En tiempos de outsiders, el que los busque en San Juan no encontrará demasiado
De moda en buena parte de la política global, más aún con el batacazo de Bolsonaro, los dos motivos por los que la vía parece obturada en la provincia. Un caso emblemático y la falta de nombres de peso.

Para llenar todos los casilleros de un buen outsider habría que: venir de afuera (acepción literal), no disponer de trayectoria política, tampoco vínculos relacionados con el poder, cambiar la agenda de discursos y formas, romper el protocolo de procedencia y hacerlo desde el deporte, los negocios, la TV, o las redes.
Si siguiéramos ese manual, podrá afirmarse que Javier Milei es un producto nítido al 100 por ciento. No así Bolsonaro: el brasileño se diluye con su paso por viejas estructuras de neta raigambre política. Hay bolsonaros y bolsonaros. Jair, el papá y ex presidente, viene de décadas en el Parlamento, mal podría ser llamado outsider, más allá de ocupar algún casillero por su no pertenencia a estructuras políticas clásicas. Flavio, su hijo y nuevo fenómeno en Brasil, saca un poco más de pecho, en procedencia y modalidades.
En el último grito de una tendencia global que se hace sentir -especialmente en América y no tanto en Europa o Asia- el colombiano Abelardo de la Espriella llegó desde un puesto empresarial vinculado a las bebidas espirituosas, desde donde viró a la alta exposición cantando O sole mío.
El mismísimo Donald Trump podría reclamar pertenencia al tablero. Si bien acumula años de vuelo sobre las estructuras de poder clásico, cierto es también que le aterrizó al Partido Republicano desde la azotea. Tuvo que hacer su ingreso por medio de un partido tradicionalísimo, pero enseguida lo tiñó de su impronta personal. Alejado de las formas clásicas, de los fomalismos y lo circunspecto, designó funcionarios en su mayoría desvinculados de la política tradicional. Un scouting más apoyado en los estudios de TV, como el caso de Pete Hegseth, presentador de la Fox y designado en el estratégico Ministerio de Guerra -así bautizado- que en las filas tradicionales como Marco Rubio.
Ellos harán las cosas mejor que los políticos, recita el mandamiento uno de la tendencia. Subrayando el carácter ajeno de "lo político", aunque el portavoz se trate de una persona que ejerció dos veces la presidencia de un país, como Trump. O como habitualmente toma distancia de la misma manera en Argentina Mauricio Macri, entrelazado desde hace décadas en la maleza del poder más arraigado del país. Fundador de un partido político como el PRO, dos veces jefe de gobierno porteño y una presidente, frustrado en el intento de reelección y hombre de consulta permanente.
Al revés, Javier Milei sí describe los pasos elementales de un outsider. Llegó a la presidencia sin partido político y sin entrar en los relojes de nadie, con un neto discurso antipolítico. Y si bien su rol presidencial desmiente su pretendida condición de no ser político, su manual de estilo permanente le asigna cucardas en la definición de lo político como sustantivo. Ser político sería, para la acepción clásica, buscar acuerdos institucionales.
En San Juan hay una piedra basal que llegó con fuerza, y consiguió coronar: Jorge Escobar. Empresario automotor y presidente de San Martín, conjugó dos de las vertientes predilectas del buen outsider: los negocios y el deporte.
Aprovechó un gobierno provincial débil y su falta de arraigo nacional, como el bloquista del 1991. Y coronó de la mano de un menemismo arrasador, que ya conjugaba la acción disruptiva y que con el sanjuanino prologó lo que sería la primera gran oleada nacional de la especie. Palito en Tucumán, Lole en Santa Fé.
Aquella primera tanda lanzada desde el menemismo no fue suficiente para sacar al país de la malaria, y por eso la tendencia perdió fuerza. Hasta que ahora recobró impulso gracias, sobre todo, a los grandes éxitos de la clase política. Tradicional y engordada. Reloaded.
Desde ese desenganche, en San Juan fueron muy pocas las oportunidades de ver alguna perfomance de dirigentes caídos de arriba, como había sido el caso de Escobar. Ninguna para gobernador, si no se toma en tal condición a Roberto Basualdo, exitoso empresario sanjuanino pero siempre entreverado en los asuntos políticos, como cuando compitió para intendente en 1999 por dentro del PJ hasta la fundación de su propio partido, Producción y Trabajo. Hoy, en el gobierno.
Algunos ejemplos frustrados en la dimensión departamental, como el recordado caso del queridísimo conductor Marcelo Yacante en Chimbas. También en el bloquismo pero mucho más cerca, el también periodista Claudio Bonono compitió sin demasiado éxito en Rawson. O la boxeadora Leonela Yúdica, concejal dos veces, aún en la actualidad, que no se caracteriza demasiado por levantar la voz.
Lo más cercano hoy son dos legisladores del mileísmo. Primero Bruno Olivera, empresario del sector servicios, y luego Abel Chiconi, también empresario, vitivinícola en su caso. Los dos sin experiencia política previa, uno senador y otro diputado.
Lo más parecido, hoy, son algunos rasgos de Sergio Vallejos, empresario del sector textil-minero que compitió en la última elección sin grandes números en la urna, pero que ganó notoriedad por haber llegado hasta la Corte con el reclamo contra el intento de reelección de Uñac, finalmente con éxito para su planteo. Y sin ser ajeno a la política sino más bien lo contrario, algunos gestos de Marcelo Arancibia también ocupan algún renglón. Ex concejal por la UCR, hoy Arancibia se inscribe en grupos minoritarios pero hace campaña de impacto en redes, trajina Tribunales, luce rocker.
Hoy que la condición de outsider vuelve a pagar en el terreno global a caballo de las desprolijidades y la falta de resultados de la política clásica, en San Juan se verifican bastante pocos motivos para que se copie la tendencia en los niveles más altos.
Hay dos explicaciones posibles, separadas o combinadas. La primera es un tanto impiadosa para el diseño local, que llevaría a hacernos preguntas incómodas. Y es que, si las fuentes predilectas son los negocios, el deporte o los medios de comunicación (con referentes que pueden ocupar varios de esos casilleros juntos: Daniel Hadad, el primero y el último; Brito igual), quedan pocos hombres de negocio de potente peso específico en San Juan. Como antes pudieron haber sido Montes, Stornell, Pulenta. Cualquier ejercicio mental puede acreditarlo. Los hombres de negocios más relevantes para San Juan viven en Mendoza. Ni la minería, la actividad en boga hoy, aporta nada nuevo en el rubro.
Tampoco el deporte aporta nombres fulgurantes, ni los medios locales. Puede a alguien ocurrírsele el nombre de Darío Barassi, aislado y con la más mínima voluntad aparente de entrar a ese barro (más allá de su familia política). Pensar en el Pájaro o el Tole suena lejano. Aunque éste último alguna vez pronunció en voz alta sus ganas de focalizarse en Rawson.
El otro motivo es más estructural, y seguramente más relevante. Para lanzarse a la política desde la nada misma hace falta, además de una cuota de audacia importante, una textura de sostén en recursos y en puertas abiertas. Más aún, si lo que se pretende es desafiar a los oficialismos eventuales, como ocurrió con Escobar hace más de 35 años.
Eso implica el riesgo palmario de mandar a pérdida algunas condiciones, y no aparece en el radar ningún valiente con ganas de hacerlo. Los negocios, el deporte y la televisión mantienen demasiados vasos comunicantes con la esfera pública en San Juan como para que alguien decida despojarse. A no ser que hubiera intereses en común.
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Fuente: Tiempo de San Juan
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