ocupando los primeros lugares en las evaluaciones internacionales, el uso del castigo corporal sigue generando preguntas acerca de hasta dónde puede llegar la disciplina en nombre del orden escolar.
Fuente: Agencia de Noticias NA, OCDE y Singapor Statutes Online
Fuente: Primera Edición
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