Emilio Ferreyra y Ringo, la dupla que transformó el paseo en una "Manada que Cuida" en Jáchal, con enfoque ambiental
Lo que comenzó con un perro rescatado y algunas latas recogidas en el camino hoy reúne a decenas de vecinos comprometidos con su entorno.

Lo que comenzó con un perro rescatado y algunas latas recogidas en el camino hoy reúne a decenas de vecinos comprometidos con su entorno.
En cada rincón de San Juan hay una infinidad de historias, sueños, aspiraciones, proyectos que buscan el desarrollo y crecimiento de cada comunidad. Muchas de las acciones se realizan en silencio, en soledad y casi sin publicidad; hasta que trascienden y se comparten con un solo objetivo: lograr un efecto contagio. Así podría definirse la historia detrás de"Manada que Cuida", una iniciativa de Emilio Ferreyra y su perro Bingo que cada vez suma más adeptos dentro y fuera de los límites de Jáchal.
Todo inició durante el año pasado, cuando Emilio paseaba con Ringo y entre los paisajes maravillosos que ofrece el departamento del norte se topaban una y otra vez con la misma postal. Residuos de distinto tipo buscaban mimetizarse con la naturaleza, sin lograrlo. Buscando la manera de revertir esa situación, lo que comenzó como una acción individual terminó convirtiéndose en un grupo que actualmente está integrado por más de 30 personas.
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La historia comienza en 2021. Tras haber estado más de dos décadas viviendo, estudiando y trabajando en Córdoba, Emilio regresó a San Juan y se instaló en Jáchal, cautivado por la belleza del departamento y la tranquilidad de su comunidad.
Las caminatas, las salidas en bicicleta y la fotografía se transformaron en parte de su rutina. Sin embargo, había algo que llamaba su atención. "En las fotos aparecía la basura. Recién cuando veía las imágenes me daba cuenta de cuánto residuo había en lugares hermosos", comenta en diálogo con DIARIO DE CUYO.
Durante un tiempo se limitó a recoger algunos desperdicios en sus recorridos. Latas, botellas o envoltorios que terminaban acumulándose en una caja en el fondo de su casa antes de ser descartados correctamente. Era una acción silenciosa, casi automática, hasta que Ringo apareció en su vida.
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Sobre su amigo perruno, Emilio recuerda que había sido abandonado y no dudó ni un instante en adoptarlo y convertirlo en su compañero de vida. Así, cada recorrido ya no lo hacía solo con su cámara, sino también con Ringo; y con una inquietud que comenzó a tomar mayor fuerza en su interior, al tratar de ver cómo ampliar el accionar ecológico.
Así nació Manada que Cuida. Un nombre que resume tanto el origen de la iniciativa como su propósito. La primera "manada" estaba integrada únicamente por Emilio y Ringo. La meta era que creciera. Y creció.
"Hoy compartimos esta idea que surgió en nuestros paseos. Somos una muy pequeña Manada Que Cuida pero con toda la confianza en que pronto vamos a ser muchos más", compartió Emilio en Instagram en julio del año pasado, lanzando de manera formal el proyecto que no demoró en interesados en hacer la diferencia.
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Vecinos, familias, jóvenes y adultos mayores comenzaron a acercarse para participar de las jornadas de limpieza. Incluso hubo madres interesadas en enseñar a sus hijos la importancia del cuidado de los espacios comunes., y asociaciones civiles que se interesaron en la propuesta para sumar a sus actividades.
Para Emilio el proyecto trasciende el aspecto ambiental, ya que entiende el espacio público como el hogar de todos. "Tenemos nuestro hogar privado, pero existe otro hogar que compartimos entre todos. Si cuidamos uno, deberíamos cuidar el otro también", sostiene. Esa filosofía es la que impulsa cada encuentro. No se trata únicamente de juntar residuos, sino de fortalecer el sentido de pertenencia, promover hábitos más responsables y recuperar la relación con el entorno.
La iniciativa comenzó a generar conexiones fuera de Jáchal. Personas de otras ciudades se comunicaron para contar experiencias similares o para replicar la propuesta en sus propios lugares.
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Lejos de pensar en una meta definitiva, Ferreyra imagina un proyecto capaz de multiplicarse. Sueña con sumar escuelas, clubes deportivos e instituciones que ayuden a expandir el mensaje y generar cambios duraderos, porque detrás de cada bolsa de residuos recolectada hay una convicción más profunda: que el bienestar colectivo también se construye desde los pequeños actos.
Sin duda Emilio y Ringo son ejemplo de que el cambio puede comenzar con acciones simples, sin tantas inversiones. Solo basta con tener ganas de hacer la diferencia.
Fuente: Diario de Cuyo
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