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"El suicidio es un síntoma de una crisis profunda": el llamado de una joven que conmovió al foro de Innovación Sostenible

Violeta Lacroze, estudiante de Psicología y referente del proyecto Ánkyra, impactó al auditorio con una reflexión sobre salud mental, sentido de pertenencia y desarrollo humano. Su exposición fue uno de los momentos más emotivos del encuentro organizado por LA GACETA. ¿De qué sir…

Por Lucía Lozano5 min de lectura
“El suicidio es un síntoma de una crisis profunda”: el llamado de una joven que conmovió al foro de Innovación Sostenible
“El suicidio es un síntoma de una crisis profunda”: el llamado de una joven que conmovió al foro de Innovación Sostenible · Foto: La Gaceta

Resumen para apurados

La sala estaba a oscuras.

Durante una jornada dedicada a debatir sobre innovación, sostenibilidad, tecnología y desarrollo, nadie esperaba que uno de los momentos más impactantes del encuentro llegara desde el silencio. En el escenario apenas se distinguía una figura joven. Entonces comenzó a hablar. Las primeras palabras de Violeta Lacroze no fueron sobre inteligencia artificial, economía circular ni ciudades inteligentes. Fueron números. Cifras duras, dolorosas, difíciles de escuchar.

"Según los datos oficiales, el año pasado 5.200 argentinos murieron por suicidio. Más de 14 personas por día. Un suicidio cada una hora y cuarenta minutos", dijo ante el auditorio reunido en el Hilton Garden Inn Tucumán, donde se desarrolla la segunda edición de "Innovación Sostenible: nuevas tendencias hacia un futuro regenerativo", el evento organizado por LA GACETA.

A sus 22 años, la estudiante de Psicología de la Universidad Austral logró algo poco frecuente en los encuentros empresariales y académicos: detener la conversación sobre el futuro para hablar de una crisis que atraviesa el presente. Lacroze eligió abordar una problemática que golpea especialmente a los jóvenes argentinos.

Explicó que la mayor concentración de suicidios se registra entre personas de 20 a 34 años y que las tasas más altas de tentativas de suicidios se observan entre adolescentes y jóvenes de entre 15 y 24 años.

"Sería un error reducir esta realidad a una cuestión generacional. Es un tiempo complejo para el ser humano", advirtió. La joven también puso el foco en la situación local. Recordó que Tucumán registró el año pasado 227 suicidios, una cifra que supera la tasa promedio nacional.

"Detrás de cada uno de esos números hay caras, nombres, historias. Pero, sobre todo, una herida silenciosa de desconexión", señaló.

Su planteo fue más allá de la estadística. Para ella, el suicidio constituye la manifestación más extrema de una crisis humana más profunda. "Vivimos una paradoja. Estamos hiperestimulados por fuera, conectados constantemente, pero profundamente desconectados por dentro", afirmó.

Ansiedad, depresión, soledad y pérdida de sentido fueron algunas de las palabras que atravesaron su intervención. Conceptos que, según planteó, describen una época caracterizada por el acceso ilimitado a la información pero por crecientes dificultades para encontrar propósito. "Nunca tuvimos tanto acceso al conocimiento y, sin embargo, nunca fue tan difícil encontrar sentido", reflexionó.

La exposición de Lacroze tomó un rumbo inesperado cuando propuso incorporar otra dimensión al debate sobre innovación. "Durante toda esta jornada estuvimos hablando del futuro, de tecnología y de organizaciones. Me gustaría que nos detengamos a pensar en otra forma de inteligencia: la inteligencia del corazón", planteó.

Su mensaje encontró eco en una audiencia compuesta por empresarios, funcionarios, académicos y referentes sociales. "Detrás de toda innovación, de toda ciudad y de toda organización, si no hay corazón, si no hay alma, no hay vida y no hay regeneración", sostuvo.

A partir de allí invitó a dejar de lado los roles que suelen definir a las personas -funcionarios, profesionales, estudiantes o empresarios- para recuperar aquello que las une. "Nuestra condición humana", resumió.

Lacroze reconoció la particularidad de estar hablando frente a referentes de distintas generaciones. "Hoy debo ser de las más jóvenes de esta sala. Tengo 22 años y me pregunto qué hago frente a tanta gente hablando sobre el futuro", confesó.

"Quizás los jóvenes estamos acá para recordar algo que ninguna generación debería olvidar: que el ser humano no está para ser arreglado", se respondió. Y esa frase se convirtió en uno de los momentos más resonantes de la charla.

Según explicó, las personas necesitan pertenecer, sentirse vistas, encontrar sentido y descubrir su valor. Y ninguna innovación tecnológica, por más disruptiva que sea, podrá reemplazar esas necesidades esenciales.

La intervención también sirvió para presentar el trabajo que desarrolla desde Proyecto Ánkyra, una incubadora de desarrollo humano orientada a promover procesos de transformación personal y comunitaria.

El nombre proviene de la palabra griega que significa "ancla". La metáfora no es casual. "En un mundo acelerado, fragmentado y muchas veces desorientado, el ancla nos ayuda a no quedar a la deriva", explicó.

Desde esa perspectiva, Ánkyra impulsa experiencias comunitarias inmersivas que integran aprendizaje vivencial, arte, música, deporte, juego y contacto con la naturaleza para favorecer procesos de reconexión humana. La iniciativa busca responder a una pregunta central: qué necesitan realmente las personas para florecer.

"¿Alcanza solo con la educación, con las oportunidades económicas o con la tecnología? Nuestra experiencia mostró que no", planteó.

Para la joven, el desarrollo humano requiere también tiempo, espacios seguros, vínculos significativos y oportunidades para conectar con la propia vocación.

Lacroze es coordinadora del programa Contribuir, una propuesta que reúne a estudiantes de los últimos años del secundario de escuelas públicas y privadas junto con docentes y acompañantes escolares. El objetivo es generar espacios de encuentro que permitan a los jóvenes detenerse, escucharse y reflexionar sobre quiénes son y qué quieren aportar al mundo.

Hacia el final de su exposición, Lacroze volvió a conectar su mensaje con el eje central del encuentro. Planteó que la sostenibilidad no puede limitarse a cuestiones ambientales, económicas o tecnológicas. También debe incluir una dimensión humana. "Quizás una de las innovaciones más necesarias de este tiempo sea construir comunidades más vivas", señaló.

Y agregó: "No solamente preparar a las personas para trabajar, sino acompañarlas a vivir".  "Tal vez el verdadero suelo de un futuro sostenible no sea la economía ni la infraestructura, sino la calidad de las relaciones que nos animamos a cultivar", apuntó.

Cuando terminó de hablar, la sala permaneció en silencio durante algunos segundos. Después llegaron los aplausos. En una jornada dedicada a imaginar el futuro, una joven de 22 años había logrado recordar algo esencial: que ninguna transformación será verdaderamente sostenible si no comienza por las personas.

Fuente: La Gaceta

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