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El tesoro de Ale Goyochea: más de 70 camisetas, una herencia familiar y una vida entera por Sportivo Desamparados

Tiene 36 años y lleva los colores del Víbora como una marca de familia. Su abuelo le transmitió el amor por los colores y su papá terminó de encender una pasión que hoy se traduce en una colección de más de 70 camisetas, pantalones y prendas históricas que guarda como un verdader…

Por Antonella Letizia5 min de lectura
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El tesoro de Ale Goyochea: más de 70 camisetas, una herencia familiar y una vida entera por Sportivo Desamparados
El tesoro de Ale Goyochea: más de 70 camisetas, una herencia familiar y una vida entera por Sportivo Desamparados · Foto: Tiempo de San Juan

Hay historias que trascienden generaciones y hasta terminan contándose solas. La pasión brota por los poros cuando se toca el corazón, los colores de toda la vida y eso es solo el principio de lo que siente Alejandro Goyochea por Sportivo Desamparados. Su legado con el Víbora es un vínculo que siente desde que nació, prácticamente. Antes de convertirse en un fanático, el hincha heredó una historia que su abuelo Carlos había comenzado a escribir varias décadas atrás.

Su abuelo era un apasionado de Desamparados. De aquellos hinchas que seguían al club cuando los viejos Nacionales eran una de las grandes citas y que caminaban las calles para llegar a la cancha. El club estaba prácticamente al lado de su vida cotidiana y, con el tiempo, también terminó formando parte de la vida de sus hijos y nietos.

Alejandro creció escuchando esas historias. Su abuelo le contaba que llevaba a sus hijos a ver aquellos partidos de los Nacionales y que el amor por el club se transmitía dentro de la familia casi de manera natural. Su papá también fue una pieza fundamental para que esa pasión no se perdiera. "Mi amor por Desamparados es por un sentido de pertenencia de mi familia", cuenta Alejandro, que reconoce entre risas que si su abuelo era fanático, él terminó siendo todavía más.

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Desde chico empezó a entender que Desamparados no era solamente un equipo de fútbol. Era parte de su identidad familiar. Los colores estaban presentes en las conversaciones, en los recuerdos y en las historias que escuchaba de quienes habían vivido otras épocas del club. Así comenzó a construir su propio vínculo con el Víbora, aunque nunca necesitó ser jugador para sentirse parte de la institución.

Con el paso de los años, Alejandro eligió acompañar desde otro lugar. Siempre estuvo ligado al club como colaborador y participó de distintas actividades y disciplinas. El fútbol como jugador nunca llegó, principalmente por cuestiones de tiempo, estudio y trabajo, pero encontró otras formas de estar cerca. Hoy su vínculo con Desamparados atraviesa distintas disciplinas y, especialmente, el futsal, donde continúa acompañando y compartiendo momentos con otros integrantes de la familia Víbora.

Pero mientras su relación con el club crecía, también comenzaba a tomar forma otra historia que terminaría convirtiéndose en una verdadera colección. Todo empezó con dos camisetas que recibió cuando era chico: una que le regaló su papá y otra de manga larga que había recibido de su abuelo. En aquel momento no podía imaginar que esas prendas, guardadas casi como un recuerdo más de la infancia, serían el comienzo de un tesoro que años después tendría un valor incalculable para él.

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Las camisetas fueron quedando guardadas. Una detrás de otra, fueron sobreviviendo al paso del tiempo sin que Alejandro dimensionara lo que estaba construyendo. Después comenzaron a llegar otras prendas y, poco a poco, aquella pequeña colección familiar empezó a crecer.

Hoy habla de más de 70 camisetas, aunque admite que probablemente sean muchas más. Perdió la cuenta de las camisetas, los pantalones cortos, la ropa de entrenamiento, las camperas y todas las prendas vinculadas a Desamparados que fue juntando a lo largo de los años. Y lejos de obsesionarse con saber el número exacto, prefiere pensar en cada una de ellas como una parte diferente de la historia del club.

En su casa, esas prendas tienen un lugar especial. Alejandro no suele mostrarlas y prefiere mantenerlas resguardadas. Están distribuidas en distintos muebles y actualmente incluso piensa en armar uno nuevo, porque el que había preparado ya no le parece suficientemente resistente para soportar la cantidad de camisetas que fue acumulando. Es un pequeño problema que, para cualquier coleccionista, sería casi una bendición: tener más recuerdos de los que entran en el espacio disponible.

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También tiene una especie de maniquí improvisado que ocupa un lugar privilegiado dentro de su colección. Allí coloca la última camiseta que consiguió. Esa prenda permanece exhibida hasta que aparece una nueva adquisición y entonces debe cederle el lugar. Es una forma sencilla, pero cargada de significado, de mantener siempre presente la última pieza que consiguió para ese particular museo personal del Víbora.

Entre las camisetas que conserva hay prendas de los viejos Nacionales, de distintos campeonatos y de etapas importantes de la historia de Desamparados. También tiene camisetas relacionadas con los últimos ascensos y con los momentos en los que alguna disciplina del club consiguió un campeonato. No existe una que pueda señalar como la más especial, porque para Alejandro todas tienen algo diferente. Cada una tiene una historia, una anécdota o un recuerdo que la hace única.

Hoy, mientras sigue acompañando al club y a sus distintas disciplinas, también mira hacia adelante. Su sueño, como el de tantos hinchas de Desamparados, es ver una institución unida, con proyectos que permitan crecer no solamente en lo deportivo, sino también en lo cultural y en todos los ámbitos que hacen a la vida de un club.

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Alejandro habla de Desamparados y la emoción aparece naturalmente, sin decirlo su voz se entrecorta y los ojos se empapan. Dice que es un club que enseña a vivir el día a día y, sobre todo, a transmitir el sentido de pertenencia. Para él, no importa demasiado en qué categoría esté el equipo ni qué disciplina esté jugando. La obligación del hincha es estar, acompañar y sostener los colores.

Y así, entre camisetas que ya tienen décadas, recuerdos de su abuelo, enseñanzas de su papá y nuevas prendas que siguen llegando, Alejandro continúa construyendo su propia historia con el Víbora. Lo que comenzó cuando era un niño con una camiseta regalada por su padre y otra heredada de su abuelo terminó convirtiéndose en un legado familiar que hoy guarda con enorme cuidado.

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Fuente: Tiempo de San Juan

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