Enseñar a través de las vivencias
Miguel Alfredo Tauszig dicta clases de geografía en la Comunidad Ñamandú, donde alumnos mbya guaraní aprenden con pedagogía Waldorf

Miguel Alfredo Tauszig (78) vive en Buenos Aires, pero por segundo año consecutivo visitó esta localidad por razones vocacionales. Es que comenzó a dictar clases de geografía a alumnos mbya guaraní en un colegio de la Comunidad Ñamandú, en el Valle de Cuña Pirú, que también adoptó la pedagogía Waldorf como forma de enseñanza, al igual que los secundarios de otras siete provincias que el profesor recorre.
Si bien es licenciado en matemáticas y tiene una maestría en aplicación de modelos matemáticos en la administración de empresas, tuvo que hacer cursos de pedagogía y estudiar la parte académica de la geografía para poder insertarse en la escolaridad normal.
Desde una cabaña de madera que contrasta con el verde de la vegetación y la tierra roja misionera, Tauszig contó que desde joven tuvo la posibilidad de viajar, de poder explorar distintos lugares del mundo, luego lo hizo con su pareja Mary y, más tarde, se sumaron sus hijos Andrés y Tomás. El primer destino fue Argentina, después los países limítrofes. Con el paso de los años, "nunca fuimos a veranear de vacaciones, siempre íbamos a explorar algún lugar. Primero como mochileros, acampando, y después ya de otras maneras. Esto nos llevó a tener un amor por el mundo. Y de alguna manera siento la necesidad de transmitir ese entusiasmo, ese interés por el mundo, a los demás".
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En un primer momento, brindaba conferencias para adultos sobre los lugares que exploraban y, cuando sus hijos comenzaron la primaria, daba charlas para los niños y sus familias. "Cuando la escuela donde estaba mi hijo abrió finalmente una secundaria, me dijeron que tenía que enseñar geografía por lo que hice cursos de pedagogía y estudié la parte académica de la materia. Después, otras escuelas Waldorf del país empezaron a incorporar secundarios y no tenían quien diera geografía, por lo que me empezaron a invitar. Voy bastante a Córdoba, a Neuquén, Río Negro, San Luis. El año pasado visité Misiones por primera vez y este año se repitió la convocatoria", comentó.
Confió que este es el segundo año que fueron a la comunidad mbya guaraní. "Es interesante porque fueron ellos quienes pidieron tener pedagogía Waldorf después que los visitaran unas voluntarias provenientes de Alemania. Estas jóvenes empezaron a contarles cuentos y a cantarle a los niños. Enseguida solicitaron que les armaran un jardín de infantes. Así lo hicieron con ayuda de una fundación germana que provee de fondos necesarios. Hace doce años pidieron que armaran una primaria. El año pasado comenzó la secundaria, pero no tenían los profesores necesarios. Los empezaron a buscar en otras escuelas Waldorf a ver quién podía venir por un par de semanas a dar distintas materias. Consiguieron que se diera biología, historia, y a mí me toca la parte de geografía. Vine el año pasado y este año estuve de vuelta, durante dos semanas", expresó.
El año pasado, con el octavo grado, las clases giraron en torno a África Oriental. "Hablamos mucho de los animales que es algo que fascina a niños y a adultos. También les proyectábamos imágenes y les mostramos fotos. Algunos animales pueden ser parecidos a los que hay acá y ellos de alguna manera ya los vieron en películas a través de sus teléfonos, entonces no hay que explicar que es un elefante o una jirafa. Se les cuenta detalles y después se añade cómo viven los pueblos originarios de África con toda esa fauna alrededor", manifestó, al tiempo que destacó la capacidad de observación y de análisis de estos alumnos al momento de emitir una opinión.
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Sostuvo que "venir a Misiones es maravilloso, por la geografía, pero también por la gente. Ruiz de Montoya, en particular, es un lugar donde nadie cierra las casas, aunque esto no suceda en todos los lugares de la provincia".
Citó a Horacio "Chango" Spasiuk que, como padre, asistía a la escuela donde Tauszig enseña en Buenos Aires y llegaba con el acordeón. "Al recrear a la provincia de Misiones decía: acá estaban los pueblos originarios y tocaba música guaraní. Pero después llegan los inmigrantes. Vinieron los italianos y tocaban esto; después los alemanes, después los ucranianos, y después todo eso se juntó y tocaba la música del litoral. Con tantas oleadas inmigratorias, para mí es maravilloso y es justamente lo que enriquece. Desde el punto de vista natural, desde el punto de vista de la inmigración y experimentar la cultura de los pueblos originarios -en este caso los mbya guaraní-, es fabuloso. Aprendo más de la comunidad local de lo que puedo estar transmitiendo, por más que ellos vengan a mí como el profesor", acotó.
Durante su estadía en Ruiz de Montoya brindó a la comunidad charlas a las que denominó tertulias porque, lejos de una clase formal y académica, fueron transmisiones de vivencias y preguntas del público. En esta ocasión se refirió a las zonas polares, habló de la Antártida y del Ártico, sus similitudes y las diferencias. La Antártida "es un continente más grande que Europa rodeado de agua, mientras que el Ártico es un mar congelado rodeado de continentes", aclaró.
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También habló sobre desiertos. Explicó que, técnicamente, la Antártida es un desierto, porque se considera tal a lugares donde hay menos de 200 o 300 milímetros de precipitación anual. Y en este territorio llega apenas a los 50 milímetros. Y lo poco que se precipita, se congela, no se evapora, por lo que a través de miles de años formó una capa de hielo que cubre todo el continente, que tiene en promedio de 2.500 metros de profundidad. Entonces, es un desierto, pero es la reserva de agua dulce más grande del mundo. "Parece una contradicción, pero es así", remarcó.
Contó, además, sobre las algas existentes alrededor de la costa de la Antártida, que flotan sobre el agua y hacen fotosíntesis, produciendo más oxígeno que todos los bosques del mundo. "La primera vez que lo dijo un científico, me generó dudas, pero después volví, empecé a investigar, y es cierto. Hay tantas algas flotando en el mar, alrededor de la Antártida, que producen más oxígeno que todos los bosques y selvas del mundo. Eso tal vez explique por qué se firmó el Tratado Antártico Internacional que protege a la Antártida, que es un parque internacional solamente dedicado a la ciencia y a la paz. No puede haber armas y no se puede hacer explotación industrial, extractiva ni comercial. La gente puede ir a visitarla, pero no hay hoteles, se vive en un barco y se baja en botes para hacer visitas".


Confesó que primero iba a lugares que temía que los seres humanos "destruyamos". El interés era ecológico, medioambiental. Pero después, "empecé a conocer a seres humanos de distintas etnias, culturas, que viven en esos lugares del mundo, y las experiencias que recibí siempre fueron positivas. Lo que creció en mí es que todos tenemos claro que la diversidad biológica es una riqueza del planeta, pero no todos tenemos claro que la diversidad cultural es también una riqueza de la humanidad".
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Tauszig dijo que "tomé esto como misión hace ya varias décadas. A través de la educación con jóvenes y a través de charlas a adultos, trato de transmitir mi pasión por el mundo, pero también esta idea que veamos con ojos más objetivos. No es tirar por la borda nuestros valores, pero decir, bueno, estos son los nuestros, pero otros tienen otros. ¿Cómo nos enriquecemos mutuamente y permitimos complementarnos?".
Relató que en una época recibía a turistas del extranjero que querían conocer Sudamérica y la Antártida, por lo que "estuve bastantes veces" en el llamado continente blanco y "puedo contar desde la experiencia propia". También estuvo en al Ártico, tanto en verano como en invierno, para poder ver las auroras polares. En cierta parte del Ártico están los Inuit (esquimales) y en otra, los Samis (antes lapones) que residen en el Norte de Noruega, Suecia, Finlandia y el Noroeste de Rusia.
"Estaba allí con mi compañera y mi hijo menor e íbamos a experimentar al menos dos noches para ver cómo viven en carpas hechas con el cuero de sus renos, que tienen en alquiler. Nos tocó el día más frío del año con 29 grados bajo cero. Teníamos la botella de agua mineral dentro de la carpa y al amanecer la encontramos congelada. En una salamandra calentábamos agua para hacer té. Por curiosidad, llevé la taza de agua hirviendo afuera de la carpa, la tiré al aire y antes de caer al suelo estaban las gotas congeladas".
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Hace ocho años viajó a África junto a sus dos hijos y con tres de sus nietos -son cinco: Lucas, Marcos, Ana, Sofía e Isabela-. Por la noche desde las carpas escuchaban el rugido de los leones y los aullidos de las hienas. "Nosotros estábamos acostumbrados pero mi hijo mayor quería mostrar eso a sus hijos porque lo había disfrutado tanto de chico. Lo pudimos hacer entre todos y fue maravilloso compartir experiencias", subrayó quien hizo su carrera universitaria en Estados Unidos.
La exploración más reciente fue en el lugar menos conocido de Sudamérica: Las Guayanas. Admitió que "nunca supe nada sobre ellas y como profesor de geografía me daba vergüenza porque eran parte del continente. Fue fascinante conocerlas".
Contó que en lo que respecta a flora y fauna es parecido a las zonas amazónicas del atlántico y que existen pueblos originarios pero los poderes coloniales trajeron a muchos africanos esclavizados. "Algunos se escapaban y en medio de la selva formaban sus comunidades sin que los pudieran encontrar. Algunos vivieron dos siglos apartados de todo el resto en un continente diferente al suyo, experimentando y adaptándose a uno nuevo, con algún contacto con los pueblos originarios.
Después de esos dos siglos desarrollaron esta cultura especial afroamericana. Cuando la esclavitud se había abolido, los poderes coloniales empezaron a traer a trabajadores contratados de otras partes del mundo y así fue que llegó gente de la India, Indonesia. Actualmente es una mezcla. Se puede ver una mezquita, un templo indio, uno cristiano, una sinagoga, en medio de esos pueblos.La gente se integró y se observan mezclas de rasgos raciales fascinantes", narró.
El año pasado en Ruiz de Montoya compartió un manifiesto por la paz redactado junto a varias personas de la comunidad. "Tratamos que fuera lo más universal posible. No hablamos de Dios ni de lo espiritual, porque un ateo puede querer la paz. No hace falta ser un creyente para eso. Tratamos de mostrar que hay cada vez más guerras y que la mayoría de los seres humanos no queremos eso. Sin embargo, suceden. A veces uno baja los brazos al decir: no puedo cambiar lo que hacen los líderes del mundo, pero lo que puedo es no aportar a la violencia diaria. Damos ejemplos de cosas que se pueden lograr, como: hacerse el hábito de pedir disculpas, de pedir perdón, de perdonar, de agradecer. Eso es algo diferente. Hay cosas que uno puede hacer para poner más paz y más amor en el mundo de maneras concretas".
Fuente: Primera Edición
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