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El precio que hay que pagar

Desde hace unos días estoy siendo víctima de una campaña mediática claramente financiada (sospecho por qué sectores de poder enfurecidos por mi trabajo en defensa de las víctimas). Se valen de mentiras fabricadas a medida para manchar la práctica profesional de la abogacía que de…

Por Redacción Diario Panorama4 min de lectura
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El precio que hay que pagar
El precio que hay que pagar · Foto: Diario Panorama

Desde hace unos días estoy siendo víctima de una campaña mediática claramente financiada (sospecho por qué sectores de poder enfurecidos por mi trabajo en defensa de las víctimas). Se valen de mentiras fabricadas a medida para manchar la práctica profesional de la abogacía que desde hace 21 años ejerzo ininterrumpidamente con la misma ética en representación de sobrevivientes de delitos sexuales.

Por Carolina Walker TorresPara Página 12

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Desde hace unos días estoy siendo víctima de una campaña mediática claramente financiada (sospecho por qué sectores de poder enfurecidos por mi trabajo en defensa de las víctimas). Se valen de mentiras fabricadas a medida para manchar la práctica profesional de la abogacía que desde hace 21 años ejerzo ininterrumpidamente con la misma ética en representación de sobrevivientes de delitos sexuales.

Voy a responder a esta campaña, como ya he respondido a otros ataques de la única forma que conozco: con más dedicación, compromiso y honestidad.

Tengo muy en claro que en el trabajo de las abogadas que representamos a víctimas y sobrevivientes, hay un precio a pagar. Se paga con angustias, con problemas de salud, con ira muchas veces. Estos ataques nunca se detienen.

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En la abogacía, como en otras profesiones quienes acompañamos víctimas infantiles de delitos sexuales, sean psicólogas, periodistas o médicas, sufrimos desde hace varias décadas un fenómeno que fue evolucionando cada vez más violentamente: el backlash. El backlash es la reacción de contragolpe a todas las conquistas de derechos. El contragolpe es ejercido por quienes pierden la impunidad de tratar a mujeres niñxs y otras poblaciones vulnerables como objetos de consumo sexual donde descargar su crueldad.

Cuando quienes sostenemos estas causas somos mujeres la violencia del ataque recrudece. Nos toca pelear contra sectores de poder que cada vez más se aferran a sus privilegios patriarcales arañando las paredes con todas sus fuerzas para no ser despojados. Esa violencia se dirige tanto a lxs sobrevivientes como a quienes acompañamos sus causas. Lo hacen con odio y con ensañamiento. Su único objetivo es negar la existencia del abuso y por lo tanto que los pedófilos y abusadores sexuales sean impunes. Las víctimas quedan de este modo en la soledad e inermidad absoluta.

No inventaron nada. Venimos peleando contra esto desde siempre.

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Hace unos años, cuando tomé la causa Baraldo, tuve al menos cinco denuncias en el Colegio de Abogados. Los abusadores denunciando a la abogada de las víctimas. En la querella había también un abogado varón, pero obviamente eligieron atacar a la mujer. Es de manual. Sin embargo la estrategia no les dio resultado: campañas mediáticas violentas fuertemente financiadas, amenazas directas en el baño de tribunales, marchas masivas en apoyo a los abusadores en las que se me insultaba. Pero seguí adelante. No pudieron esa vez. Y aunque siguen intentando amedrentarme continuaré trabajando con las mismas ganas y aún más fuerza.

Sería interesante que los colegios profesionales - como sí lo hacen con otras ramas de la abogacía - defiendan nuestro derecho a ejercer la profesión y a trabajar libres de violencia. Pero no lo hacen.

Hace unos días la Corte Suprema de Justicia de Santa Fe, rechazó la queja interpuesta por la defensa de Juan Trigatti, un docente santafesino condenado a 12 años de prisión por abusar sexualmente de 5 niñas. Unos días después la misma Corte, con una mujer a la cabeza – la única en una corte de 7 - inauguró una oficina de género. No es casual que estas campañas surjan ahora.

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Pero entendí siempre que el precio que debo pagar es éste.

Podría responder de la misma forma que lo hacen ellos. Porque en ciudades como ésta nos conocemos todos. Podría decir, por ejemplo, que son pseudoperiodistas conocidos por coimeros y por golpear mujeres con bebés en brazos, o que son ex jueces destituidos por desconocer el derecho y otros directamente por delincuentes, o colegas de dudosa reputación multisancionados y que suman clientes condenados cada día. Pero nada de eso diré. Ya se sabe.

Pago el precio. Y sigo con más fuerza .

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Al final del día, sé que los abusadores están presos. Y que un día el precio lo pagarán ellos.

Fuente: Diario Panorama

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