El partido que reivindicó a Leandro Paredes: 115 pases acertados, 11 recuperaciones y una jugada decisiva
El volante respondió a la confianza de Scaloni con una actuación que fue mucho más allá de las estadísticas y terminó siendo determinante en la remontada frente a Egipto.

Resumen para apurados
Iban 90 minutos, Argentina acababa de empatar un partido que durante más de una hora parecía perdido e intentaba terminar de inclinar la balanza a su favor. Pero todavía quedaba una última amenaza. Mohamed Salah condujo un contraataque que podía ser letal. Eran tres camisetas rojas contra una sola celeste y blanca. Leandro Paredes retrocedía mientras intentaba ganar tiempo. No salió desesperado. Esperó, aguantó el pase y cuando Mostafa Ziko decidió que era el momento justo para asistir a Trezeguet, el volante estiró apenas la punta del botín derecho e interceptó la pelota. Los hinchas argentinos festejaron ese quite casi como un gol. La ofensiva egipcia finalizó ahí y, probablemente, también su clasificación.
No aparecerá entre los goles del Mundial ni ocupará los principales resúmenes del partido. Sin embargo, esa acción explica mucho mejor que cualquier estadística por qué Lionel Scaloni decidió devolverle la titularidad a Paredes en uno de los partidos más importantes de la Copa del Mundo.
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Después de cuatro juegos con Alexis Mac Allister en el eje, el entrenador optó por modificar el medio campo. No buscaba sólo un cambio de nombres, Scaloni quería recuperar una función que Argentina había ido perdiendo con el correr del torneo: el equilibrio.
La Selección llegaba a los octavos con una certeza y una preocupación. La certeza era que seguía encontrando soluciones gracias al talento de Lionel Messi; la preocupación, que cada rival encontraba espacios para lastimarla. El equipo se partía demasiado rápido, sufría las transiciones y muchas veces obligaba a sus defensores a resolver situaciones de inferioridad numérica. Scaloni entendió el problema antes que el resto y encontró en Paredes al futbolista indicado para empezar a corregirlo.
El volante no ingresó sólo para romper líneas con sus habituales pases punzantes, ni mucho menos para decidir el partido con un gol. Entró para hacer un trabajo mucho menos vistoso y mucho más complejo: darle un eje a un equipo que necesitaba volver a ordenarse. Y vaya si cumplió.
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Los números terminan confirmando lo que el desarrollo del partido mostró con claridad. Paredes acertó 115 pases, recuperó 11 pelotas, completó el 97% de sus entregas y fue el futbolista argentino que más intervino en el juego. Pero reducir su actuación a una planilla sería injusto porque su verdadero aporte estuvo en otra parte.
Mientras Rodrigo De Paul, Enzo Fernández y Mac Allister encontraban libertad para adelantarse algunos metros, él permanecía detrás de la acción. Siempre ofrecía una línea de pase, siempre aparecía para darle una salida limpia al equipo y siempre estaba donde debía estar. Hizo simple un trabajo que muchas veces pasa inadvertido, pero que resulta indispensable para que el resto pueda jugar.
Eso no significa que Argentina haya solucionado todos sus problemas. Egipto igualmente encontró espacios, dominó largos pasajes del partido y volvió a desnudar falencias defensivas que la Selección arrastra desde el comienzo del Mundial. Pero la presencia de Paredes le devolvió al equipo algo que había perdido. El volante de Boca fue un punto de apoyo permanente en el centro del campo.
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La verdadera dimensión de su partido, sin embargo, apareció cuando Scaloni decidió jugarse el todo por el todo.
Con Argentina dos goles abajo, Cristian Romero dejó la zaga y pasó a jugar prácticamente como un centrodelantero. La apuesta era tan desesperada como lógica. Había que llenar el área. Alguien, entonces, debía ocupar el lugar que el "Cuti" dejaba vacante. Y ahí apareció Paredes.
Retrocedió varios metros, pasó a jugar prácticamente como último hombre y reorganizó la defensa sin necesidad de que nadie se lo pidiera. Cambió de posición en medio del partido, entendió lo que necesitaba el equipo y asumió una responsabilidad que muy pocos mediocampistas aceptan con semejante naturalidad. Claro; no era el momento de lucirse, sino de sostener a una Selección completamente lanzada al ataque. Por eso aquella jugada del minuto 90 termina teniendo tanto valor.
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Mientras todos recuerdan el centro de Messi para Romero, el zapatazo del capitán para el empate o el cabezazo de Fernández que selló la clasificación, hay una acción mucho menos vistosa que también explica la victoria. Esa punta de botín que evitó el pase de Ziko hacia Trezeguet mantuvo con vida a una Argentina completamente expuesta.
Sólo gracias a ese aporte pudieron llegar luego los abrazos y el desahogo.
"Vivimos durante 90 o 95 minutos un montón de sensaciones diferentes. Es parte de esto, es parte del fútbol y es parte de ser argentino también", resumió Paredes, antes de dejar un mensaje para los hinchas que también refleja el espíritu de este grupo. "Que sigan creyendo. Una vez más demostramos que esta Selección no los iba a dejar tirados".
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Durante un tiempo, Paredes perdió la titularidad, aceptó un rol secundario y entendió que el crecimiento de otros compañeros modificaba el mapa del medio campo argentino. Pero nunca dejó de prepararse. "Me entreno todos los días para sentirme titular", había dicho en la previa. Atlanta le dio la oportunidad de demostrarlo y él cumplió con creces.
Quizás dentro de unos años pocos recuerden ese cierre en el minuto 90. Todos hablarán de Messi, de la remontada y de una clasificación épica. Pero cuando Scaloni vuelva a mirar el partido, probablemente se detenga unos segundos en esa corrida de Paredes y en esa punta de botín que evitó el 3 a 2 de Egipto que hubiera sido determinante. Porque hay futbolistas que cambian un partido con un gol, mientras que otros lo hacen impidiendo que el rival lo gane. Justamente, en un Mundial, muchas veces esas dos cosas valen exactamente lo mismo.
Fuente: La Gaceta
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