El silencio eterno
Por Eduardo Manzur
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El silencio eterno El silencio eterno
A la sombra del puente, entre cartones mojados por la lluvia y el paso de los días, vivía Ramiro, un viejo de 78 años que había hecho del asfalto su hogar. Para muchos, era solo un mendigo más, un hombre olvidado por la ciudad, pero para él, aquel rincón frío y húmedo bajo el puente era su palacio. Los cartones que lo cubrían eran seda, el ruido de los coches era música, y las luces de los faros le daban la bienvenida a un mundo de fantasía que solo él podía ver. Ramiro, a lo largo de su vida, solo había leído un libro, pero ese libro lo había cambiado para siempre.
Desde que tenía memoria, Ramiro, un hombre de pocos deseos, nunca tuvo ambiciones de riquezas ni de fama. No soñaba con lujos ni comodidades. No. Para Ramiro, la única joya que poseía, el solo verdadero tesoro, era ese libro viejo y gastado, cuyas páginas guardaba con celo. Nadie lo había visto leerlo, y nunca hablaba de su contenido. Lo mantenía guardado en su pecho, como un secreto.
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"El colectivo que nunca llegará"
Una tarde, Ramiro se sentó en una plaza polvorienta, a la espera de un colectivo que nunca llegaría. Miraba el horizonte como si esperara algo más que un simple transporte. La gente pasaba sin siquiera notar su presencia, pero él observaba todo con una calma inquebrantable. Una joven se le acercó, curiosa por su expresión serena.
—¿Qué estás esperando, abuelo? —preguntó la chica, con una mezcla de dulzura y lástima.
—Estoy esperando lo inevitable —respondió Ramiro, sin despegar la mirada del horizonte.
La chica sonrió suavemente, pensando que era solo un viejo loco, y se alejó. Pero Ramiro seguía esperando. Horas pasaron, el sol comenzó a ocultarse. Y, mientras el cielo se teñía de rojo, Ramiro sintió una inquietud. Sabía que el colectivo no llegaría, pero la espera no era por el colectivo, sino por algo más profundo, algo que lo inquietaba en su interior, algo que parecía estar contenido en las páginas de ese libro que llevaba siempre consigo, pero que nunca mostraba a nadie.
"Las mariposas del jardín"
La segunda vez que Ramiro llamó la atención de las autoridades fue cuando lo arrestaron por robar mariposas del jardín de una mansión. Los guardias lo encontraron vagando por el césped, atrapando mariposas con las manos temblorosas y guardándolas en un tarro de vidrio. Para él, esas mariposas eran su verdadera compañía, las únicas almas que lo entendían.
—¿Qué haces con ellas, viejo? —le preguntó el oficial mientras lo esposaba.
—Las libero del tiempo —respondió Ramiro con una voz cargada de misterios.
Fue llevado a la cárcel. Los guardias lo miraban con desdén, los otros prisioneros lo veían como una curiosidad, pero Ramiro mantenía la calma. Sabía que en esa celda fría se enfrentaba a algo más grande que el sistema. El único libro que había leído seguía siendo su refugio, y aunque nunca dejaba que nadie lo tocara, comenzó a hablar de él.
"El poder del conocimiento"
Los primeros días en prisión fueron duros. Los reclusos, algunos miembros de clanes mafiosos poderosos y corruptos, intentaron someterlo. Pero Ramiro, con su cuerpo delgado y ojos cansados, se defendía con palabras que resonaban en lo más profundo de la mente de quienes lo escuchaban. Había algo en él, en su calma y su mirada fija, que perturbaba a los demás.
—¿Qué sabes, viejo? —le preguntó un mafioso apodado "El Chacal", mientras le ofrecía un cigarrillo. Ramiro lo rechazó con una leve sonrisa.
—Sé lo que los demás no quieren escuchar —dijo. Y el "Chacal" lo miró con una mezcla de respeto y temor.
Pronto, los rumores comenzaron a correr. Ramiro no era cualquier anciano; había algo en su conocimiento, algo que solo él parecía entender, y que los demás querían poseer. Todos ansiaban saber qué había en ese libro que tanto protegía, pero él se negaba a compartirlo. La corrupción entre los guardias lo tocó también: comenzaron a sobornarlo para que revelara sus secretos. Prometían favores, mejores condiciones, incluso libertad. Pero él siempre respondía lo mismo:
—El verdadero poder no se da; se descubre.
"El silencio como poder"
Una noche, un grupo de prisioneros planeó robarle el libro mientras dormía. Se acercaron sigilosamente a su celda, pero al entrar, lo encontraron despierto, sentado en la oscuridad, mirando las sombras.
—¿Qué buscan? —les preguntó en voz baja.
Uno de los hombres, intimidado por su calma, respondió nervioso:
—Queremos saber qué hay en ese libro. ¿Qué es lo que sabes?
Ramiro los miró, sereno.
—Lo que buscas no está en las páginas —dijo—, sino en lo que no puedes escuchar.
"El soborno y la traición"
El jefe de los guardias, sabiendo que los prisioneros estaban cada vez más ansiosos por descubrir los secretos de Ramiro, se le acercó una tarde con una propuesta. Le ofreció la libertad a cambio del libro. Pero Ramiro, con su mirada impasible, lo miró directamente a los ojos y respondió:
—La libertad no es algo que pueda otorgar quien está más encarcelado que yo.
El jefe, humillado, intentó castigarlo, pero los prisioneros, que ahora lo respetaban y temían, intervinieron. Ramiro, sin decir una palabra más, siguió esperando, como había hecho en aquella plaza. Sabía que su tiempo se acercaba.
"La última revelación"
Una noche, los prisioneros y los guardias se reunieron en la celda de Ramiro. Había rumores de que esa noche, finalmente, abriría el libro y revelaría su contenido. Todos esperaban, con una mezcla de ansia y temor. Ramiro tomó el libro entre sus manos, y lo abrió lentamente.
Para sorpresa de todos, las páginas estaban en blanco.
—¿Qué clase de broma es esta? —gritó "El Chacal", furioso.
Pero Ramiro solo sonrió.
—El verdadero conocimiento no está en las palabras —dijo—. Está en el silencio que las precede.
"La muerte fantástica de Ramiro"
Esa misma noche, mientras la prisión dormía, Ramiro se acostó en su catre y cerró los ojos por última vez. Al amanecer, cuando los guardias vinieron a despertarlo, encontraron su cuerpo completamente cubierto por mariposas. Ninguna ventana estaba abierta, y sin embargo, el lugar estaba lleno de ellas, posadas sobre su piel como si hubieran venido a buscarlo. Los prisioneros miraron con asombro mientras las mariposas levantaban su cuerpo, que se desvanecía lentamente en el aire, dejando tras de sí solo el silencio.
El único libro que había leído Ramiro siempre ha estado en blanco. Su verdadero tesoro no era el contenido de las páginas, sino lo que él había encontrado en ellas: el poder del silencio. Un silencio tan profundo que, al final, lo liberó de este mundo de manera irreal y fantástica.
BIO
EDUARDO MANZUR es músico, compositor, actor, poeta y escritor. Realizó estudios de arte escénico y canto con el Profesor Carlos Trisi. En 1971, viajó a EE.UU. para actuar como cantante lírico en las Universidades de Columbia y Nueva Jersey. Luego repitió en Líbano. Recibió el primer premio en el Concurso OTI de la Canción Santiago del Estero, 1986. Primer premio del Círculo de Prensa como Mejor Programa Nativista para "Domingos Santiagueños". En literatura, entre sus últimas obras figuran "Palabras y algo más", de poesías y el "Diccionario de rimas Quichua Santiagueño".
Fuente: El Liberal
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