El pez bayaco de Japón, que ganó notoriedad en la ciencia por, además de dibujar círculos en la arena, ser capaz de construir ninhos geométricos naturales
La ciencia revela que estas estructuras circulares de dos metros reducen la velocidad de las corrientes marinas en un 24% para proteger la zona de desove.

La ciencia revela que estas estructuras circulares de dos metros reducen la velocidad de las corrientes marinas en un 24% para proteger la zona de desove.
Este pez realiza verdaderas obras de arte en la arena.
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En las profundidades de la isla japonesa Amami shima, el pequeño pez bayaco de manchas blancas realiza una proeza de ingeniería. Durante nueve días ininterrumpidos, este animal utiliza sus aletas para excavar valles simétricos en el fondo marino, creando una arena circular perfecta de dos metros de diámetro que desafía la erosión constante del océano.
Este trabajo no es meramente decorativo. El macho golpea su cuerpo contra el sedimento y alinea surcos radiales con una precisión geométrica que sirve como un faro visual para atraer a las hembras. Si el diseño es impecable y la arena en el centro es lo suficientemente fina, la hembra depositará allí sus huevos para ser fertilizados por el constructor.
La arquitectura simétrica del nido cumple una función física indispensable ligada a la mecánica de fluidos. Las crestas externas actúan como barreras de disipación de energía que alteran directamente el comportamiento del flujo de agua. Al romper la inercia de la corriente de fondo, la estructura crea una zona de calma central donde los granos de arena más finos se acumulan de forma natural, ofreciendo un lecho estable y blando para la postura de la especie.
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Análisis técnicos publicados en Scientific Reports confirmaron que este diseño reduce la velocidad de la corriente en el punto central exactamente en un 24,2%. Este fenómeno de embudo de sedimentos garantiza que la zona de cría no sea invadida por restos orgánicos o arena gruesa del lecho externo, manteniendo la estabilidad mecánica necesaria durante el desarrollo de los embriones.
Una vez finalizado el ritual de apareamiento, el compromiso del macho se intensifica. Mientras la hembra se retira, él asume la responsabilidad total de la defensa del territorio y la oxigenación de los huevos. Durante este periodo, el progenitor ajusta constantemente la arena con su boca y aletas para evitar que los sedimentos se asfixien o queden cubiertos por detritos traídos por el agua.
Esta capacidad constructiva es un ejemplo de cómo la biología evolutiva utiliza principios de la mecánica para modificar el entorno. Aunque la creencia común sugiere que la estructura evita la dispersión física de los huevos, las investigaciones actuales demuestran que su éxito radica principalmente en la gestión del flujo hídrico y la calidad del sedimento central.
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La interacción entre este pequeño habitante y el lecho marino de Japón ofrece una nueva perspectiva sobre las estrategias reproductivas en los océanos. El mantenimiento de estos ritos ecológicos depende de la preservación de sus ecosistemas, donde la precisión geométrica sigue siendo la clave para la supervivencia de una nueva generación.
Fuente: Los Andes
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