Elvira Orphée. Volver a leer lo que inquieta.
La publicación de Cuentos reunidos, de Fondo de Cultura Económica, recupera los tres libros de relatos de una de las voces más singulares y menos transitadas de la literatura argentina. Entre la provincia y la ciudad, lo cotidiano y lo fantástico, el deseo y la violencia, Elvira…

La publicación de Cuentos reunidos, de Fondo de Cultura Económica, recupera los tres libros de relatos de una de las voces más singulares y menos transitadas de la literatura argentina. Entre la provincia y la ciudad, lo cotidiano y lo fantástico, el deseo y la violencia, Elvira Orphée construyó una narrativa que tiene la capacidad de sorprender e incomodar al lector.
Elvira Orphée es una escritora que merece ser redescubierta y leída. Su nombre ocupa un lugar singular en la literatura argentina del siglo XX, aunque durante mucho tiempo su obra circuló de manera más restringida de lo que merecía. La aparición de Cuentos reunidos, publicado por Fondo de Cultura Económica, ofrece ahora una oportunidad para volver sobre una narrativa que nunca se acomodó demasiado bien a las clasificaciones.
El volumen reúne sus tres libros de cuentos: Su demonio preferido, publicado en 1973; Las viejas fantasiosas, de 1981; y Ciego del cielo, de 1991. Son casi veinte años de escritura que permiten reconocer una voz que se mueve con libertad entre diferentes registros y que encuentra en lo extraño una manera de mirar aquello que, a primera vista, parece cotidiano.
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Orphée escribe sobre familias, vecinos, mujeres, niños, animales, relaciones de poder, diferencias sociales y violencia. Pero sus cuentos rara vez se quedan en el territorio de lo reconocible. Algo comienza a desplazarse: una mirada, un cuerpo, una relación, una voz. Y entonces aquello que parecía realista adquiere otra dimensión.
Un buen lugar para comenzar es «La calle Mate de Luna», uno de los relatos de Su demonio preferido. La calle tucumana que le da título al cuento es mucho más que un escenario. Es un espacio desde el que se observa, se comenta y se juzga. La vida privada de los personajes parece pertenecer también a los demás, y el rumor termina convirtiéndose en una forma de conocimiento.
En ese mundo cerrado, donde todos parecen saber algo de todos, Orphée construye una narración en la que la provincia no aparece como paisaje pintoresco ni como simple oposición a Buenos Aires. Tucumán es un territorio vivo, atravesado por deseos, prejuicios, diferencias sociales y formas particulares de hablar y de mirar.
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La lengua ocupa allí un lugar central. Orphée no intenta borrar la procedencia de sus personajes para convertirlos en voces literariamente neutras. Por el contrario, deja que la provincia se escuche en el relato. Un estudio reciente de Soledad Martínez Zuccardi volvió sobre este cuento precisamente para analizar la relación entre provincia, lengua y punto de vista. Su lectura permite advertir cómo el rumor y la mirada de la comunidad terminan formando parte de la propia estructura narrativa.
Si en «La calle Mate de Luna» la inquietud nace de la mirada de los otros, en «Las viejas fantasiosas» surge de algo mucho más difícil de controlar: el propio cuerpo.
El cuento, incluido en el segundo libro de Orphée, coloca en el centro a mujeres mayores que escapan de las imágenes convencionales asociadas a la vejez femenina. No son personajes destinados a ocupar un lugar secundario ni figuras detenidas en el pasado. Hay en ellas deseo, transformación, imaginación y una relación con el mundo que desafía las categorías habituales.
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El cuerpo, en Orphée, tampoco es una frontera segura. Puede transformarse, aproximarse a lo animal, desbordar las normas y convertirse en territorio de lo fantástico.
No sorprende que «Las viejas fantasiosas» sea uno de los cuentos de Orphée que más atención crítica ha recibido. Silvia Jurovietzky lo ha estudiado desde la construcción del narrador y las relaciones entre género y literatura fantástica. Ludmila Barbero, por su parte, encontró en el relato una reescritura de la figura mitológica de Circe y analizó los cruces entre seres humanos y animales desde una perspectiva cercana al posthumanismo.
Pero quizá lo más interesante sea que el cuento resiste una única interpretación. Puede leerse como una historia sobre mujeres y deseo, como una reescritura de un mito, como un relato fantástico o como una exploración de esa zona incierta en la que las fronteras entre humano y animal comienzan a desdibujarse.
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En «Padre amantísimo, Padre purísimo, Padre admirable», incluido en Ciego del cielo, Orphée vuelve a entrar en un territorio inquietante: el del poder.
El título parece construir una figura ideal de autoridad. Padre amantísimo, purísimo, admirable. Pero detrás de esa acumulación de atributos aparece otra cosa: una autoridad que puede proteger, ordenar, controlar y también ejercer violencia.
El cuento fue analizado por Esther Andradi en relación con las formas de poder y la violencia política. Esa lectura permite ampliar el alcance del relato: la figura paterna no es solamente una cuestión familiar. Puede funcionar también como representación de una sociedad atravesada por relaciones de obediencia y dominación.
Tres cuentos, entonces, permiten entrar en tres zonas diferentes de la narrativa de Orphée: la comunidad que observa y juzga, el cuerpo que se transforma y la autoridad que ejerce su poder. Y, sin embargo, hay algo que los une. En los tres aparece una ruptura con el orden que parecía establecido.
Orphée no necesita ser presentada como una escritora «adelantada a su tiempo», una fórmula que muchas veces termina simplificando la obra de los escritores recuperados. Su literatura resulta interesante por otra razón: todavía nos hace preguntas.
¿Qué ocurre cuando una mujer se niega a ocupar el lugar que la sociedad le asignó? ¿Quién tiene derecho a mirar y quién queda sometido a esa mirada? ¿Dónde termina lo humano? ¿Qué sucede cuando una autoridad deja de proteger y empieza a dominar? ¿Cuánto hay de violencia detrás de aquello que una comunidad acepta como normal?
Cuentos reunidos permite comprobar que esas preguntas ya estaban presentes en la escritura de Orphée desde los años setenta, pero también que sus cuentos no quedaron encerrados en el tiempo en que fueron escritos.
Hay en ellos una extraña combinación de belleza e inquietud. Lo cotidiano puede volverse monstruoso; lo familiar, amenazante; el cuerpo, imprevisible; una calle, un escenario de vigilancia; un padre, una figura del poder.
Quizás por eso este volumen no sea solamente una recuperación editorial. Es también una invitación a revisar el mapa de la literatura argentina y volver a poner en circulación una voz que ocupó durante demasiado tiempo un lugar lateral. La reedición permite así volver a una escritora que nunca dejó de mirar allí donde algo se desacomoda. Y quizá esa sea la mejor razón para volver a leerla.
Elvira Orphée nació en Tucumán en 1930 y murió en Buenos Aires en 2018. Escritora y traductora, desarrolló una obra narrativa singular, difícil de encasillar, en la que conviven el realismo, lo fantástico, la exploración de los vínculos familiares, el deseo, la violencia y las tensiones sociales. Publicó, entre otras obras, las novelas Dos veranos, Uno, Aire tan dulce y La última conquista de El Ángel. Su narrativa breve quedó reunida en Su demonio preferido, Las viejas fantasiosas y Ciego del cielo, ahora recuperados en Cuentos reunidos, de Fondo de Cultura Económica.
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Fuente: Diario El Chubut
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