El regreso de Rubén Tomatis: una accidentada prótesis dental, la mirada de Yuyo Noé y el comienzo de una nueva etapa en su obra artística
El artista rosarino radicado en Neuquén desde 1974 vuelve a exponer en la ciudad después de más de veinte años. La muestra "T. Gregorio y su Rubén Tomatis" puede visitarse en el Centro Cultural Alberdi. En una entrevista con Diario RÍO NEGRO contó cómo descubrió la resina para sus obras.

Por Juan Mocciaro
Rubén Tomatis expone su obra en el Centro Cultural Alberdi de la ciudad de Neuquén.
Pasaron veinticinco años desde que el artista Rubén Tomatis mostró su obra por última vez. Casi los mismos que pasó sin crear. La espera terminó hace unos días cuando inauguró "T. Gregorio y su Rubén Tomatis", una muestra de dieciséis obras, entre pinturas y esculturas, que inauguró el primero de agosto en el Centro Cultural Alberdi (Alberdi 12, Neuquén).
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La muestra propone un recorrido por la producción de este singular artista nacido en Rosario, en 1948, y radicado en Neuquén desde 1974, cuya obra se inscribe dentro del informalismo. A través de pinturas y esculturas, Tomatis construyó un universo visual que reflexiona sobre la condición humana, la fragilidad de la existencia y los desafíos del mundo contemporáneo.
Uno de los rasgos más distintivos de su trabajo es el uso de resina acrílica, material con el que logra representar cuerpos y formas que parecen emerger y desintegrarse al mismo tiempo. Pero el hallazgo de este material fue accidental. En realidad, no. Fue por la mirada del artista. Aunque el accidente sí ocurrió.
Ocurre que Rubén Tomatis es odontólogo de profesión y, entretenido hablando con un paciente, olvidó que al lado estaba "cocinando" una prótesis dental para el bruxismo. Al retirar el material de la fuente de calor, Tomatis se sintió visualmente atraído por lo que había quedado de aquella pieza fallida.
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"Eso ocurrió probablemente en 1995", hace memoria. "Ahí es cuando empiezo a guardarlo. En vez de tirarlo, porque todo eso se tiraba, empecé a guardarlo".
"Un día, por un error mío, por hacer dos cosas al mismo tiempo, algo en lo que soy absolutamente ineficaz, me quedé charlando con un paciente mientras había un proceso que se estaba realizando en el taller contiguo al consultor. Y cuando me acordé, ya ese proceso que era el calentamiento de la placa de acrílico, se había pasado. La quité de la fuente de calor y la moví. La moví con mis manos, como jugando. Y cuando la moví con mis manos, dije ¡epa! este material me está diciendo algo, acá hay un potencial. Y lo volví a mover hasta que encontré una forma, como quien está haciendo una arcilla, pero con plástico. Y entonces la puse bajo la canilla y seguí trabajando. Y a la noche la miré, la miré y dije definitivamente esto tiene un potencial".
Hasta entonces, Tomatis solo pintaba. El descubrimiento de la resina acrílica como material para expresarse artísticamente lo iba a cambiar todo. Pero habría que esperar casi dos décadas para que ese material se tradujese en obra de arte. Y si fue su mirada -y su tacto, vale decir- la que produjo el hallazgo, será otra mirada la que lo estimuló a volver a crear. Esa otra mirada fue la de su querido amigo Luis Felipe Noé.
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"Yo llevaba 25 años sin exponer en Neuquén, y realmente de esos 25 años, 20 estuve inactivo, es decir, inactivo desde el punto de vista del hacer, pero no del mirar, no del observar. Después de la pandemia, durante la pandemia, las cosas se agravaron desde el punto de vista de que uno estaba encerrado en su departamento, o en su casa, y apenas se salía. Y ocurrió que, bueno, hubo un encuentro fortuito con un amigo, que era Luis Felipe Noé. Yo llevaba 15 años sin hablar con él. Y una hija mía lo pudo contactar, porque yo no tenía la experiencia o la sapiencia de los jóvenes para encontrar caminos de llegarle, yo me comunicaba con él con su teléfono fijo (risas). Y bueno, ella consiguió lo que yo no pude conseguir. Y entonces volvimos a hablar, volvimos a hablar de nosotros, y me preguntó qué estaba haciendo. Yo le dije que haciendo no estaba haciendo nada, pero que tenía algunas cosas que estaba pensando hacer y que cuando yo tuviera algo se lo iba a mostrar. Y bueno, siguió la charla , poco de arte, más de vivencias y de sentimientos, y de cosas de la vida cotidiana. Y bueno, hice algo en ese momento para él. Él, por supuesto, no lo sabía, y cuando lo estaba haciendo ocurrió que me di cuenta que estaba haciendo algo más interesante que lo que había hecho 20 años atrás, y con más potencial. Yo me daba cuenta.
"Y bueno, resultó que le llevé una escultura y se sorprendió, y me dijo 'hiciste tridimensional'. Le dije bueno, esta te la hice para vos. Y él la siguió mirando. Cuando otro artista, en vez de hablarte de tu familia y de todo lo que conoce de vos, sigue mirando la obra, vos ya sabes que hay algo que pasó, que le está pasando al otro, más allá de lo que él quiere preguntar desde el punto de vista de las buenas costumbres, que ya está interesado por lo que está viendo. Esto no lo vi nunca, me dijo. Entonces yo le conté la técnica, y nos reímos mucho. Se la dejé, y seguí trabajando, y seguí trabajando, y bueno, ahí apareció un crítico de arte de la nada, de esas cosas que ocurren en la vida, que se llama Julio Sapollnik, ex director de Palais de Glace, y me dijo, che, esto no lo vi. Y le digo, no, yo tampoco lo vi".
¿Y antes de la resina, qué? "Pintaba", responde Tomatis. "Y así me conoció Yuyo Noé. Yo pintaba por una necesidad emocional, por la huida del mundo del trabajo y de la eficiencia, en donde trataba de cumplir las pautas para las cuales había sido formado."Pero ese mundo de la eficiencia y de cumplir las pautas y el respeto hacia el otro, para el que había sido formado, porque alguien tenía fe en ese momento, depositaba su fe en que yo podía resolver su problema dental, más allá de lo que pueda pagar. Y bueno, hay que honrar esa fe.
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"Y eso lleva a una repetición, no a un estancamiento, pero hay veces que los jodidos como yo no nos conformamos con hacer eso y empezamos a tener necesidades de otro tipo, y uno tiene que aceptarse jodido o necesitado de hacer otra cosa.
"Empecé a leer sobre arte, porque era un ignorante, y eso me llevó a descubrir el mundo del arte visual, porque de la música sabía, aunque no de una manera muy profunda, pero sabía; sabía de prosa y sabía de poesía, pero de artes visuales no. Y entonces eso me llevó a leer, a aprender y a conocer autores, y saber no las técnicas, sino cuál era la búsqueda. Y dentro de esa búsqueda me fui formando, sin saber que me estaba formando, sino por curiosidad, porque si voy a hablar de algo, voy a hablar de algo con fundamento, voy a hablar de algo conociendo de lo que estoy hablando, y un día se me ocurrió hacer algo. Tengo cierta habilidad manual, ¿no es cierto?"
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Pasaron veinticinco años desde que el artista Rubén Tomatis mostró su obra por última vez. Casi los mismos que pasó sin crear. La espera terminó hace unos días cuando inauguró "T. Gregorio y su Rubén Tomatis", una muestra de dieciséis obras, entre pinturas y esculturas, que inauguró el primero de agosto en el Centro Cultural Alberdi (Alberdi 12, Neuquén).
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Fuente: Río Negro
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