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En la UNT jujeña crea bioplástico con base en batatas descartadas

La estudiante de ingeniería química investiga esa y otras aplicaciones. Lo presentará en congresos.

Por LILIANA ALFARO5 min de lectura
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En la UNT jujeña crea bioplástico con base en batatas descartadas
En la UNT jujeña crea bioplástico con base en batatas descartadas · Foto: El Tribuno de Jujuy

Lelia Almará Gussoni, una joven jujeña de 25 años y estudiante avanzada de Ingeniería Química de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT), trabaja en el desarrollo de un bioplástico biodegradable elaborado a partir de batatas descartadas. La investigación busca transformar un residuo agroindustrial de la batata, en un producto con potencial aplicación en el sector agrícola y busca otras aplicaciones.

El trabajo se desarrolla en el Laboratorio de Alimentos del Departamento de Ingeniería de Procesos y Gestión Industrial de la Facultad de Ciencias Exactas y Tecnología de la UNT, dentro del proyecto Piunt "Desarrollo de productos agroindustriales con alto valor agregado en la región del NOA". Almará Gussoni participa como becaria de la Beca Estudiantil de Investigación (BEI).

"En la Universidad Nacional de Tucumán he estado desarrollando un proyecto que transforma batatas descartadas en bioplástico biodegradable, para posible uso de acolchado agrícola", explicó. La iniciativa forma parte de una investigación más amplia orientada a desarrollar productos y procesos a partir de cultivos regionales, con el objetivo de promover la innovación y el agregado de valor.

La estudiante trabaja junto a las doctoras Carolina Saracho y Paula Araujo, el doctor Nicolás Nieva y la ingeniera Gabriela Mistretta. Explicó que el proyecto general mantiene un vínculo con pequeños productores agrícolas tucumanos que cultivan batata y a partir de esa articulación, se desarrollaron distintas alternativas para agregar valor a la producción.

Entre ellas se encuentra la elaboración de dulce y de polvo de batata apto para personas celíacas, sin embargo, quedaba pendiente resolver qué hacer con aquellas raíces que no podían ser comercializadas como producto fresco. "Lo último que le quedaba era ver qué pasaba con este residuo, porque el mercado de la batata, como raíz fresca, es muy acotado", explicó.

Las batatas que no encuentran un destino comercial pueden permanecer almacenadas durante un tiempo y comenzar a deteriorarse y al perder sus condiciones para la venta, terminan siendo descartadas. Por ello buscaron cómo transformar ese desperdicio económico en una oportunidad productiva, evitando además que se convierta en un problema ambiental. "Nos surgió la duda de qué hacer para que deje de ser un desperdicio económico para estos pequeños productores agrícolas y que tampoco signifique un problema ambiental", relató.

La respuesta comenzó a tomar forma a partir del aprovechamiento del almidón presente en la batata y el equipo inició diferentes ensayos hasta lograr obtener un biopolímero con características que consideran prometedoras. "Comenzamos a investigar y llegamos a la conclusión de hacer un bioplástico, un biopolímero. Y ahí empezamos toda la investigación hasta que lo conseguimos", contó.

Los primeros ensayos no permitieron obtener de inmediato el material buscado pero luego de diferentes pruebas, el equipo desarrolló una primera formulación que ahora están optimizando y caracterizando para evaluar sus posibles usos.

Es que en Tucumán existe una importante producción de frutilla y estos cultivos se cubren con mulching, una cobertura plástica que se coloca sobre el suelo. El objetivo de la investigación es analizar si el nuevo material podría reemplazar parcial o totalmente ese plástico convencional, y la propuesta apunta a desarrollar un material biodegradable que luego de cumplir su función, pueda desecharse y comenzar a degradarse.

"En el caso del cultivo de frutilla se plantea que dure la temporada y al retirarlo, se deseche para que se empiece a degradar y pase a ser parte de la tierra", explicó. El bioplástico todavía está en etapa de desarrollo, los primeros resultados fueron alentadores y el equipo realizó una caracterización mecánica para conocer su comportamiento y resistencia.

"Se obtuvo que el material tenía una resistencia considerable para ser exclusivamente natural", afirmó la jujeña. Además el material mostró una importante capacidad de elongación y la posibilidad de recuperar buena parte de su forma original luego de ser sometido a una fuerza, por lo que explicó que estas propiedades abren la posibilidad de analizar aplicaciones diferentes a la agrícola.

Entre las alternativas que evalúan aparece la marroquinería, con la posibilidad de desarrollar un material similar a un biocuero, para lo cual la formulación debería adaptarse para obtener una mayor durabilidad para el uso prolongado, con lo cual se necesitaría una mayor resistencia y vida útil. La diferencia es que para un acolchado agrícola, el material debería conservar sus propiedades durante el período que dura la temporada de cultivo y luego se descartaría porque se degradaría.

Para crearlo el proceso comienza con las batatas ya sin valor comercial, de las que se recupera el almidón, que luego se combina con otros componentes de la matriz polimérica con el propósito de mejorar propiedades como la flexibilidad y la resistencia. "Luego esto se lleva a un proceso de secado, para que llegue a formarse ese film y ahí es cuando obtenemos el material", explicó.

Viabilidad del estudio

​​​​​​​Actualmente, el equipo cuenta con muestras que fueron caracterizadas y trabaja en nuevas formulaciones para adaptar el bioplástico a diferentes aplicaciones. La investigación busca determinar qué características debe tener el material de acuerdo con el uso que se pretenda darle. La posibilidad de llevar el desarrollo a una escala productiva también forma parte de los próximos desafíos. Desde el punto de vista técnico, la propuesta resulta viable según los resultados obtenidos hasta ahora, aunque todavía resta realizar un análisis económico que permita determinar costos, inversiones y posibilidades de producción a gran escala.

La investigadora considera que existe potencial porque los componentes utilizados no presentan, en principio, costos elevados, aunque reconoce que cualquier proceso de escalado requiere inversiones y un estudio económico específico.

Mientras avanza con estas etapas, Almará Gussoni se prepara para presentar el trabajo en dos encuentros científicos durante este mes. Primero participará de un congreso de materiales en La Plata y posteriormente viajará a Brasil para participar de un encuentro destinado a jóvenes investigadores.

Para la estudiante jujeña, que realizó sus estudios secundarios en el Colegio del Salvador antes de trasladarse a Tucumán, la experiencia representa también una oportunidad para vincular la formación universitaria con problemáticas concretas del sector productivo regional. Su investigación parte de un residuo que hasta ahora tenía poco o ningún valor comercial y busca convertirlo en un material con nuevas posibilidades. El desafío será continuar mejorando sus propiedades, encontrar aplicaciones adecuadas y determinar si el desarrollo puede trascender el laboratorio para convertirse en una alternativa productiva y ambientalmente sustentable para el aprovechamiento de la batata.

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Fuente: El Tribuno de Jujuy

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