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El reordenamiento estructural detrás del desembarco de Diego Santilli

La fusión de Ministerios y el desdoblamiento de la vocería exponen la pérdida de centralidad del "ministro coordinador" en el esquema del Poder Ejecutivo

Por Redacción5 min de lectura
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El reordenamiento estructural detrás del desembarco de Diego Santilli
El reordenamiento estructural detrás del desembarco de Diego Santilli · Foto: El Esquiú

La licuación de la Jefatura de Gabinete

La fusión de Ministerios y el desdoblamiento de la vocería exponen la pérdida de centralidad del "ministro coordinador" en el esquema del Poder Ejecutivo

El reciente reconfiguración del mapa ministerial del presidente Javier Milei, plasmada en los nombramientos de Manuel Adorni en su momento y ahora de Diego Santilli, encierra un vector común que trasciende las individualidades: la virtual disolución práctica de la Jefatura de Gabinete como el eje articulador de la gestión pública. La invariabilidad en el diseño político demuestra que, lejos de un fortalecimiento, lo que el Poder Ejecutivo ejecutó es una absorción orgánica. Mientras Adorni retuvo las competencias de la vocería oficial, Santilli asume el cargo bajo una fusión de hecho, sosteniendo la centralidad de las funciones políticas del Ministerio del Interior.

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La prueba de esta simbiosis institucional quedó expuesta en el desdoblamiento técnico: la vocería se independizó formalmente del área coordinadora, mientras que la cartera de Interior —cuya eliminación fue comunicada de manera oficial— terminó subsumiendo las atribuciones de la Jefatura de Gabinete. El cambio de nomenclatura operado durante la gestión previa de Adorni, autopercibido protocolarmente como un simple "ministro coordinador" o primus inter pares, ya prefiguraba esta jibarización. La posterior creación de dos vicejefaturas asignadas a Guillermo Ignacio Devitt y Gustavo Coria, ambas degradadas a rangos de secretarías de Estado en lugar de ministerios, asimila a la estructura de la Jefatura de Gabinete como un apéndice administrativo más.

La actual arquitectura del entorno presidencial se distancia de los antecedentes históricos de la centroderecha en el poder. Durante el mandato de Mauricio Macri, las dos vicejefaturas de Gabinete ostentaban rango protocolar y salarial de ministerios. La influencia real de sus ocupantes de entonces, Mario Quintana y Guillermo Lopetegui, respondía a un esquema donde la Jefatura conducida por Marcos Peña centralizaba el control de gestión, siendo definidos por el propio mandatario como "sus ojos, sus oídos y su inteligencia".

En su balance literario Primer tiempo, el propio Macri revisó aquella centralidad con tono autocrítico: "Cometí un gran error con esa frase porque les dio un protagonismo y una relevancia que generaron un contraataque inevitable, dentro y fuera del gobierno. Empezaron a criticarlos como una manera indirecta de criticarme a mí".

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A diferencia de los perfiles corporativos y de gestión pública de alto rango que portaban los alfiles de Cambiemos (Quintana como fundador de Farmacity y Lopetegui como ex CEO de LAN), las actuales segundas líneas muestran trayectorias de menor volumen comparativo: Devitt con pasado en el área de relaciones institucionales de la tabacalera Philip Morris y Coria con un breve paso por la Legislatura bonaerense y una gestión de apenas tres meses en el Ministerio de Seguridad porteño en el epílogo de la administración de Horacio Rodríguez Larreta.

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El objetivo político subyacente para Diego Santilli se proyecta de forma unívoca hacia la gobernación de la provincia de Buenos Aires en diciembre de 2027. No obstante, la historia reciente del sistema político argentino no convalida a la Jefatura de Gabinete como una plataforma de despegue electoral eficiente. Los únicos dos casos de jefes de coordinadores que alcanzaron la Presidencia de la Nación, Alberto Fernández y Sergio Massa, debieron atravesar una década de llanura, rupturas y reconfiguraciones de partidos propios antes de acceder al sillón de Rivadavia. En contraste, la tracción del Ministerio del Interior demostró ser más directa: a Rogelio Frigerio le demandó solo cuatro años capitalizar su paso por esa cartera para alzarse con la gobernación de Entre Ríos en 2023.

En términos estadísticos, el escenario bonaerense plantea una paradoja matemática. Si se analizan las métricas de las últimas elecciones generales a nivel nacional, la sumatoria de La Libertad Avanza y el PRO alcanzó un 41% contra el 32% del peronismo. Si bien esa cifra hubiese forzado un balotaje a nivel presidencial, en el territorio bonaerense —donde no rige la segunda vuelta y se gana por un solo voto de diferencia— ese caudal del 41,5% frente al 40,8% del peronismo le hubiera asegurado de forma automática la gobernación a Santilli, quien asumió la conducción de la estrategia provincial tras la declinación de José Luis Espert.

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La designación de Santilli reitera una constante metodológica ya ensayada con Guillermo Francos: recurrir a perfiles de matriz negociadora e institucional para amortiguar el estilo confrontativo del presidente Javier Milei y de la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei. Sin embargo, la permeabilidad de esta estrategia "acuerdista" encuentra su límite en la propia naturaleza discursiva del jefe de Estado.

La lectura lineal que interpretó el desembarco del exvicejefe porteño como el preludio de una fusión estructural o alianza orgánica e indestructible con el sector liderado por Mauricio Macri fue desactivada de inmediato por el propio Milei. En declaraciones públicas destinadas a delimitar la autonomía de su capital político, el Presidente atacó el núcleo de la gestión económica del PRO:

"El gobierno de Mauricio Macri estafó a los argentinos defaulteando la deuda en pesos. El reperfilamiento fue una palabra educada para decir default. Llamaron a un blanqueo y yo decía: 'Si blanquean van a tener problemas porque después los van a venir a buscar'. El impuesto a la renta financiera también lo puso el macrismo".

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El reordenamiento de prioridades quedó evidenciado de forma nítida en las primeras apariciones públicas de Santilli, enfocadas casi con exclusividad en la agenda de reforma electoral y el debate en torno a la suspensión de las PASO. En la práctica de un país federal, el control de la Dirección Nacional Electoral y la interlocución con los mandatarios provinciales son competencias históricas del Ministerio del Interior. Al asumir el control total de esta agenda bajo el rótulo unificado de la Jefatura, Santilli confirma que la cartera política terminó absorbiendo a la de coordinación. En el tablero del oficialismo, las estrategias con miras al año electoral de 2027 ya comenzaron a jugarse de forma anticipada en julio de 2026.

Fuente: El Esquiú

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