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"El trabajo es la forma en que podemos tener esperanza"

Fieles participaron de las celebraciones por San Cayetano en el barrio Yacyretá de Posadas. El obispo Juan Rubén Martínez...

Por Gabriela Loreiro5 min de lectura
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“El trabajo es la forma en que podemos tener esperanza”
“El trabajo es la forma en que podemos tener esperanza” · Foto: Primera Edición

Así como las velas no dejaban de arder, del mismo modo el agradecimiento y las promesas a San Cayetano se renovaban a cada instante. Así transcurrió toda la jornada de ayer en torno a la celebración del patrono del pan y del trabajo, y de la providencia. Las misas se sucedieron a lo largo del día, acompañadas de bendiciones y del rezo del santo rosario bajo el lema "San Cayetano, somos tu pueblo, Vos el Patrono, Jesús el Señor".

Al promediar la tarde, se efectuó la tradicional procesión por las calles del barrio Yacyretá, presidida por la imagen del santo, con el acompañamiento de numerosos fieles, del párroco Ángel Rojas y del obispo de la Diócesis de Posadas, Juan Rubén Martínez. Al finalizar, se celebró la misa central en la que el prelado exhortó a que "al pan de cada día lo podamos conseguir con el trabajo". Durante la homilía dijo que "muchos vienen a agradecer por su trabajo, pero son muchísimos más los que se acercan para pedir un trabajo, porque están desocupados, porque viven de changas. Y hoy, a pesar de que mucha gente tiene trabajo, no es suficiente para llegar a fin de mes. Por eso a la palabra trabajo hay que agregarle la palabra digno".

Añadió que lo que pide la gente "es lo esencial, es algo que hace pleno y que dignifica al hombre. Cuando trabaja, el hombre se asocia a Dios, que es el creador, pero que nos hizo a imagen y semejanza de Él para que también seamos de alguna manera co-creadores, y podamos construir un mundo mejor".

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Aseguró que a la iglesia le genera mucha preocupación "que aquellos que tienen responsabilidades de todo tipo en la sociedad, no entiendan la importancia que tiene el trabajo para los ciudadanos; que no entiendan que cuando se piensa en una Argentina mejor, se hace en función de una especie de macroeconomía o de proyectos económicos, donde se cierren los números. Pero si todo esto no es en función de la gente, no nos sirve de nada, porque el trabajo es la forma en que podemos tener esperanza. El trabajo está en el caracú de nuestra dignidad humana".

Desde muy temprano, con la misa de la aurora, la participación se mostró multitudinaria y se fue acrecentando con el correr de las horas. A la siesta se duplicó el número de fieles y el templo se vio colmado, al igual que el patio.

"Vinieron a participar y a celebrar a San Cayetano con un clima muy lindo, de mucha alegría. Todas las misas estuvieron muy participadas. Creo que hay mucha esperanza. No es que uno se acostumbre, porque no se puede acostumbrar a las cosas malas, a estar siempre mal, pero siempre hay una nueva esperanza. Creo que eso es San Cayetano, una nueva esperanza que las cosas puedan ser mejor, ser distintas", sostuvo el párroco Ángel Rojas, que a lo largo de la jornada recibió la colaboración de otros sacerdotes.

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El día de sol se prestó para visitar al santo patrono en su día. "Vengo cuando puedo a dar gracias por todo lo que tenemos, sobre todo por la salud. Vengo de la Chacra 181 y me tomo el 7 de agosto para venerar a San Cayetano. También peregrino a Itatí desde hace veinte años. En esta ocasión, venimos puntualmente a la procesión y a la misa", dijo Rosa, acompañada de su hija Leticia y su hermana Lorenza.

Margarita aprovechó el día hasta la siesta para poder vender algunas cosas dulces para los visitantes, pero antes de la peregrinación desarmó su puesto y dedicó un tiempo a cultivar su fe. "Gracias a Dios pude hacer las dos cosas, porque así como se presenta la economía decidí hacer algunas ventas. Me fue bastante bien y ahora puedo dedicarme a la oración hasta la noche", comentó.

Celina, vino a rezar y a buscar agua bendita que "uso para disipar las tormentas. Venía casi siempre aunque las últimas dos veces, el tiempo estaba lluvioso y no quiero andar sola", acotó.

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La animación de la misa central estuvo a cargo de un grupo de amigos unidos por una misma pasión: la música y el servicio. "Desde hace tiempo compartimos el deseo de poner nuestros dones al servicio de la comunidad, acompañando con nuestra música la celebración de las misas", contaron: Nico Bonne, Maka Sequeyra, Diego Aguirre, Ramón Viera y Cristian Benítez.

"Nos encontramos en cada celebración para hacer de la música una forma de oración, encuentro y alegría", señalaron. "Creemos que cantar y tocar juntos no es solamente hacer música, sino también acompañar la fe, animar la celebración y ayudar a que cada comunidad pueda vivir la misa desde el corazón. Con amistad, compromiso y mucha música, seguimos compartiendo este hermoso camino de servicio", coincidieron los amigos.

San Cayetano es uno de los santos más venerados por los argentinos. Su vida estuvo marcada por el servicio a los pobres, la reforma del clero y una profunda confianza en la Providencia de Dios. Su figura continúa despertando una profunda devoción en todo el mundo, especialmente aquí, donde miles de peregrinos renuevan cada año su pedido para que "no falten el pan ni el trabajo" en sus hogares. Conocido como "el santo de la Providencia", San Cayetano hizo de la atención a los pobres, los enfermos y los más necesitados el centro de su ministerio.

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Solía resumir su vocación con una frase que quedó grabada en la tradición cristiana: "En el oratorio rendimos a Dios el homenaje de la adoración; en el hospital lo encontramos personalmente". Su intensa vida de oración estuvo siempre unida al servicio concreto de quienes sufrían. Entre sus frases más recordadas se encuentra aquella en la que expresaba su deseo de que los cristianos se acercaran a la Eucaristía "con la sencillez de niños hambrientos y gozosos". San Cayetano falleció en Nápoles el 7 de agosto de 1547. Hasta sus últimos momentos dio testimonio de una profunda humildad. Cuando los médicos le recomendaron colocar un colchón sobre la cama debido a su delicado estado de salud, respondió: "Mi Salvador murió en la cruz; dejadme, pues, morir también sobre un madero".

Fuente: Primera Edición

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