Empezaron con un termómetro y hoy llevan 30 años midiendo el tiempo en una escuela rural
La Escuela 527 "San José de Calasanz", de Rincón de Sarandí, convirtió una experiencia iniciada con instrumentos caseros en una estación que brinda datos del tiempo a vecinos de Esquina y localidades de la región.

En medio del campo, en Rincón de Sarandí, departamento de Esquina, una experiencia que comenzó como un proyecto escolar terminó convirtiéndose en una referencia para quienes necesitan conocer las condiciones del tiempo. En 1996, la Escuela 527 "San José de Calasanz" empezó a realizar mediciones con instrumentos improvisados y, tres décadas después, continúa brindando información meteorológica a toda la región.
Todo comenzó con un termómetro colocado en la escuela. "Buscamos un termómetro y tomamos la temperatura todos los días y después fuimos agregando un higrómetro, un barómetro, un anemómetro y montamos una pequeña estación meteorológica", contó a El Litoral el docente Sergio Bordón.
Con el paso del tiempo, el proyecto fue incorporando equipamiento adquirido mediante donaciones y también instrumentos fabricados por los propios integrantes de la escuela. "El barómetro, el anemómetro, los fabricamos nosotros. Así comenzamos", explicó Bordón al recordar los primeros pasos de la iniciativa.
El objetivo inicial era que los chicos pudieran adquirir y comprender nociones básicas de meteorología. Pero el conocimiento rápidamente salió de las aulas: los estudiantes comenzaron a compartir lo aprendido con sus familias y se transformaron en "agentes multiplicadores" dentro de la comunidad.
Así, las mediciones dejaron de ser solamente una actividad escolar. Con los años, vecinos de la zona comenzaron a consultar cómo estaba la presión, qué condiciones se esperaban para una determinada jornada o si era conveniente realizar una actividad al aire libre. "La gente por ahí pregunta cómo está la presión o si van a realizar algún evento cuáles son las condiciones del tiempo", relató el docente.
Uno de los puntos que Bordón destaca es que los datos son obtenidos en el propio lugar. "La información que obtenemos es local, forma situada, es del lugar. Entonces por ahí la gente confía mucho en lo que hacemos porque son datos que se obtienen en el mismo lugar", señaló.
Las mediciones también permitieron a los estudiantes observar cambios en los fenómenos meteorológicos a lo largo de los años. Entre los registros que recuerdan aparecen los períodos asociados al fenómeno de El Niño, tormentas fuertes, episodios de granizo y una disminución de las heladas.
"Antes, por ejemplo, helaba en marzo ya hace 20 y pico de años, y ahora comienza a helar por mayo, junio y son muy pocas, cada vez menos heladas", explicó Bordón a este medio.
El proyecto mantiene además una fuerte conexión con el cuidado del ambiente. Los alumnos no solo aprenden a tomar mediciones, sino que incorporan conocimientos sobre los fenómenos naturales y la importancia de preservar el entorno. "Además de hacer las mediciones, también van tomando conciencia sobre el cuidado y preservación del medio ambiente", sostuvo.
La experiencia tiene una particularidad que la escuela considera fundamental: la teoría se transforma en práctica. Los estudiantes aprenden los conceptos durante el año y luego los aplican en las mediciones cotidianas, conocimientos que incluso pueden resultarles útiles cuando continúan sus estudios o comienzan distintas actividades laborales.
La información también es utilizada por vecinos de zonas rurales y de las islas para organizar sus jornadas. La velocidad y dirección del viento, por ejemplo, pueden ser determinantes para quienes deben decidir si salir al río con sus embarcaciones. También consultan los datos para saber si existen condiciones que puedan anticipar tormentas o lluvias abundantes.
En ese sentido, la presión atmosférica se convirtió en uno de los parámetros que la comunidad aprendió a observar. Según explicó Bordón, cuando los registros son extremadamente bajos, alrededor de 995 o 992, puede existir la posibilidad de tormentas, lluvias abundantes o granizo. Ese conocimiento permite tomar medidas preventivas ante fenómenos que pueden afectar las actividades cotidianas.
Durante estos 30 años, la estación también fue cambiando. De los primeros instrumentos artesanales pasó a contar actualmente con dos pequeñas estaciones meteorológicas digitales y una analógica. La escuela, además, tiene guardado un nuevo equipamiento para montar una estación más completa, con la intención de sumar nuevos datos sin dejar de utilizar los instrumentos que ya funcionan.
La iniciativa trascendió las fronteras de la escuela y hoy tiene llegada a través de redes sociales y de medios de Esquina, Sauce y Libertador, además del trabajo articulado con otros actores vinculados a la producción y la meteorología. "La gente le es útil, les sirve. Y bueno, nos alientan día a día para seguir haciendo esto", resumió Bordón.
A tres décadas de aquel primer termómetro colocado en la escuela, la institución se ganó un particular reconocimiento en la zona. "La gente se la conoce como la escuelita de los datos del tiempo", contó Bordón. Y así, aquel proyecto que comenzó entre bancos escolares se convirtió en una marca de la Escuela 527 y en un servicio que, 30 años después, sigue mirando al cielo para ayudar a la comunidad a anticiparse al tiempo.
Fuente: Diario El Litoral
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