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El té puede influir en la salud cardiovascular según varios factores

La evidencia científica estudia cómo la variedad, la frecuencia de consumo, la temperatura y la preparación pueden relacionarse con la salud de los vasos sanguíneos.

Por El Tribuno de Jujuy4 min de lectura
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El té puede influir en la salud cardiovascular según varios factores
El té puede influir en la salud cardiovascular según varios factores · Foto: El Tribuno de Jujuy

El té forma parte de la alimentación cotidiana en distintos países y sus variedades tienen un origen común: las hojas de Camellia sinensis. El té verde, negro, blanco y oolong se diferencian por el nivel de oxidación durante su procesamiento. En cambio, las infusiones de manzanilla, jengibre o hibisco se elaboran con otras plantas y no son té en sentido estricto.

Diversos estudios analizaron la posible relación entre el consumo de té y la salud cardiovascular, principalmente por la presencia de polifenoles y flavonoides. Estos compuestos tienen propiedades antioxidantes y antiinflamatorias, y podrían influir en la función de los vasos sanguíneos.

Beberlo demasiado caliente puede aumentar el riesgo

Una investigación publicada en Journal of Internal Medicine siguió durante casi nueve años a más de 485.000 adultos de entre 30 y 79 años. En ese período se registraron más de 14.800 casos de enfermedades cardiovasculares, incluidos infartos, accidentes cerebrovasculares y enfermedad arterial periférica.

Según los resultados citados por CNN, quienes declararon consumir el té muy caliente presentaron un riesgo de enfermedad vascular un 16% mayor que quienes no lo bebían con regularidad. En cambio, tomarlo caliente o a temperatura ambiente, pero sin que provocara una sensación de quemazón, se asoció con un riesgo menor frente al consumo infrecuente.

La médica Leana Wen, de la Universidad George Washington, advirtió que la temperatura fue informada por los propios participantes y no medida de manera objetiva. También señaló que quienes prefieren las bebidas muy calientes pueden tener otros hábitos que influyan en su salud.

Además, una revisión publicada en la revista Life indicó que la temperatura del agua, el tiempo de infusión y el lapso entre la preparación y el consumo modifican la composición final de la bebida. Evitar temperaturas que quemen la boca o la garganta también puede reducir lesiones térmicas, ya que el consumo reiterado de bebidas muy calientes se vinculó con un mayor riesgo de cáncer de esófago.

La frecuencia también fue analizada

El mismo estudio relacionó el consumo de té al menos tres días por semana con un riesgo de enfermedad vascular aproximadamente 11% menor frente a beberlo con menor frecuencia. El análisis tuvo en cuenta factores como la edad, el tabaquismo, la actividad física, el peso y las enfermedades previas.

Entre quienes consumían té por lo menos una vez a la semana, el riesgo estimado más bajo apareció en el grupo que tomaba entre seis y ocho tazas diarias. Sin embargo, los investigadores aclararon que ese dato no representa una recomendación general: el tamaño de las tazas no era uniforme, la información fue declarada por los participantes y el riesgo volvió a aumentar con ingestas superiores.

Una investigación publicada en Food Science and Human Wellness concluyó que todavía no existen pruebas suficientes para establecer una cantidad óptima de té destinada a prevenir la hipertensión o mejorar la salud cardiovascular. Los estudios observacionales muestran asociaciones, pero no demuestran una relación directa de causa y efecto.

También es importante considerar la cafeína. Una taza de 240 mililitros de té negro suele aportar entre 30 y 50 miligramos, mientras que el té verde generalmente contiene menos. La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos considera que hasta 400 miligramos diarios no suelen generar efectos peligrosos en la mayoría de los adultos, aunque el embarazo, el insomnio, la ansiedad y las palpitaciones requieren una evaluación individual.

Qué diferencia a cada variedad

El té verde y el blanco tienen una oxidación mínima; el oolong atraviesa una oxidación parcial y el negro, una más intensa. Ese proceso modifica la proporción y el tipo de flavonoides presentes en las hojas.

Tanto el té verde como el negro contienen polifenoles y fueron asociados con indicadores cardiovasculares favorables. En el estudio más reciente, el té negro mostró asociaciones más consistentes con un menor riesgo de distintos tipos de enfermedad cardiovascular, aunque el té verde también presentó resultados positivos.

Los polifenoles y flavonoides son investigados por su posible relación con la función endotelial, es decir, la actividad de la capa celular que recubre el interior de los vasos sanguíneos. Estos compuestos podrían favorecer la relajación vascular y reducir la rigidez arterial.

Las infusiones de jengibre, manzanilla e hibisco no provienen de Camellia sinensis, pero también contienen componentes estudiados por sus posibles efectos sobre la salud. En todos los casos, elegir preparaciones sin azúcar ayuda a reducir el consumo de azúcares agregados.

La evidencia disponible sugiere que la temperatura moderada, el consumo sin azúcar y el control de la cafeína son factores relevantes. Sin embargo, la ciencia todavía no establece una cantidad diaria universal de tazas ni permite considerar al té como una recomendación médica por sí sola.

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Fuente: El Tribuno de Jujuy

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