El sueño del churrero de la rotonda
La crisis económica golpea con fuerza en cada rincón del país, y las calles de Santa Rosa no son la excepción. Frente a un contexto ...

La crisis económica golpea con fuerza en cada rincón del país, y las calles de Santa Rosa no son la excepción. Frente a un contexto complejo, la necesidad agudiza el ingenio y empuja a muchos vecinos a buscar una salida laboral independiente. Algunos lo hacen obligados por las circunstancias de la hora, pero otros representan la esencia del verdadero laburante: aquel que no se rinde, que le pone el cuerpo al sol o al viento, y que sale a ganarse el mango con dignidad y ganas de vivir mejor.
Su historia.Es un poco la historia de Leonardo Antivero (37), que personifica el esfuerzo diario de la economía popular. Cada tarde, quienes ingresan al Parque Recreativo Don Tomás por la rotonda ubicada al final de la avenida San Martín Oeste se topan con una postal habitual: una mesita prolija, carteles que anuncian la mercadería, música para amenizar la jornada y el aroma inconfundible de los churros recién hechos. Detrás del puesto está Leonardo, sosteniendo a su familia bajo una premisa inquebrantable que repite como un lema de vida: "Si no hago, no gano".
Familia y trabajo.Leo es padre de tres hijos: Isabela (11), Jazmín (9) y Benjamín (4). Puede decirse que su capacidad para el trabajo es una herencia directa de sus padres. De su papá, Héctor —residente en Santa Rosa—, aprendió el rústico oficio de la construcción. De su madre, Gladis —quien vive en Eduardo Castex—, incorporó los secretos de la elaboración de churros.Al ver que el sector de la construcción mermaba, decidió apostar por la masa y el aceite. Inicialmente, comenzó a vender en el Parque Lineal, pero hace unos cuatro meses decidió mudar su puesto a la rotonda de la Laguna para no competir ni entorpecer el trabajo de otra mujer que realizaba la misma actividad en el paseo de las vías del ferrocarril.
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Rutina sin respiro.De lunes a viernes se levanta temprano para llevar a sus hijas a la Escuela Nº 6 (el varón de 4 todavía no asiste) e inmediatamente después, regresa a su hogar para comenzar con la producción casera, amasando y cocinando para tener la mercadería impecable alrededor de las 15 ó 15:30, momento en que se planta en la rotonda hasta el atardecer, cerca de las 19:30.En su puesto, Leo comercializa un promedio de 15 docenas diarias de churros, tanto simples como rellenos con dulce de leche o bañados en chocolate. Su dedicación por supuesto no reniega del mundo digital: bajo el nombre de Herencia Dorada, administra una página de Instagram que ya cuenta con una importante comunidad de seguidores que elogian la calidad de su producto.Su mente inquieta ya evalúa expandir el menú e incorporar una rareza salada: churros saborizados con queso roquefort.
Hombre solidario.Mientras él atiende a los clientes, sus hijas juegan en los alrededores bajo su atenta mirada. Pero el circuito de su día no termina con la última venta. Si al caer el sol le quedan dos o tres docenas sin comercializar, Leonardo activa una red solidaria silenciosa: se las regala a adultos mayores que viven solos en su barrio —cercano al barrio Río Atuel-- o las entrega en alguna parroquia que le queda de paso en el regreso a su hogar.El esfuerzo es grande, sobre todo porque trabaja con lo justo. En la actualidad, Leonardo elabora todo con una modesta churrera de una sola boca. Para optimizar su producción y dar un salto de calidad, le urge comprar o recibir el apoyo para conseguir una freidora más grande y una churrera de tres bocas.
Sueños de laburante.A pesar de las limitaciones de infraestructura, la jornada diaria de la familia Antivero cierra con ternura. Tras dejar el puesto, Leonardo comparte el tiempo con sus hijas en una rutina saludable: las nenas andan en bicicleta mientras él corre a la par. Luego, un rato de televisión compartida y a descansar temprano, porque al día siguiente hay que volver a amasar.Su sueño es el de tantos laburantes de la calle: abrir las puertas de su propio local comercial en el futuro. Mientras ese día llega, su figura en la rotonda de la Don Tomás sigue demostrando que, a pesar de los nubarrones económicos del país, conserva la dignidad para trabajar cada día soñando con el progreso y la estabilidad.Sabe que no es fácil, pero lo intenta.
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Fuente: La Arena
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