El peso del apellido, la pasión por la redonda y el clic para una nueva mirada
Diego Sperandío, sobrino del excampeón Daniel, aborda en su libro "Una pelota en la cabeza" el recorrido desde las expectativas del fútbol profesional hasta un punto de giro que redefinió su perspectiva vital

Diego Sperandío, sobrino del excampeón Daniel, aborda en su libro "Una pelota en la cabeza" el recorrido desde las expectativas del fútbol profesional hasta un punto de giro que redefinió su perspectiva vital
Por Luis Castro
Producción para LA CAPITAL/Andrés Mancini
Diego, sobrino de Daniel Sperandío, relató el tránsito complejo para ser futbolista.
Ricardo Giusti tiene su capítulo dentro del libro.
Sperandío, el del apellido de peso en el fútbol, junto a Ezequiel González y Mauro Marchano en su paso por Central.
El Chelito Delgado, presente dentro del camino Canalla.
El fútbol no sólo entrega alegrías y emociones, en la lógica vida de este deporte también conduce a momentos inesperados. Y no sólo por el hecho de triunfar, alcanzar la gloria o el sueño eterno de ser jugador profesional. Muchas veces se falla o se queda en el intento y unos pocos logran el cometido. Diego Sperandío, que lleva un fuerte apellido, conoce a la perfección esas sensaciones. A pesar de sus condiciones no abrazó en su totalidad esa carrera, aunque cumplió en parte sus deseos. Nunca se alejó de su pasión y, ya retirado, sigue ligados a las canchas, hasta que un momento le cambió el pensamiento, le hizo cambiar la mirada del presente y pensar de otra manera.
"Una vida jugando y pensando en el fútbol desde muy chico hasta que algo colapsa", dice aquel proyecto de futbolista que presentó su libro "Una pelota en la cabeza" precisamente para contar su propia historia y cuyos capítulos pueden haber sido transitados por muchos que buscaron el mismo fin deportivo.
El encuentro se concretó en la noche del jueves en un bar de la zona de barrio Refinería.
Diego es el sobrino de Daniel Sperandío, un apellido que rápidamente lleva a recordar el campeonato con Central, los títulos con River y el mundial juvenil del 79 con Diego Armando Maradona como figura. "No llegó a triunfar por ser un poco desorganizado, ja", lo define el exvolante oriundo de Coronel Bogado y que aún se mantiene activo con la redonda.
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Jugó en las inferiores de Central; probó suerte en Lanús; Correcaminos y Atlante (ambos de México), y se puso la camiseta de varios equipos de las ligas del interior. Pero siempre quedó en su memoria Mariano Moreno de su pueblo Coronel Bogado, donde tenía de ídolo nada menos que a Arsenio "Pomelo" Ribeca. En su recorrido en busca del éxito deportivo compartió la carrera con Ezequiel González, Mauro Marchano y Javier Muñoz Mustafá, entre otros tantos. Y tuvo como entrenador nada menos que al enorme Edgardo "Patón" Bauza.
"Soy un extra del fútbol", se define Diego, quien este jueves por la noche presentó su libro que nació después de un momento de tensión que vivió estando de vacaciones en Brasil. Un temblor raro, una tomografía, una meningioma de seis centímetros (tumor cerebral) detectado en el país vecino ("fue una película de terror") y una posterior operación para volver a ser el de siempre, pero mirando todo desde otro ángulo.
Precisamente en su libro relata su experiencia propia en "los vaivenes del éxito y de la derrota desde el lado B", como resumió el actual asesor inmobiliario y de inversiones para definir su motivo de incursionar por la escritura.
En la presentación del libro de un jugador que no alcanzó "salvarse", pero que conoció el mundo de la competencia y de los enormes obstáculos que se presentan a lo largo del andar rumbo al sueño eterno, estuvo acompañado por amigos famosos, celebridades y también otros no tanto pero que están en el mismo escalón de los afectos.
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Ricardo Giusti es una de las personalidades sobresalientes porque de Albarellos salió un campeón del mundo. "Nunca salió campeón en su pueblo", le endilgó Diego a uno de los principales líderes -junto a Daniel Sperandío- de la peña "Los históricos".
Petaco Carbonari, el Chelito Delgado y Javier Cámpora, entre otros, lo acompañaron en el evento que convocó a exjugadores y amigos de los distintos pueblos de la zona. "Tenía mucha salida, pero poca vuelta", definió el Cachorro Cámpora -en su rol de enorme goleador- a la hora de definir a un Sperandió bendecido por las condiciones técnicas, pero con escasez de voluntad de trabajo físico.
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"Nunca escribí en mi vida. Lo hago ahora, para encontrarme. Y no sólo conmigo", sintetizó Diego, un tipo noble, locuaz y divertido en una obra que buscó dejar en escena las dificultades que se transita en la carrera dentro del fútbol como sucede en cualquier otra profesión. Al final, cualquier amargura que el deporte pueda generar queda atrás cuando un problema de salud sacude la vida, "que vino a darme un cachetazo", y obliga a mirarlo todo desde otra perspectiva. De eso se trata.
Por Luis Castro
Por Luciano Venini, para La Capital
Por Elbio Evangeliste
Fuente: La Capital
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