El Papa que recorrió a caballo los Valles Calchaquíes: la gira pastoral de Robert Prevost por Tucumán en
› El entonces prior general de los agustinos recorrió Amaicha del Valle, Colalao y las ruinas de Quilmes en 2004; como obispo de Chiclayo enfrentó inundaciones, pandemia y la llegada masiva de migrantes venezolanos.

En agosto de 2004, cuando aún era prior general de la Orden de San Agustín (cargo que ocupó entre 2001 y 2013), el sacerdote estadounidense Robert Francis Prevost realizó una gira pastoral de más de dos semanas por la Argentina. Ocho de esos días los consagró a la Prelatura de Cafayate, jurisdicción que abarca comunidades de Salta, Tucumán y Catamarca en los Valles Calchaquíes. El periplo, que incluyó traslados a caballo por parajes áridos y cordilleranos, lo llevó a Amaicha del Valle y Colalao del Valle (Tucumán), las Ruinas de Quilmes, Santa María (Catamarca) y Cafayate (Salta).
El fraile español Pablo Hernando Moreno, quien misionó más de cuatro décadas en la zona y llegó en 1970 a la Prelatura, fue su acompañante principal. "Fui a buscarlo a Salta en mi auto y viajamos a Cafayate", recordó años después. El traslado se hizo en un Ford Falcon. Durante el trayecto, Prevost quedó maravillado por la Quebrada de las Conchas y no dejó de preguntar. Permaneció dos días en Cafayate y luego recorrió Angastaco, San Carlos y Molinos (Salta), Amaicha del Valle y Colalao del Valle (Tucumán), las Ruinas de Quilmes y Santa María (Catamarca), donde visitó el Colegio San Agustín. También se menciona paso por San José. En total, ocho días en el valle y unos 15 en el país, que incluyeron además Buenos Aires y Mendoza.
En Buenos Aires participó del Congreso Agustiniano de Teología, inauguró la Biblioteca Agustiniana en Villa Pueyrredón (con presencia de monseñor Mario Poli) y concelebró una misa el 28 de agosto —día de San Agustín— en la parroquia homónima de Recoleta, presidida por el entonces arzobispo Jorge Mario Bergoglio. Hernando Moreno, que no estuvo en esa misa, conserva una fotografía de aquel encuentro hallada años después entre las pertenencias del obispo Cipriano García.
Durante el recorrido norteño, Prevost celebró misas, visitó parroquias y comunidades rurales, y se reunió con sacerdotes. "Nos escuchaba y alentaba a seguir misionando en la zona del Valle Calchaquí, a trabajar con la gente sencilla con entusiasmo y mucho valor", contó Hernando. A los curas más jóvenes les dijo que "debemos saber ocupar cada uno nuestro lugar". El religioso español destacó especialmente la llegada a Colalao del Valle: "El Papa visitó el último lugar del Jardín de la República", porque "está al límite de las provincias de Salta y Tucumán". Existen fotografías que lo muestran montado a caballo en esos paisajes.
Las anécdotas que conserva Hernando Moreno son precisas. Prevost viajaba con una computadora portátil —poco habitual entonces en el interior— y preguntó si había cancha de tenis en Cafayate, uno de sus deportes favoritos. Quedó impresionado por las quebradas, degustó empanadas tucumanas y salteñas, el vino de Cafayate (Torrontés) y el dulce de leche. En Catamarca probó las capias, pasta de harina de maíz. "Todo lo que le invitabas lo tomaba con mucho cariño", recordó. Años después, al reencontrarse en Roma, el hoy pontífice seguía mencionando Cafayate y aquel vino. Las comunidades rurales del valle le despertaron nostalgia de sus años de misionero en Perú.
Una década más tarde, en mayo de 2014, Prevost regresó a Cafayate para la ordenación y consagración episcopal de monseñor José Demetrio Jiménez como obispo prelado, ceremonia celebrada el 10 de mayo en la Bodega Encantada. También cruzó a Santa María y compartió con la comunidad del Colegio San Agustín.
La experiencia pastoral de Prevost se forjó principalmente en Perú, donde llegó en 1985 a los 30 años y permaneció largos períodos (Chulucanas, Trujillo y otras zonas). En noviembre de 2014 el papa Francisco lo designó administrador apostólico de la Diócesis de Chiclayo; fue ordenado obispo el 12 de diciembre de ese año y asumió plenamente en 2015. Obtuvo la nacionalidad peruana ese mismo año. Permaneció hasta 2023, cuando fue llamado a Roma como prefecto del Dicasterio para los Obispos.
Su estilo fue el de un "pastor que sale y se involucra con el sufrimiento de la gente". Manejaba él mismo, recorría las 50 parroquias de una diócesis de 1,2 millones de habitantes y visitaba comunidades serranas de difícil acceso que muchos sacerdotes locales no habían conocido. "Nunca tuvo chófer. Al principio nos daba miedo que se fuera por caminos difíciles él solo", contó Janinna Sesa, entonces directora de Cáritas Chiclayo.
Ante el fenómeno de El Niño de 2017 se plantó en zonas anegadas con botas y agua hasta las rodillas. Impulsó la recolección de unas 60 toneladas de ayuda, la entrega de módulos de vivienda y la atención a más de cuatro mil damnificados. Las parroquias funcionaron como depósitos. En 2022-2023, ante nuevas inundaciones y dengue, repitió la presencia directa.
Durante la pandemia promovió la campaña "oxígeno para la esperanza" y logró fondos para instalar dos fábricas de tubos de oxígeno medicinal. También impulsó comedores; uno de ellos, fundado en 2019 para personas en situación de pobreza y migrantes, sigue funcionando y alimenta a unas 80 personas diarias.
La llegada masiva de migrantes venezolanos a partir de 2017 marcó su episcopado. Creó la Comisión de Movilidad Humana y Trata de Personas, que ayudó a regularizar a más de 4.000 personas (la mayoría venezolanas), facilitó convalidaciones de títulos, acceso a salud y educación, y combatió la explotación sexual de mujeres vulnerables. Gestionó albergues y comedores; bendijo viviendas en Puerto Etén. "Gracias a la Iglesia y a monseñor Prevost muchos venezolanos pudimos emprender pequeños negocios, crecer y, en mi caso, revalidar mi título de profesora", dijo la docente Lisbeth Díaz. Colaboradores lo describen como alguien que "se ponía en primer lugar como migrante" y que conectaba personalmente con autoridades migratorias.
Además creó una Comisión de Ecología Integral inspirada en Laudato Si', impulsó la participación laical y mantuvo cercanía con familias y adolescentes en colegios diocesanos. "Hoy día, en Chiclayo hay una pastoral social gracias a monseñor Robert", resumió Yolanda Díaz Callirgos, quien trabajó con él. En su primer discurso como León XIV saludó a "su querida diócesis" de Chiclayo.
La travesía de 2004 por Amaicha, Colalao, Quilmes y Cafayate, sumada a casi tres décadas de vínculo con el Perú, configuran el perfil pastoral de quien hoy ocupa la cátedra de Pedro: un hombre formado en el contacto directo con comunidades rurales, con la pobreza y con los flujos migratorios del continente.
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Fuente: El Federalista
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