El particular plan para resucitar árboles y proteger la historia de la provincia
Especialistas buscan conservar ejemplares que guardan relatos, memoria y patrimonio. La comunidad puede aportar información sobre árboles que merecen ser protegidos.

Hay árboles que forman parte del paisaje cotidiano y otros que, aunque parecen inmóviles y silenciosos, conservan historias que atraviesan generaciones. Están en plazas, parques, calles, fincas y pequeños pueblos. Algunos fueron testigos de acontecimientos históricos; otros representan la identidad de una comunidad o son especies de enorme valor biológico. También están aquellos que, por su edad o estado sanitario, necesitan ayuda urgente para no desaparecer.
En San Juan, un equipo de especialistas trabaja para identificar, estudiar y proteger esos ejemplares. El objetivo es que los árboles que tienen una importancia especial para la provincia no queden expuestos al deterioro o a intervenciones que puedan ponerlos en riesgo. Pero el proyecto va un paso más allá: también busca que algunos de ellos puedan reproducirse y que sus historias sigan creciendo mucho después de que sus troncos originales hayan desaparecido.
La iniciativa se llama "Árboles Notables de San Juan: relevamiento y valorización patrimonial" y esta semana dio un paso institucional importante con la firma de un convenio entre la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional de San Juan, el Gobierno provincial y la Fundación EOS Naturaleza y Patrimonio. Sin embargo, el trabajo ya había comenzado mucho antes de ese acto.
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Desde el Herbario Provincial Saile Echegaray, dependiente del Museo de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la UNSJ, las licenciadas en Biología Mariángeles Gaviorno y Andrea Abarca coordinan un equipo integrado por profesionales egresados y estudiantes que recorre distintos puntos de la provincia para conocer el estado de esos árboles y determinar cuáles necesitan atención prioritaria.
El proyecto parte de una idea sencilla, aunque fundamental: no todos los árboles importantes son necesariamente los más grandes, los más antiguos o los más conocidos. Un ejemplar puede destacarse por pertenecer a una especie poco frecuente, por su tamaño, por su antigüedad o por sus características biológicas. Pero también puede tener un valor histórico, cultural, paisajístico o afectivo para una comunidad.
En el relevamiento preliminar aparecen algunos nombres reconocidos, como el árbol de la Celda de San Martín, la palmera de dos brazos y el pino de Benavidez. Sin embargo, uno de los objetivos centrales es encontrar también aquellos ejemplares que todavía no forman parte del conocimiento general y que podrían estar pasando inadvertidos. "Hay otros que son menos conocidos, que a veces pueden escapar del radar. Así que estamos recabando esa información", explica Gaviorno.
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La importancia de protegerlos, sostiene la especialista, está directamente relacionada con la memoria de los pueblos. "Si no los cuidamos como necesitan, después se mueren y con ellos se pierden también un montón de relatos y de historias en la sociedad que están vinculadas directamente con los árboles".
Por eso, el proyecto no pretende mirar únicamente la especie o sus características biológicas. También busca comprender qué representa cada ejemplar para las personas que viven cerca, qué historias se cuentan sobre él y por qué su presencia forma parte de la identidad de un lugar.
Hasta el momento, el relevamiento preliminar permitió identificar entre 40 y 50 árboles o conjuntos arbóreos distribuidos en diferentes zonas de San Juan. Esa lista continúa creciendo a medida que aparecen nuevos datos y se incorporan ejemplares sugeridos por la comunidad.
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El trabajo de campo incluye la georreferenciación de cada árbol y el registro de parámetros que permiten conocer su estado real. Los especialistas toman medidas, estudian su altura y diámetro, observan sus condiciones biológicas y realizan un diagnóstico sanitario para detectar plagas, enfermedades o problemas estructurales.
Una rama excesivamente inclinada, una falla mecánica o un deterioro que parece menor pueden convertirse en un riesgo importante si no se interviene a tiempo. "En función de eso priorizamos los árboles que necesitan una acción inmediata", explica Gaviorno.
La lógica es similar a la de un sistema de triage hospitalario: cuando los recursos son limitados y el volumen de trabajo es grande, primero se atiende a los ejemplares que presentan mayor riesgo de sufrir un daño irreparable.
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Entre los casos que permiten comprender cómo funciona esta estrategia aparecen dos algarrobos de Jáchal. Uno de ellos es el algarrobo de Buenaventura Luna, que necesitó una poda urgente y cuya intervención fue coordinada con el municipio. El otro es el algarrobo de Chacho Peñaloza, afectado por un incendio en 2021. En este último caso, el trabajo no se limita a intentar conservar el árbol original. También se establecieron medidas junto al municipio para proteger los retoños que surgieron después del incendio.
Es una de las particularidades del proyecto: no existe una única solución para todos los ejemplares. Cada árbol requiere una evaluación y, según su situación, puede necesitar poda, seguimiento sanitario, protección de sus brotes o estrategias de reproducción.
Y para que esas acciones sean posibles, la participación territorial es indispensable. "Nosotros vamos a viajar a ver todos los árboles, pero los viajes son puntuales para hacer estos relevamientos, incorporar los árboles y, en función de eso, establecer articulaciones estratégicas entre las instituciones", señala la bióloga.
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En ese esquema, los municipios tienen un papel fundamental. Son quienes trabajan cotidianamente en el territorio y cuentan con cuadrillas de poda y personal que puede intervenir cuando los especialistas detectan una necesidad concreta. La propuesta busca que los conocimientos científicos y los recursos disponibles en cada institución se complementen, en lugar de trabajar de manera aislada.
Otro aspecto que distingue al proyecto es que la mirada no está puesta exclusivamente en ejemplares individuales. También se relevarán conjuntos de árboles y espacios verdes que tienen una importancia histórica, paisajística o ambiental para la provincia. Entre los sitios mencionados aparecen el Escudo del Jardín de los Poetas, los árboles de la Plaza Laprida y el conjunto arbóreo del boulevard de la Avenida Rawson, frente al Hospital Rawson.
En estos casos, el valor no necesariamente está concentrado en un único tronco. Puede encontrarse en la composición del espacio, en la historia del lugar o en los servicios ambientales que esos árboles brindan a la ciudad. "Si no estuvieran, la zona cambiaría mucho", explica Gaviorno al referirse al boulevard de la Avenida Rawson.
Uno de los componentes más curiosos del proyecto aparece cuando los especialistas hablan de reproducir los árboles notables. Mientras se estudia su estado y se buscan estrategias para conservarlos en el lugar donde crecieron, también se trabaja en la posibilidad de obtener nuevos ejemplares a partir de ellos.
Para eso, el equipo del Herbario Provincial Saile Echegaray articula con el Vivero de Plantas Nativas de la Facultad de Ciencias Exactas. La propuesta contempla dos caminos: la reproducción mediante esquejes y la obtención de nuevos individuos a partir de semillas. En el primer caso, se busca obtener una copia genéticamente idéntica del árbol original. En el segundo, se generan nuevos ejemplares que conservan la herencia genética de la planta madre, aunque no son clones.
Ambos procedimientos persiguen una misma finalidad: que el patrimonio vivo de San Juan no dependa exclusivamente de la supervivencia de un único árbol. De esta manera, un ejemplar que tiene cientos de años podría dar origen a nuevas plantas que, con el tiempo, continúen representando su historia en otros espacios. No se trata de reemplazar los árboles originales, sino de sumar herramientas para conservar su legado.
Aunque el convenio se firmó esta semana, la propuesta tiene un antecedente concreto: un algarrobo en Huaco. A partir de una primera acción puntual sobre ese ejemplar se elaboró un informe destinado a la Dirección de Patrimonio de la provincia. La Fundación EOS Naturaleza y Patrimonio recuperó ese material y, a partir de allí, comenzó a impulsar un proyecto más amplio para rescatar y valorizar los árboles patrimoniales. Así se conformó el equipo de trabajo que hoy reúne a especialistas de la Universidad, organismos provinciales, la fundación y actores del territorio.
Pero Gaviorno también destaca que esta preocupación tiene raíces más antiguas dentro de la biología sanjuanina. Menciona especialmente a Justo Márquez, quien trabajó durante años en la Secretaría de Ambiente y en la carrera de Biología de la UNSJ. Durante las décadas de 1980 y 1990, impulsó un Concurso de Árboles Notables que invitaba a la comunidad a postular y votar ejemplares destacados de sus localidades.
La experiencia dejó una enseñanza que hoy vuelve a ser central para el proyecto: "No se puede cuidar lo que no se conoce", señala la especialista. La frase resume una de las apuestas más importantes de esta iniciativa: que la conservación no quede restringida a los especialistas, sino que se convierta en una tarea compartida con quienes conviven diariamente con esos árboles.
Siguiendo esa premisa, toda la información reunida a través del trabajo se incorporará a un inventario georreferenciado, integrado a un Sistema de Información Geográfica. Cada ejemplar o conjunto arbóreo tendrá una ficha con datos específicos, entre ellos su identificación taxonómica, ubicación, altura, diámetro, diagnóstico fitosanitario, estado estructural y antecedentes históricos y culturales.
Con esos datos se elaborará un catálogo provincial y un listado jerarquizado según criterios biológicos, sanitarios, históricos, culturales y paisajísticos. Esto permitirá ordenar las acciones de conservación y determinar cuáles necesitan una intervención prioritaria.
Además, el proyecto contempla la elaboración de un manual de buenas prácticas para el manejo y conservación de estos árboles y la gestión de al menos cuatro declaratorias municipales o provinciales que incorporen ejemplares al régimen de protección patrimonial. La idea es que el trabajo científico no termine en un informe guardado en un archivo, sino que se transforme en herramientas concretas para proteger el arbolado y orientar decisiones vinculadas al ordenamiento urbano y el patrimonio provincial.
A eso se sumarán materiales educativos para escuelas, acciones de divulgación y señalética inclusiva. En el futuro, incluso, algunos de estos lugares podrían formar parte de circuitos de turismo sostenible. "Cada lugar donde hay un árbol de estos se puede convertir en un sitio turístico", plantea Gaviorno. La intención es que conocer un árbol notable no implique solamente observarlo, sino también comprender qué historia representa y por qué vale la pena conservarlo.
Uno de los aspectos más importantes del proyecto es que el relevamiento no queda cerrado a los especialistas. La comunidad puede ayudar a encontrar ejemplares que todavía no forman parte del registro. Para eso no hace falta ser biólogo ni conocer el nombre científico de una especie. Alcanza con reconocer que hay un árbol que tiene una historia particular, que es muy antiguo, que pertenece a una especie poco frecuente o que representa algo importante para el barrio, el pueblo o la familia.
El equipo difundirá un formulario específico para recibir esos datos. Mientras tanto, quienes quieran aportar información pueden comunicarse a través del Instagram del Herbario Provincial Saile Echegaray, @herbariosj. Allí se pueden enviar mensajes, fotografías y datos sobre árboles que podrían ser incorporados al proyecto.
La convocatoria tiene un sentido que va más allá de reunir información científica. Busca recuperar una relación que muchas veces existe, aunque no siempre se reconoce: la que une a las personas con los árboles que crecieron junto a ellas.
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Fuente: Tiempo de San Juan
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