"El vuelo 1484 ha sido suspendido por falta de tripulación": crónica de una noche de incertidumbre en Aeroparque
Más de 160 pasajeros quedaron varados cuando se canceló el vuelo a Tucumán. Los mostradores de Aerolíneas Argentinas no dieron explicaciones y las alternativas se agotaron.

Resumen para apurados
Ella está cuidadosamente arreglada a pesar de que faltan minutos para que las cenicientas vean cómo su carruaje se convierte en zapallo. Sus ojos se endurecen por la tensión. Podría decir que hablan. "No me griten más". Al principio está sola en el mostrador. Enfrente, un malón de desilusionados. De a poco se acercan otros ojos con la misma expresión. Todos dicen lo mismo: "calma porque todo va a ser peor". Lo peor es que cuando hablan no dicen nada. Nada de nada.
Frente a ellos hay por lo menos 350 ojos que los miran de mil maneras. Están los que expresan incredulidad y hacen cola pacientemente. Están los que lanzan rayos de ira. Bronca que se les escapa por la boca y gritan. Están los ojos de mirada lánguida que -y hasta comprensiva- que esperan una compensación que nunca llegará. Están los ojos nerviosos que miran para todos lados buscando una explicación, pero también una solución. Y están también los ojos irritados que, cuando pueden, levantan la vista del celular para ver qué pasa alrededor.
Los celulares arden. Buscan alternativas. Nuevos vuelos. Un pasaje de ómnibus. Y, están los más osados quizás que rápido arman un grupo para hacer una "vaquita" y alquilar un auto o tomarse un remise que los deje finalmente en Tucumán. Está la suertuda que sonríe porque consiguió sacar un pasaje para el otro día a las 7 y, aunque, va a despegar de Ezeiza sabe que pronto estará en su casa. Los demás siguen chapuceando en un mar de incertidumbre.
Ya son las 12 y el vuelo 1484 de Aerolíneas Argentinas se ha esfumado: Hace apenas una hora, una mujer se había acercado al mostrador de la puerta 1 del primer piso de Aeroparque y lanzó la bomba (palabra prohibida en los aeropuertos): "El vuelo 1484 ha sido suspendido por falta de tripulación. Rogamos a los señores pasajeros pasar a retirar sus valijas y luego al mostrador 54 de Aerolíneas Argentinas".
¡UUUUUOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO! Sonó igual que cuando un jugador patea su pelota por arriba del travesaño y la tribuna suelta lo que le sale en la cancha. Allí, en la punta de la sala de embarque, hubo un estallido seguido por la reacción inmediata de alzar los bártulos y correr al nuevo e incierto destino.
¿Qué significará que no hay tripulación? No habrá explicaciones para esa pregunta en los mostradores de Aerolíneas Argentinas. Mientras bajan a las apuradas -o al ritmo que imponen las escaleras mecánicas- a todos les queda claro que los pilotos y demás colaboradores en el cielo no quieren trasladar a los más de 160 pasajeros. Está claro que la empatía y la posibilidad de pensar en el otro no figura -al menos en esta oportunidad- en los protocolos de la empresa. El vuelo 1484 tenía previsto despegar a las 18.55 de ayer. Luego se postergó para las 23 y se comunicó con un frío e-mail. A las 21, las pantallas distribuidos en los pasillos titilaban "avisando" que finalmente saldría a las 23.45. Es posible que en ese interregno les hubieran informado a los pasajeros que la tripulación ya no podría volar o que algo impedía que lo hiciera y todos podrían haber reprogramado sus vidas.
Los fanáticos de "Los fundamentalistas del Aire Acondicionado" hubieran tenido la posibilidad de subirse a un ómnibus, por ejemplo. Cuando llegaron hasta los ojos vacíos de la empleada atrincherada tras el mostrador, ya no había pasajes en Retiro. El fin de semana largo también les jugaba una mala pasada. Uno se dio vuelta y gritó: "No nos quieren dar respuesta de nada. Y sólo nos proponen darnos un vuelo para el domingo o lunes". El estruendo ahora pareció como si Messi hubiera errado un penal. No faltó la mujer que empezó a despotricar contra Tucumán y el tucumano que le respondió con poca amabilidad. Después, conversaban sobre las distancias que había entre el Jardín de la República y las provincias vecinas. El proyecto era sacar un pasaje a Santiago, Salta o Catamarca y de allí tomarse un ómnibus. A como dé lugar, había que llegar antes de que empiecen a tocar "Los fundamentalistas"...
"No hay lugares", respondieron las impávidas interlocutoras de la empresa.
También asomaron los amigos que habían viajado por el día por cuestiones de salud que intentaban sacar un pasaje en JetSmart. Y también merodeaban los que viajaban todas las semanas y se ponían en las listas de espera de cuantos vuelos estaban previstos para el norte. Los bares atestados del primer piso eran testigos de los nuevos amigos que proyectaban subirse a un remise. La oferta era desmoralizante: casi 4 millones de pesos eran demasiado aun cuando consiguieran encontrar cuatro socios para esa empresa. "A río revuelto, ganancia de pescadores", advierte la sabiduría popular.
El cansancio y la frustración fueron haciendo de las suyas. Afuera la lluvia hacía su aporte justo a la escenografía. Adentro las paredes se convertían en el mejor respaldar para aguantar el sueño. Otros, decidieron cerrar los ojos con cierta ilusión. Se desparramaron en el piso y quizás soñaban con un vuelo salvador. La madrugada no prometía mejores augurios.
Fuente: La Gaceta
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