El perfume del arándano anticipa una zafra que renueva las esperanzas de una familia de San Pedro
Ricardo Wernes y su familia esperan una campaña que, si el clima acompaña, podría superar los 2.500 kilos de fruta.

En una chacra de Colonia San Jorge, a ocho kilómetros de la zona urbana de San Pedro, la floración del arándano tiñe el paisaje de un delicado blanco rosado.
Allí, Ricardo Wernes y su familia esperan una campaña que, si el clima acompaña, podría superar los 2.500 kilos de fruta.
Más que un cultivo, el arándano se convirtió en el motor que transformó la vida de la familia y en una alternativa productiva para una época del año en la que la yerba mate y el té prácticamente no generan ingresos.Por estos días, entre el verde de los yerbales y las plantaciones de té, un suave tono blanco rosado comienza a sobresalir en el paisaje.
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Son las flores del arándano, que cubren las plantas con un perfume particular y anuncian una nueva temporada en una chacra de Colonia San Jorge, donde Ricardo Wernes lleva adelante el cultivo de esta fruta reconocida por su alto valor nutricional y cada vez más buscada por los consumidores.Así como la floración representa uno de los momentos más importantes del cicloproductivo, es una etapa delicada.
El arándano es una planta muy sensible a las heladas intensas y cualquier descenso brusco de temperatura puede comprometer la futura cosecha.
Por eso, el actual veranillo de invierno resulta clave para el desarrollo de las flores.Este año el frío se prolongó más de lo habitual y retrasó la floración, por lo que lasprimeras frutas recién comenzarían a madurar hacia mediados de octubre.
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A pesar de ello, la familia mantiene altas expectativas y espera alcanzar una producción superior a los 2.500 kilogramos en una hectárea de plantación."La única expectativa que tenemos es que no hele.
Si no llega una helada fuerte, calculo que este año vamos a superar los 2.500 kilos de fruta", expresó Ricardo Wernes a El Territorio mientras recorría la plantación junto a su esposa.Entre las flores que predominan, las plantas ya comenzaron a mostrar los primeros frutos en formación.
"Ya están empezando a desarrollar las primeras frutitas.
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Hay pimpollos que todavía no se abrieron, pero prácticamente todas las flores ya están abiertas.
Por la cantidad de flores creemos que vamos a sacar una muy buena producción con la hectárea que tenemos", estimó el productor.Producir arándano en Misiones, es casi una lotería por las condiciones del clima que puede servir de aliado o representar una amenaza.
El productor explicó que las temperaturas templadas favorecen la floración, aunque el verdadero riesgo aparece cuando las heladas llegan tarde, con la fruta ya formada.
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"Este veranillo hace que las flores exploten rápido, pero el problema es cuando llega una helada fuerte con la fruta desarrollada.
Ahí la cocina completamente y se puede perder toda la producción", alertó.Por ese motivo, agosto representa el período de mayor incertidumbre.
"Siempre elinconveniente lo tenemos alrededor del 20 de agosto.
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Si anuncian una helada fuert tenemos que cubrir las plantas con mantas, porque si no perdemos toda la cosecha.
Este año estamos viendo si conseguimos las mantas para protegerlas", expresó. Un cultivo que cambió la historia de la familiaHace algunos años el arándano era apenas una alternativa dentro de la chacra.
Hoy representa el principal sostén económico de la familia.
Mientras la yerba mate y el té atraviesan un escenario complejo por la caída de los precios y la escasa rentabilidad, esta fruta permite generar ingresos justamente en los meses donde las otras producciones permanecen prácticamente paralizadas.Durante la última campaña la familia cosechó más de 2.500 kilos, comercializados a un valor cercano a los 8.000 pesos por kilogramo, logrando vender la totalidad de la producción.
Para la familia el beneficio económico va mucho más allá de los números."Gracias a Dios hoy tengo una casa de material.
Año tras año fui invirtiendo lo que sobraba de la cosecha y así fuimos mejorando nuestra calidad de vida", señaló Ricardo con satisfacción.Werner reconoce que la fruta permitió concretar un sueño familiar que parecía lejano.
"Nosotros vivíamos en una casa de madera y hoy prácticamente tenemos terminada nuestra casa.
Siempre le digo a mi señora que no vamos a bajar los brazos porque el arándano nos dio muchísimo", afirmó.En las semanas de cosecha; tarea que se realiza manualmente con delicadeza, es una oportunidad laboral para otras familias.
Durante la última temporada participaron alrededor de 19 cosecheros, quienes cobraban por kilogramo recolectado, hubo días que llegaron a cosechar casi 500 kilos en una jornada.
Había gente que juntaba 20 o 30 kilos por día y justo en octubre y noviembre casi no hay trabajo porque la yerba está parada y el té recién empieza.
Con el arándano por lo menos podemos dar una mano a varias familias", destacó Ricardo.En lo que respecta el mercado, a diferencia de años anteriores viene en alza.
La producción se comercializa en el lugar de la plantación o mediante el reparto cliente por cliente que en cada nueva zafra son más los compradores atraídos por la calidad y las propiedades saludables de la fruta: "El que quiere conocer puede venir hasta la chacra.
Está muy cerca de San Pedro y también puede recorrer la plantación.
El precio es mucho más accesible que el arándano que viene de afuera y la fruta se vende recién cosechada".La mayor parte de los compradores son del municipio, aunque también reciben clientes de San Vicente, Oberá, Posadas, Montecarlo, Wanda, Eldorado, Ruiz de Montoya e Iguazú.
"No necesito salir a buscar mercados porque la gente viene.
Muchos probaron el arándano y después vuelven o lo recomiendan.
Gracias a Dios cada año aparecen nuevos clientes", dijo.Este año, cuando en el merado los 125 gramos de frutas rondan los $6.000, el productor ofrecerá el kilo a $10.000.
De estos pagará $2.000 el kilo de fruta para el cosechero.La recompensa de no rendirse ante el factor climáticoRicardo recuerda que años atrás, casi a dos décadas, San Pedro llegó a contar con una importante superficie implantada de arándanos.
Sin embargo, con el paso del tiempo la mayoría de los productores abandonó el cultivo.
"Antes éramos once productores y había unas 25 hectáreas plantadas.
Hoy prácticamente queda una hectárea y media.
Si todos hubieran seguido, nuestro municipio podría haber sido una potencia y dar trabajo a 200 o 300 personas durante la cosecha", comentpo. Mientras observa las plantas completamente cubiertas de flores, el productor vuelve a pensar en todo el camino recorrido.Para él, cada brote no representa solamente una futura fruta; simboliza años de esfuerzo, inversión y trabajo familiar.
"Para nosotros el arándano es mucho más que una fruta.
Gracias a él pudimos construir nuestra casa y darles un mejor futuro a nuestros hijos.
Cada cosecha es una alegría porque sabemos todo lo que significa para nuestra familia", concluyó.
Fuente: El Territorio
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